¿Has oído que hay que desayunar como rey, comer como príncipe y cenar como mendigo? ¿O que no hay que beber muchos líquidos en la noche porque provoca reflujo? ¿Y que hay que tomar bebidas calientes cuando comemos porque las frías encapsulan la grasa? Descubre la verdad sobre algunas de las creencias más comunes de la alimentación.

 

En relación con la alimentación y la nutrición existen muchos mitos que pueden afectar nuestros hábitos alimenticios. En esta ocasión mencionaremos algunos sobre los tiempos de los alimentos, la importancia de estar bien hidratados y si la temperatura del agua influye de alguna manera en nuestro organismo.

El control del peso suele ser la razón fundamental detrás de muchas de estas creencias. Se ha dicho que es mejor comer varias veces al día en pequeñas cantidades que realizar sólo tres comidas para acelerar el metabolismo y no engordar. Sin embargo, el cuerpo procesa igual las calorías; es decir, el total de calorías influye en mantener un peso adecuado, sin importar tanto si hacemos tres comidas suficientes o si hacemos cinco más pequeñas. La ventaja de fraccionar los horarios de comida es que ayuda sobre todo a saciar el apetito y a evitar estar “picando” entre comidas, lo que influye para mantener de manera adecuada los niveles de glucosa y, por lo tanto, de insulina, indispensable para el control de la diabetes, y disminuir la resistencia a dicha insulina.

Posiblemente has escuchado la frase: “Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo”, la cual hace referencia a la idea de que el desayuno es la comida más importante del día, lo que es verdad, ya que por ser la primera comida del día rompe el ayuno de toda la noche. El cuerpo trabaja mientras dormimos y el metabolismo realiza funciones vitales: libera hormonas, regenera tejidos, utiliza nutrientes, fabrica enzimas. Estas actividades implican un gasto energético y esas calorías no se reponen durante la noche. Y aunque este ayuno es normal, no debe prolongarse, pues cuando una persona se salta el desayuno su cuerpo comienza a tener hambre y entra en estrés metabólico, lo que libera sustancias que harán que almacene grasa y obtenga la energía de la masa muscular.

Además de que el desayuno brinda energía, debe aportar los nutrientes necesarios para tener un mejor desempeño durante el día, mejorar el rendimiento intelectual y mantener un peso saludable, ya que disminuye el riesgo de comer en exceso en las siguientes comidas. Se recomienda que el desayuno cubra entre 25 y 30 por ciento de las calorías totales del día.

Las personas que no tienen el hábito de desayunar son más propensas a padecer diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, sobrepeso, obesidad, así como colesterol y triglicéridos altos.

Otro mito es que si se cena muy tarde, o justo antes de acostarse, las calorías no se queman y, por lo tanto, se sube de peso. Este es un problema cuando se tiene la costumbre de comer a altas horas de la noche. Y para quienes tienen problemas estomacales, como colitis, acidez o reflujo gastroesofágico, se recomienda cenar y dejar pasar por lo menos una a dos horas antes de irse a dormir para poder tener una buena digestión, no aumentar las molestias y no sentir pesadez, ni malestar a la hora de acostarse.

Durante las horas de sueño la capacidad metabólica disminuye, como parte del reloj biológico interno, o “ritmo circadiano”, que dicta cuándo debemos alimentarnos y cuándo tenemos que dormir. En el sistema nervioso central poseemos un conjunto de neuronas ubicado en el hipotálamo, cerca del nervio óptico, que manda a los órganos y a los tejidos la señal de luz u oscuridad. Al sincronizar los horarios de comida se sincroniza este ritmo circadiano y se promueve un metabolismo saludable; pero si este ritmo se altera —es decir, si se come a deshoras o habiendo alterado el sueño— puede causar diferentes problemas metabólicos, afectando el apetito, la digestión y el metabolismo de las grasas, el colesterol y la glucosa. En la noche el cuerpo tiene menor sensibilidad a la insulina, lo que puede generar picos de esta sustancia que a la larga influyen en que una persona suba de peso pues permite la entrada de grasa al tejido adiposo.

En conclusión, es importante tomar en cuenta el “ritmo circadiano”, ya que es mucho más recomendable que la mayor cantidad de calorías se consuma durante el día y dejar una pequeña cantidad de calorías para la noche. También hay que tener claro que los malos hábitos de alimentación, así como una dieta poco saludable, aumentan el riesgo de presentar problemas metabólicos, como la obesidad o la diabetes, entre otros.

 

Mitos y verdades sobre el agua (la hidratación)

Por hidratación se entiende la ingestión de líquidos con el fin de reemplazar aquellos líquidos naturales que el organismo gasta en diferentes actividades, como correr o sudar, y en las pérdidas que se producen a través de la respiración, las heces y la orina. Por lo tanto, un buen nivel de hidratación es indispensable para mantener los órganos principales en buen funcionamiento, ya que hasta 70 por ciento del cuerpo está compuesto por agua.

Muchas personas creen que tomar un vaso de agua caliente en ayunas, con o sin limón, con o sin bicarbonato, sirve para prevenir o curar ciertas enfermedades; la realidad es que NO, ni caliente ni fría, ya que el agua en ayunas, o en cualquier otro momento del día, cumple la misma función: hidratar al cuerpo.

La temperatura del agua no influye: si es caliente, fría o tibia, tiene los mismos resultados para nuestro organismo y no existen evidencias científicas que respalden que estos remedios caseros sean efectivos, aunque tampoco sean dañinos.

El agua NO aporta calorías, sin importar si se toma al principio, durante o al final de la comida, y NO aumenta el valor calórico de ningún alimento. En todo caso, beber agua justo antes de una comida puede engañar al estómago, pues ocupa espacio que provoca que la persona coma menos alimento.

Un adecuado consumo de agua puede ayudar a reducir la ingesta de calorías, facilitar la pérdida de peso, mantener un peso saludable, mejorar la digestión, favorecer el tránsito intestinal y reducir la retención de líquidos.

Con sólo perder 2 por ciento de agua en el organismo comienzan síntomas de deshidratación: cansancio, dolor de cabeza, menor rendimiento físico y pérdida de memoria a corto plazo.

Por todo lo anterior, ante cualquier duda sobre cómo alimentarse, qué productos consumir, qué bebidas tomar, cómo estar bien hidratado y llevar una alimentación adecuada, lo mejor es consultar a un profesional antes de seguir conductas que puedan perjudicarnos más que beneficiarnos, ya que la base de la salud está en tener buenos hábitos de alimentación que mejoren nuetro estilo de vida.


 

* Nutrióloga/Interbarter.

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