Isaac Torres Quiroz*

Con el Bicentenario, está de moda hablar de los personajes que son símbolos de nuestra identidad como mexicanos: héroes, políticos o artistas plásticos; sin embargo, la arquitectura ha quedado de lado, a pesar de que es parte primordial de nuestra identidad.

Las calles que transitamos cada día no son más que una sucesión de arquitectura, buena o mala, pero arquitectura al fin. Nuestras casas y nuestras oficinas también son arquitectura y parte de nuestra cotidianidad. Pero, como en todo, hay arquitectura que se queda y que trasciende en nuestra identidad como mexicanos, incluso con el reconocimiento mundial, ya que la Casa Mexicana tiene un estilo particular y reconocido en diferentes latitudes.

Las formas, los materiales, los colores y los espacios son muy específicos. Y aunque la arquitectura internacional ha ido permeando en nuestro país gracias a los medios de comunicación masiva, todavía se reconoce este estilo y tiene un lugar de honor en la arquitectura internacional.

Esta arquitectura no existiría sin la aportación del que, hasta hoy, es el arquitecto más importante de nuestro país: Luis Barragán, el único mexicano que ha ganado el premio Pritzker1 en 1980 y el Premio Nacional de las Artes en 1976, entre otros. Su obra ha sido motivo de exposiciones en diferentes países y ha ganado el reconocimiento de grandes arquitectos y críticos de este arte de la construcción.

Barragán nació en Guadalajara en 1902 y murió en la ciudad de México en 1988. Construyó algunas casas en su ciudad natal y en 1936 viajó a la capital de la República, donde llevó a cabo sus grandes obras maestras y las que le han hecho ganar la fama que tiene ahora.

Aunque su arquitectura tuvo un lenguaje contemporáneo, con influencias del movimiento internacional y algunos rasgos de la arquitectura árabe, su obra retoma la esencia de ese México de las haciendas, de los conventos y de los mercados. Por eso probablemente hasta el día de hoy muchos arquitectos, aunque lo nieguen, siguen copiando sus elementos.

Algunas de las obras más importantes de Barragán son la remodelación de la Capilla de las Capuchinas en Tlalpan, el diseño urbano del Pedregal de San Ángel, las Torres de Satélite —con Mathias Goeritz—, el Fraccionamiento de las Arboledas con sus fuentes, la Cuadra San Cristóbal y la Casa Egerstrom, la Casa Gilardi y el Faro de Comercio en Monterrey, entre otras.

Su obra se caracterizó por la generación de espacios hermosos protegidos por muros de colores y bañados mágicamente por la luz del sol. Cada proyecto y cada casa eran una experiencia diferente. Barragán no generaba espacios meramente funcionales sino experiencias en recorridos muy marcados, en los cuales el solo hecho de cambiar de una habitación a otra requería transiciones, cambios de experiencias vivenciales e incluso espacios de purificación.

Sin embargo, aunque la Casa Mexicana se reconoce por los muros, por los colores y por los volúmenes, la arquitectura de Barragán va más allá de los muros gruesos y de las fuentes, más allá de los techos altos y de los espacios color rosa mexicano tomados de los cuadros de Jesús Reyes.

La arquitectura de Barragán se basa en el hombre y en su cercanía con el Ser Supremo, en la generación de espacios casi sagrados en los que la luz guía un recorrido lleno de experiencias mágicas y el silencio se desborda hasta los jardines casi naturales pero, al mismo tiempo, matemáticamente diseñados por él.

“En mis jardines, en mis casas, siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes que cante el silencio” (fragmento del discurso de aceptación del premio Pritzker, en Dumbarton Oaks, Washington, 1980).

En resumen, Luis Barragán es un mexicano del que debemos sentirnos orgullosos y un personaje que no podemos dejar en el olvido en estos festejos patrios. Sin duda alguna, su arquitectura es parte primordial de la estructura que forma nuestro hermoso país, por lo que si usted viaja o reside en la ciudad de México, vale la pena visitar su casa, donde podrá ponerse en contacto con su obra (www.casaluisbarragan.org/).

 

* Arquitecto por la Universidad Iberoamericana.

El premio de arquitectura más importante a nivel mundial, llamado por muchos “Premio Nobel de Arquitectura”. Fue instituido por Jay A. Pritzker y se entrega cada año al arquitecto que, según el jurado, haya contribuido al enriquecimiento artístico de la humanidad con su obra.

 

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