Además de ser urbes que concentran grandes poblaciones urbanas y destinos atractivos para millones de turistas cada año, Londres, Nueva York, París y Tokio tienen en común que se han convertido en ciudades inteligentes. ¿Sabes por qué?

 

No se trata de escenarios salidos de un cuento de ciencia ficción, sino de metrópolis que se han transformado mediante la adopción de la tecnología en beneficio de sus habitantes.

Desde hace algunos años, el concepto de “ciudad inteligente” (o smart city) se ha popularizado alrededor del mundo por una idea de transformar las zonas urbanizadas en espacios sustentables y con una mejor calidad de vida.

Más allá de pensar en metrópolis futuristas, con autos voladores y robots andando por las calles, las ciudades inteligentes son urbes hiperconectadas y amigables con el medio ambiente. El concepto nació con el inicio del nuevo siglo, en una respuesta al impacto ambiental que las sociedades industrializadas estaban teniendo alrededor del mundo.

De esta manera, estas ciudades se basan en las tecnologías de la información y la comunicación, con el fin de crear infraestructura que las haga sostenibles económica, social y ambientalmente.

En otras palabras, una metrópoli inteligente hace uso de la tecnología para proporcionar servicios y resolver problemáticas urbanas, como el transporte, el consumo de energía y los servicios públicos.

Así, en una ciudad inteligente la conectividad permite, por ejemplo, que el transporte público sea eficiente, con un servicio puntual y de bajo consumo de energía; cuenta con estaciones de servicio que incentivan el uso de autos eléctricos y también propicia medios de movilidad, como la bicicleta, por medio de infraestructura adecuada.

El cuidado del medio ambiente es prioritario en el diseño de estas urbes. De ahí el surgimiento de los igualmente llamados “edificios inteligentes”, los cuales se integran de tecnología que los hace sustentables y reduce significativamente su consumo de energía.

De acuerdo con datos recientes del Consejo Americano para una Economía Energéticamente Eficiente (ACEEE, por sus siglas en inglés), un edificio inteligente puede reducir el uso de energía casi en una quinta parte, comparado con uno tradicional, además de producir beneficios adicionales, como mayor productividad de los trabajadores.

Si bien la tecnología es la principal herramienta para la construcción de las ciudades inteligentes, la base de este concepto es la sostenibilidad. Su propósito es alcanzar una gestión eficiente en todas las áreas que integran la vida de una ciudad, como el urbanismo, la infraestructura, el transporte, los servicios, la educación, la sanidad, la seguridad pública y la energía.

Según la fundación Endesa, de España, para 2050 se prevé que 85 por ciento de la población mundial viva en las ciudades, lo que obligará a los centros urbanos a afrontar cada vez más problemas ligados al abastecimiento de energía y servicios, a la movilidad y el tránsito, así como a la prestación de servicios sanitarios y de seguridad.

Además de los edificios con ahorro de energía y los autos eléctricos, las ciudades inteligentes están compuestas por otros elementos, como sensores, cuya función es recopilar datos para mantener conectadas e informadas a las urbes, así como hacer que cada subsistema cumpla su función.

Los sensores, por ejemplo, permiten conocer los puntos de la ciudad donde hay más tránsito en diferentes horas del día, la línea de transporte público más utilizada y los servicios de mayor demanda por parte de la ciudadanía, dependiendo el día de la semana, el mes y la hora. Con la recopilación de esta información, las autoridades urbanísticas pueden programar un mejor funcionamiento de equipos y servicios.

La conectividad es esencial. En ciudades de Asia, Europa e, incluso, América Latina, cada vez son más las plazas, parques, edificios públicos y medios de transporte que cuentan con conexión WiFi gratuita, como un medio para que los ciudadanos puedan acceder a servicios e información en línea.

Este año, la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra publicó la séptima edición de su índice IESE Cities in Motion, en el que ubicó a Londres, Nueva York, París, Tokio y Reikiavik como las “ciudades más inteligentes” de todo el planeta. Estas metrópolis destacan por su planificación urbana, movilidad, transporte, seguridad, gobernanza y conectividad.

No sorprende que al visitar alguna de estas metrópolis, u otras como Toronto, Madrid, Milán, Shánghai, Hong Kong, Lisboa, Berlín, Ámsterdam, San Francisco, Washington o Barcelona, una persona se encuentre con calles ordenadas, transporte público puntual y eficiente, conexión a una red de internet pública y opciones de movilidad ecológicas.

En América Latina, grandes urbes como Santiago, São Paulo, Medellín y la Ciudad de México cuentan con servicios y tecnología que las convierten cada día más en ciudades inteligentes.

A finales del año pasado el Banco Interamericano de Desarrollo reconoció que en México había cuatro ciudades que se ubicaban en esta descripción.

Ciudad Maderas, ubicada en el municipio de Santiago, Querétaro, es una pequeña localidad que ostenta la fama de ser la primera ciudad inteligente que comenzó a construirse en el país, en 2013. Hoy en día cuenta con unas 100,000 viviendas en un espacio de 400 hectáreas donde los servicios están conectados.

En 2014 el gobierno de Jalisco emprendió el proyecto de la Ciudad Creativa Digital, en la zona metropolitana de Guadalajara, en la cual se han establecido empresas de tecnología de renombre mundial, como IBM o Intel, en un espacio de cerca de 400 hectáreas, que está en vías de constituir una de las primeras ciudades inteligentes de México.

El concepto de smart city ha permeado sectores como el turismo. El pueblo mágico de Tequila, Jalisco, se ha vuelto atractivo para miles de visitantes por su ruta para degustar la famosa bebida que lleva su nombre, además de disfrutar la vista de la localidad y de los campos de agave, pero también por ser la primera ciudad turística inteligente. En los últimos seis años las autoridades del municipio han impulsado la movilidad, la conectividad y los datos abiertos en la zona, para ofrecer a los visitantes una experiencia cultural y atractiva digna del siglo XXI.

Finalmente, Smart Puebla es la cuarta ciudad inteligente del país, considerada por el Banco Interamericano de Desarrollo una iniciativa que conjunta los esfuerzos de los sectores público y privado del estado en un barrio en Atlixco, a 30 kilómetros de la capital, para construir espacios que beneficien a los ciudadanos por medio de la implementación de tecnología en los espacios urbanos.

Además de estos destinos pensados como ciudades inteligentes, urbes como la Ciudad de México y Monterrey integran cada vez más corredores con edificios inteligentes y zonas conectadas que las hacen cada vez más modernas.


 

* Periodista por la UNAM y viajero por convicción. Ha trabajado en las redacciones de El Universal, 24 Horas y El Heraldo de Mexico. Instagram: @jvanramos.

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