Aunque a la mayoría de la gente le gusta hacer una pausa en sus actividades cotidianas para entretenerse con algún tipo de juego, una actividad tan saludable como ésa puede convertirse en un problema cuando se cae en el exceso.

 

Howard Ratner (Adam Sandler) dirige una joyería en el distrito Diamond de Nueva York. Es padre de familia y esposo adúltero, chantajista y jugador empedernido, que intenta balancear su caótica vida esperando que un ópalo negro, una piedra de gran valor, solucione sus problemas económicos, incluyendo una deuda con su cuñado por más de 100,000 dólares. Además, con frecuencia empeña cosas que sus clientes y sus empleados le han dado en confianza para seguir apostando. Howard intenta cubrir su crisis financiera prestando dinero a otras personas e intentando ganar en el mundo de las apuestas para seguir alimentando su adicción al juego. Tomando una mala decisión tras otra, Howard pone en riesgo sus negocios, a su familia y su propia vida. Al final, ni todo su esfuerzo, ni el estrés sufrido, ni el tiempo invertido en sus apuestas lo salvan de un final inesperado.

La anterior es una reseña de la película Diamantes en bruto, que describe con claridad las características de un jugador compulsivo.

A todos nos gusta jugar, porque al hacerlo regresamos a nuestra infancia, cuando la vida consistía simplemente en comer, jugar y dormir. Sin embargo, una actividad tan saludable como el juego puede convertirse en un problema cuando se hace uso de ella indebidamente, como en el caso de Howard Ratner, en la película ya descrita. Y es que resulta muy diferente jugar para entretenerse que jugar para satisfacer impulsos obsesivos.

Todos hemos jugado a la lotería alguna vez; es emocionante tener la posibilidad de ganar una fortuna por pura suerte. El problema no es jugar a la lotería de vez en cuando, sino que este juego se convierta en una forma de vida, de manera que seamos incapaces de detenernos.

Generalmente, la persona que juega de manera compulsiva se siente atraída hacia los juegos de azar por el riesgo que implican: perder o ganar. Independientemente de los beneficios que pueda obtener, lo que seduce al jugador es el hecho de arriesgar. Al igual que las drogas o el alcohol, las apuestas se convierten en una adicción que orilla al jugador a apostar continuamente, a ocultar su comportamiento, a perder sus ahorros, a acumular deudas e, incluso, a robar para seguir manteniendo su adicción.

La adicción patológica a los juegos de azar y las apuestas es llamada ludopatía y consiste en un deseo irresistible de seguir apostando a pesar de los estragos que esto cause en la vida. Al apostar se está dispuesto a arriesgar algo que se valora con la esperanza de recibir algo que tiene un valor aún mayor. El gran peligro de esta adicción consiste en caer en un círculo vicioso en el que, si se gana, se apuesta lo ganado para obtener más, y si se pierde, se apuesta para recuperar lo perdido. Lo que se apuesta no es sólo dinero; la casa y los muebles también son objetos de canje para seguir jugando.

Los síntomas más comunes de este juego compulsivo o ludopatía son los siguientes:

  • Sentir necesidad de apostar sumas de dinero cada vez mayores para lograr experimentar la misma emoción.
  • Sentirte inquieto o irritable al intentar reducir las apuestas.
  • Intentar, sin éxito, controlar, reducir o detener las apuestas.
  • Estar preocupado por las apuestas y los medios para llevarlas a cabo; por ejemplo, planificar continuamente cómo ganar más dinero con ellas o pensar cómo conseguir más dinero para apostar.
  • Apostar para escapar de los problemas o para aliviar sentimientos de culpa, desesperanza, ansiedad o depresión.
  • Intentar recuperar el dinero perdido con más apuestas.
  • Mentir a los miembros de la familia o a otras personas para ocultar la dimensión de las apuestas.
  • Poner en peligro relaciones importantes, el trabajo u oportunidades académicas o laborales debido a las apuestas.
  • Pedir dinero a otras personas para aliviar la situación financiera provocada por el juego.

Cuando el juego es una adicción, también aparece el sentimiento de desesperación. En ese círculo vicioso, en el que apostar se convierte en una necesidad primaria, se pierde el control de la propia vida; la impotencia, la culpabilidad y la depresión pueden llevar a un desenlace trágico, como el asesinato o el suicidio.

 

¿Cómo tratar la ludopatía?
Al igual que sucede con el consumo de sustancias, superar una adicción al juego es una tarea difícil que requiere mucho trabajo y ayuda profesional, pues se trata de un trastorno adictivo y no de una simple incapacidad para controlar los impulsos. Cuando el adicto pierde su objeto más preciado, el juego, puede experimentar sensaciones parecidas al síntoma de abstinencia que padecen los adictos a las drogas cuando dejan de consumirlas.

En primer lugar, es importante que la familia, los amigos y los compañeros de trabajo muestren preocupación por la conducta de juego, pero también que intenten comprender el problema sin juzgar. ¿El adicto es consciente de los problemas que le genera el juego? ¿Quiere cambiar su situación personal? ¿Le gustaría dejar de jugar? A veces el jugador ni siquiera es capaz de identificar su relación con el juego como una adicción y, por lo tanto, será difícil ayudar a quien no reconoce tener un problema.

Si el adicto no reconoce el juego como un problema, quizá lo más difícil sea hacérselo ver. Se requiere habilidad para que el jugador logre relacionar los problemas familiares, el alejamiento de amistades, los conflictos laborales y la pérdida de salud como consecuencias de su adicción.

Cuando el jugador se da cuenta por sí mismo de que tiene un problema, puede empezar a realizar acciones para cambiar. Pero superar esta adicción es una tarea complicada que no está exenta de estrés y de ansiedad, por lo que el apoyo de la familia y los amigos es muy importante.

Es indispensable realizar actividades que sean incompatibles con el juego, como hacer ejercicio, leer o salir con amigos para que la persona llene los espacios de tiempo en los que solía jugar.

Finalmente, la psicoterapia puede ser necesaria en casos más severos. Existen varios enfoques que pueden ser muy útiles para trabajar la adicción a las apuestas. Por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual busca identificar las creencias irracionales y negativas que llevan a la persona a sumergirse en el círculo vicioso de las apuestas y las reemplaza por pensamientos positivos. La terapia conductual utiliza técnicas mediante las cuales expone al individuo gradualmente a la conducta que se desea eliminar y le enseña estrategias para disminuir la ansiedad que genera apostar.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

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