Manuel Felguérez, escultor y pintor zacatecano nacido en 1928 y uno de los artistas plásticos más reconocidos de México, falleció el 8 de junio de 2020, pero su espíritu permanecerá siempre vivo en su obra.

 

 

En una mañana soleada, hace ocho años, tuve el privilegio de hacerle una entrevista al maestro Manuel Felguérez. Él y su esposa Mercedes nos recibieron en su casa de San Ángel, santuario de luz y armonía.

Manuel compartió generosamente su historia y su visión del arte. Nos permitió entrar a su mundo mágico, el de una vida dedicada a la creación, a la expresión estética y al arte. Entre pinceladas de recuerdos viajamos a través del tiempo para sumergirnos en el universo del maestro durante la entrevista que me concedió.

A partir de entonces, tuve la fortuna de sumarme a la amistad que Manuel y Meche tenían con Ángel desde hacía mucho tiempo. Eran una pareja admirable; ella lo procuraba en todo momento; se puede decir que le velaba el pensamiento. Él no la perdía de vista: la quería siempre a su lado. Al contar alguna anécdota, siempre recurría a ella cuando la memoria le hacía una mala jugada. Cada vez que Ángel y yo tuvimos la oportunidad de juntarnos con ellos para comer o para cenar, el tiempo se pasaba volando. Manuel era un gran narrador de historias. Cuando comenzaba a contar algo lo hacía como si fuera a pintar un cuadro. Empezaba su narración sin prisa, buscando las palabras precisas, como las pinceladas en sus lienzos, y así seguía… agregando color y matiz, luz y sombra. Nos tenía a todos cautivados con su manera de narrar y su forma de crear. 

En junio de 2016 nos invitaron a la inauguración de la muestra “Abstracciones. Nueva York, París, Cuenca, México” en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez de Zacatecas.

Es el primer museo de su tipo en México y América Latina, un sitio museográfico de gran calidad. La arquitectura original del edificio armoniza con los elementos y los materiales modernos y cada espacio resulta sorprendente. Contiene las obras de más de 170 artistas, junto con un acervo de más de 800 piezas, entre pintura, escultura, grabado y objetos personales, del maestro Felguérez.

Mientras recorríamos el edificio que había sido Seminario Conciliar y Tridentino de la Purísima, cuartel militar y cárcel de hombres y mujeres, no podía dejar de maravillarme por la diversidad y la gran cantidad de obras de Felguérez; toda una vida dedicada a la creación artística colgaba de sus paredes y engalanaba cada espacio. Su obra representa un mundo de colores estridentes y formas imposibles que establecen un diálogo íntimo y placentero entre el artista y el espectador.

El lunes 8 de junio de 2020 Manuel Felguérez falleció a los 91 años. Murió en su casa de San Ángel, en el mismo lugar donde, hace unos años, tuve el honor de conocerlos a él y a su adorada Meche. Manuel Felguérez dejó este mundo, pero su espíritu permanecerá siempre vivo a través del maravilloso legado que nos dejó en su obra.

A continuación, reproducimos un fragmento de aquella entrevista:

 

¿Cómo te iniciaste en el mundo de la pintura?

En 1947 realicé un viaje a Europa con los scouts y tuve la oportunidad de visitar los museos más importantes. Cursé la preparatoria en la Ciudad de México, pensando que iba a ser médico, pero cuando vi las obras más bellas de la humanidad, como la Capilla Sixtina en el Museo del Vaticano, la Gioconda en el Louvre, el arte egipcio en el Museo Británico, me dije que lo único verdaderamente importante para mí era el arte. Ésa fue mi primera conversión. Al volver a México le anuncié a mi madre que quería ser pintor. Pero comencé a trabajar como escultor por dos razones. La primera, porque me encantaban los animales y la caza. Tuve un zoológico, aprendí taxidermia para disecar a los que se morían y armar los huesos me sirvió como entrenamiento en mis inicios en la escultura. Después ingresé a la Academia de San Carlos, donde estudié sólo dos meses porque me aburrí de la rigidez de los maestros. Así que empecé a buscar la manera de ganar dinero para volver a Europa.

En 1949 aproveché otro viaje de scouts y acabé en París, en el taller del escultor Ossip Zadkine, un ruso que fue uno de los escultores más importantes del cubismo. Estuve trabajando con él más de un año, pero tuve que regresar a México por motivos familiares. Una vez aquí, me fui a Puerto Escondido, donde empecé a realizar escultura en terracota. Cuando terminé de elaborar mis piezas regresé a la Ciudad de México, donde logré vender toda mi obra en el Instituto Francés de América Latina. Obtuve muy buena crítica; entonces me concedieron una beca y regresé a París a trabajar con Zadkine.

Mi segunda conversión fue hacia la abstracción y ocurrió mientras observaba una pieza de Jean Arp en el Museo Rodin. Regresé a México en 1956. Tuve mi primera exposición de escultura abstracta en la galería de Antonio Souza, al lado de artistas como Leonora Carrington, Juan Soriano, Rufino Tamayo y Gunther Gerzso, la nueva élite de pintores de México. Me aceptaron y desde el principio reconocieron mi labor como escultor. Pero la pintura siempre me llamó la atención, así que a partir de 1957 empecé a hacer las dos cosas. Y las sigo haciendo.

 

¿Cómo eliges los colores?

El arte es combinatorio. Partes de tres colores básicos, más el blanco y el negro, pero cada pintor vuelve a inventar el color. Cada artista tiene su personalidad en el color. Para hacer arte tienes que crearlo todo, hasta tu propio color, con base en la pura emoción, en la pura sensibilidad. La estética persigue que la obra provoque placer en quien la mira.

 

¿Qué se necesita para ser un buen pintor?

Ver pinturas. Necesitas tener una cultura pictórica, descubrir en carne propia las obras. Para eso hay que viajar mucho.

 

¿Cómo sabes cuando un cuadro ya está terminado?

Elaborar un cuadro implica una toma de decisiones constante; cada vez que pones un color, previamente fue necesario tomar una decisión sobre tal color. ¡Luego es más lo que acabas quitando que lo que pones! Es como la ciencia: prueba y error. Cuando ya no puedes poner ni quitar nada, entonces se puede decir que el cuadro está terminado. Yo podría quedarme toda la vida con un mismo cuadro. Es como resolver una ecuación de quinto grado. Meche, que conoce muy bien mi obra, es la que me dice: “¡Ya está!”

 

¿Tienes cuadros que te gusten tanto que no los quieras vender?

No, pero sí me ha ocurrido que diga: “Este cuadro hay que destruirlo”. Sólo dejo correr aquello de lo que estoy convencido.

 

¿Aún das clases de escultura y pintura?

Soy maestro jubilado; impartí clases durante casi 30 años. Siempre aprende más el maestro enseñando que el alumno escuchando. Es una manera de mantenerte vivo. Me gustó tanto hacerlo que acabé dejándolo. No me quedaba tiempo suficiente para crear y producir.

 

¿Hay nuevos artistas en México?

Cada vez hay más gente que pinta. Yo digo que levantas una piedra y en lugar de que te salte un chapulín, te salta un pintor, porque la expresión artística es una necesidad del ser humano. Sin embargo, son muchos los que pretenden ser artistas, pero muy pocos los que llegan a serlo.

 

¿Cómo definirías el arte?

Definir qué es el arte es como tratar de definir qué es el amor: todo el mundo lo sabe, pero nadie lo puede explicar. La pintura es un oficio que se aprende, pero hacer arte es muy diferente. La pintura es un diálogo entre la sociedad y el pintor. Los verdaderos artistas prevalecen. Mi pretensión no es pintar, sino hacer arte. Y para hacerlo se necesita una vocación.

 

¿Qué recomendaciones le darías a un joven pintor?

Siempre doy las mismas. Una es que no vivan de lo que pinten, porque la libertad que tienes para crear se acaba cuando empiezas a repetir lo que has vendido para seguir vendiendo. Yo siempre trabajé para poder pintar; sólo he pintado en mis ratos de ocio. La otra es que vean el arte en persona, para lo cual hay que viajar. Ver la obra en vivo garantiza el gran aprendizaje.

 

¿Cuál es tu sentimiento cuando creas una obra?

Siempre es muy angustioso pintar porque es muy difícil materializar el espíritu. Implica trabajo, esfuerzo y tiene periodos muy angustiantes en los que te enfrentas a la imposibilidad de sobrepasar los límites.

 

¿En qué te inspiras para pintar un cuadro?

El arte es vida. No es sólo un momento de inspiración, sino la vida misma embarrada en la tela. Es un diario muy preciso de mi propia vida.

 

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