¿Qué es lo primero que pasa por tu cabeza cuando escuchas la palabra “humilde”? Quizá hayas pensado en una persona pobre o con escasa educación; si es así, debo decirte que tu definición está muy alejada de la realidad. Pero no te sientas mal; desafortunadamente mucha gente usa, erróneamente, los términos “humildad” y “pobreza” como sinónimos. La buena noticia es que a continuación descubrirás cuáles son las características de las personas que se caracterizan por su humildad y tal vez te interese ser una de ellas.

 

 

Con mucha frecuencia escuchamos a la gente hablar de humildad como un sinónimo de pobreza. De acuerdo con esta concepción de que “los pobres son buenos y los ricos son malos”, tendríamos que mientras mayor sea la pobreza, mayor será la humildad, y mientras mayor sea la riqueza, mayor será soberbia, porque no hay nada por lo que un pobre pueda sentirse superior a otros y nada por lo que un rico pueda necesitar de los demás. ¡Nada más erróneo!

Muchas veces nos encontramos con personas en situación de pobreza que no son humildes, sino que, por el contrario, se muestran soberbias y prepotentes. Del mismo modo, existen personas ricas que son generosas, amables y están dispuestas a ayudar; en pocas palabras, se muestran humildes. Como puedes ver, una persona no es humilde por el hecho de ser pobre, y tampoco alguien que no es pobre es incapaz de ser humilde, ya que ni la pobreza ni la riqueza son condicionantes de la humildad. Así pues, uno de los grandes mitos sobre la humildad queda derribado.

¿Entonces qué es la humildad? La palabra humildad proviene del latín humilitas, que significa “pegado a la tierra”. Es una virtud moral, contraria a la soberbia, que nos permite reconocer nuestras debilidades, nuestras cualidades y nuestras capacidades, para aprovecharlas de la mejor manera posible en beneficio propio y de los demás. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define la humildad como una “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”.

Aunque se puede confundir humildad con debilidad, no son lo mismo, ya que la humildad es una fortaleza que se debe complementar con el temperamento y con el carácter, los cuales tampoco son sinónimos de orgullo, prepotencia o soberbia.

La humildad es una de las características personales más valoradas; sin embargo, en la vida real las personas humildes no precisamente predominan en nuestra sociedad.

Para que puedas conocer los rasgos que identifican a las personas humildes analiza las siguientes características:

  • Las personas humildes no tienen necesidad de presumir sus logros porque se sienten seguras consigo mismas, por lo que ser el centro de atención o buscar la aceptación de los demás no es una prioridad para ellos.
  • La autoestima de una persona humilde es fuerte, por lo cual ésta no necesita compararse ni competir con los demás para superarlos. Más que en el resultado final, experimenta placer al recorrer el camino que conduce al desarrollo de una actividad determinada. Así pues, ya sea que se trate de un artista reconocido, un deportista de élite o un personaje público, si es humilde simplemente reconocerá que su éxito es producto del esfuerzo y de una habilidad que se le da bien.
  • Los individuos que se caracterizan por su humildad se preocupan por las necesidades de los demás y por influir en su vida de manera positiva; de esta manera, disfrutan priorizando el bienestar de los otros antes que el bienestar personal. Los voluntarios que prestan sus servicios en instituciones benéficas, las personas que trabajan con discapacitados o con los más desfavorecidos muestran un grado de empatía mayor para ayudar a otros.
  • Las personas que practican la virtud de la humildad no son egoístas ni están celosas por los éxitos de los demás, ya que se hallan enfocadas en ser mejores versiones de sí mismas. Preocuparse por lo que hagan los demás no tiene sentido, pues no viven comparándose con ellos y confían en sus propias capacidades.
  • La humildad permite reconocer los propios errores, aceptando y respetando los puntos de vista y las opiniones de los demás.
  • La persona humilde establece relaciones sanas y positivas de igualdad con los demás, pues no se considera ni más ni menos que nadie, independientemente de su profesión o de su estatus socioeconómico.

Puesto que la humildad es una virtud esencial para vivir de manera armónica y sin conflictos es deseable cultivarla. Si te interesa establecer una mejor relación con los demás y sentirse bien contigo mismo, te sugerimos las siguientes recomendaciones para desarrollar la humildad:

  1. Admite cuando te equivocas e intenta reparar tu error de forma sincera. Un “lo siento” expresado con sinceridad es una buena forma de comenzar a hacerte responsable de las consecuencias de tus actos.
  2. Acepta que no siempre tienes la razón. En cualquier relación humana existen diferentes puntos de vista y aprender a ceder ante la opinión de los demás es parte de tu crecimiento personal.
  3. Toma como ejemplo a las personas humildes. Siempre podemos aprender de los demás, pero especialmente de ese tipo de personas. Piensa en los que te rodean, en lo que te hacen sentir esas personas, e intenta imitar las cualidades que admiras en ellas.
  4. Confía en los demás. En lugar de ir por la vida predicando el dicho “Piensa mal y acertarás”, ignora las primeras impresiones sobre las personas y piensa que las acciones de los otros tienen una buena intención; evita juzgar negativamente y da un voto de confianza.
  5. Escucha a la gente. Muéstrate dispuesto a escuchar a alguien en una conversación, aun cuando no tengas la oportunidad de hablar de tus propias ideas.
  6. Practica la generosidad. Compartir con los demás parte de tu tiempo o de tus bienes es una de las mejores formas de resaltar el valor de las personas por sobre las cosas materiales.
  7. Agradece. Muéstrate agradecido por las cosas buenas que te pasan en la vida, ya sean obtenidas por tu propio esfuerzo o gracias a los demás. Recuerda que tus talentos son dones, no tus propias habilidades, las cuales han sido desarrolladas con la ayuda de los otros.
  8. No te pases de humilde. Una cosa es procurar a los demás, y otra, abandonar tus necesidades para satisfacer las de otros. Busca un equilibrio, ordena tus prioridades y mantén metas para ti mismo.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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