México es uno de los países que destaca por la infinita creatividad que emana de las manos milagrosas de sus artesanos. Los tejidos y los bordados compuestos por sus cosmovisiones, sueños, necesidades, rezos y miedos conforman las piezas más originales y coloridas que resultan irresistibles al deleite visual. En este conteo reunimos 10 muestras representativas de los distintos tipos de trabajos que nacen de manos mexicanas. El orden simplemente sirve para agruparlos pues cada estilo brilla por sí mismo

 

Mazahua

Para las niñas, uno de sus juegos preferidos es bordar, por lo que las mujeres asumen el bordado como parte de su vida; simbólicamente constituye el zurcido de su feminidad y su papel en la función familiar. Saber bordar incluso suele ser una prueba para su emancipación, por su gran importancia cultural. Su arte textil está basado en las emociones de quien lo crea, y posee simbolismos de esperanza, amor, muerte y hambre. Experiencias que constituyen una visión estética y sincera, se afirma que son los estados de ánimo los que controlan al sujeto que teje o porta la vestimenta. Tenancingo destaca por ser uno de los sitios reboceros más importantes del país, donde se crean obras de arte con hilos de algodón puro, tejidos en telar de pedal, y los más finos, hilados en telar de cintura. Destaca por sus diseños de aztecas, arco de Granada, arco de campana, arco blanco, labor doble, rebozo de bolita y rebozo reservista (deja un blanco en una franja para plasmar un texto o una figura). Y desde 1908, cuando se instaló el primer taller en la región, se creó el rebozo de aroma, único en su estilo, hecho de color negro, por conservar el olor del luto.

 

Tenek o huasteco

La indumentaria de los artesanos de San Luis Potosí ha evolucionado con el tiempo; sin embargo, se ha mantenido las técnicas en punto de cruz y los símbolos tradicionales en las prendas con el dhayemlaab, mapa cosmológico del pueblo. Los bordados forman el árbol de la vida, animales y cruces. Son tradicionales las piezas formadas por rectángulos de tela, cosidos para formar una capa cerrada con bordados de estambres de colores. En el municipio de Santa María del Río, fundado por indígenas chichimecas y otomíes, se ha desarrollado una cultura del tejido que desde 1764 los cronistas describieron como “las mujeres vestían hermosos paños de rebozo”.

 

Mazateco

Los bordados más extensos y notorios que nos invitan a soñar son los mazatecos. Ensueños de aves, flores, hojas, conejos, entre muchos otros elementos, destacan por una alegría y por su uniformidad. El arte textil mazateco tiene la característica de confeccionar las telas de fondo de algodón con dibujos bordados en negro, azul claro o rojo. El bordado consiste en “dibujar” con hilos y agujas sobre una tela, donde se intercalan entre la manta y las franjas de listón, de satín y de encaje.

 

Amuzgos

En el límite de Guerrero y Oaxaca se encuentra la población indígena amuzga, en Xochistlahua. Entre sus principales actividades se encuentra la producción textil, que es sustento económico de la comunidad. El proceso artesanal comienza con el cultivo de algodón, y le sigue con la fabricación del hilo para tejer, el montaje del telar y la creación de rebozos o huipiles. Las técnicas son aprendidas en familia, de generación en generación, para lograr los espectaculares brocados en forma de mariposas, figuras geométricas yuxtapuestas que simbolizan angostos caminos y flores de la milpa en honor a la tierra. El arte amuzgo forma parte de una importante expresión del patrimonio artesanal de México.

 

Huichol

Los wixáricas son de los artesanos más hábiles para plasmar su cosmogonía y sus visiones sagradas en textiles, cuadros de hilos y arte en chaquira. A diferencia de otros artes textiles, los de los huicholes han podido conservar la naturaleza de sus raíces en sus creaciones y plasmarlas a través de imágenes representativas como venados, aves, flores, geometría sagrada, maíz, peyote, agua, sol, fuego y otros elementos que forman parte de sus cultos ceremoniales.

La manta tejida se llama quechquémetl y la elaboran tanto hombres como mujeres para su vestimenta. Por lo general, representan el camino del venado, al que consideran una deidad del viento y el fuego, y trazan la ruta divina entre el hombre y su medicina sagrada, representada por pequeños peyotes, así como su sangre, que simboliza los sacrificios que llevan a cabo para agradecer a la tierra y a los dioses su providencia y para bendecir a agricultores, recolectores y cargadores.

 

Rarámuri-tarahumara

El arte textil de los rarámuris se distingue por su capacidad de transmutar su mundo a través de los bordados. La historia que narran se remonta al mito del principio de los tiempos —cuando el diablo tenía sobre su cuerpo todos los dibujos del universo—, así como al estilo de vida de su pueblo. Sus relatos entretejen la fascinante pasión del corazón de quien lo bordó. Entre sus elementos distintivos se pueden distinguir las espirales que forman las aguas circulando en los cerros, el caracol marino, la greca escalonada que nos remonta a la serpiente, el agua, la lluvia, el remolino, las plumas, el viento y la tierra, nuestro hogar.

 

Tzeltal

Las comunidades tzeltales, principalmente Aguacatenango, son unas de las más famosas por sus bordadoras. Destacan por sus estilos rococó en manta blanca: blusas, vestidos, camisones, manteles, cojines y pantalones. Tradicionalmente, sus obras nacían en la pureza del blanco, creando un efecto de nube de algodón y formas que representan el cosmos y su fertilidad, así como animales cósmicos como el alacrán, la serpiente, el sapo y las flores. Las mujeres bordan en telar de cintura y producen lienzos muy particulares. Cuando trabajan con colores, son grandes maestras de las combinaciones y disfrutan especialmente los tonos exuberantes, como el fucsia y el rojo. Sus mejores obras proceden, principalmente, de Tenejapa, Pantelhó, Palenque, Ocosingo y Bacha.

 

Tsotsil

El arte de los tsotsiles destaca por su extraordinario trabajo en telar de cintura y sus diseños tradicionales mayas sobre huipiles, caminos, camisas y servilletas. Destacan por su originalidad los abrigos de lana de San Juan Chamula y los hilos bordados de Zinacantán. La fusión de colores en botones, abanicos y flores son los mejores estandartes para distinguir las piezas creadas en esta región.

 

Chinanteco

Entre majestuosos colores, listones y encajes, florecen los textiles chinantecos, en lienzos tupidos de simbolismo, pues, para sus tejedoras, se trata de un espacio para plasmar la cosmovisión de su cultura. Las franjas bordadas en plumeado contienen los símbolos de la creación del mundo, de la vida y de la muerte. El arte chinanteco se elabora confeccionando gasa de algodón en telar de correas, con dibujos geométricos y espirales en punto corrido con algodón de colores, incluyendo el águila bicéfala que representa el origen de la creación. Los colores distintivos de sus diseños son el rojo, el escarlata, el blanco, el negro y el morado. Si una joya de estas llega a tus manos cuídala porque es muy especial.

 

Zapoteco

En la comunidad zapoteca de San Antonio Castillo Velasco surgió un bordado que pasó a la historia conocido como “hazme si puedes”, el cual destaca por los pliegues fruncidos en la prenda de algodón. Los pliegues forman flores de colores que hacen honor a la vegetación de la región. Otro tipo de arte textil zapoteco muy famoso es el del Istmo de Tehuantepec, donde las mujeres realizan sus bordados en terciopelo, por lo general con una base oscura. Destacan por sus enormes flores coloridas y por el borde de seda plisada en la orilla de la falda. De ahí nace el traje “tehuanas”, confeccionado con grandes flores hechas de hilo de seda y diseños de cadenilla con símbolos representativos de montañas, manantiales, estrellas y soles.

  


* Periodista por el Tecnológico de Monterrey, escritora y feminista por vocación.

 

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