De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, en el mundo hay 1,200 millones de jóvenes de 15 a 24 años de edad, que corresponden a 16 por ciento de la población mundial. Con motivo del Día Internacional de la Juventud, que se celebra el 12 de agosto, vale la pena echar una mirada a este grupo de población, a sus necesidades, aspiraciones y áreas de oportunidad, ya que en gran medida depende de ellos construir un mundo mejor para todos.

Hace tiempo leí una columna del periodista Antonio Navalón titulada “Millennials: dueños de la nada”, en la que caracterizaba a los nacidos entre 1980 y el año 2000 con frases como las siguientes: “No existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad”; “no se identifican con ninguna aspiración política o social”; “su falta de vinculación con el pasado y su indiferencia, en cierto sentido, hacia el mundo real, son los rasgos que mejor los definen”; “son una generación que tiene todos los derechos, pero ninguna obligación”; “parecen más bien un software de última generación que seres humanos que llegaron al mundo gracias a sus madres”; “aquellos millennials que viven sumergidos en la realidad virtual no tienen un programa, no tienen proyectos y sólo tienen un objetivo: vivir con el simple hecho de existir”; “al parecer, lo único que les importa es el número de likes, comentarios y seguidores en sus redes sociales”; “si los millennials no quieren nada y ellos son el futuro, entonces el futuro está en medio de la nada”; “debemos tener el valor de pedirles que, si quieren pertenecer a la condición humana, empiecen por usar sus ideas y sus herramientas tecnológicas, que aprendan a hablar de frente y cierren el circuito del autismo”.

¿Qué opinas de esta caracterización? ¿Qué nos responderían los jóvenes de hoy si los llamáramos sordos, indiferentes, autistas e irresponsables, como hace este periodista? ¿Qué decir de jóvenes como Malala, Greta Thunberg, Emma González, William Kamkwamba, Jack Andraka o Amika George, entre muchos más que están demostrando un compromiso mucho mayor por transformar el mundo que la gran mayoría de nosotros y de nuestros “líderes”, adultos causantes de las crisis económicas, políticas y sanitarias que vivimos? Y si a tu alrededor encontraras jóvenes que parecen coincidir con la descripción de Navalón, ¿quiénes serían los responsables de que haberlos “educado” así?

Más que acusar a nuestros jóvenes, es momento de aprender de ellos, de valorar su talento, de proponerles un modelo de vida que valga la pena seguir (con el ejemplo, más que con las palabras) y de involucrarlos en la transformación de un mundo que les pertenece. Te invito a sumarte a este compromiso. Por el bien de todos, por el bien de nuestro mundo.

 

Cordialmente,

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

 

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