Qué mejor forma de celebrar el Día del Niño que con regalos que estimulen su curiosidad, su imaginación y los ayuden a desarrollar todo su potencial. En esta edición te invitamos a explorar con tus hijos estas 10 actividades que seguramente quedarán grabadas en su memoria como algunos de los mejores regalos que les hayas dado.

 

Observar las estrellas 

Regalar a los pequeños la experiencia de algunas noches acampando para disfrutar la bóveda celeste puede convertirse en un momento invaluable de su vida. De acuerdo con la Agencia Espacial Europea y las investigaciones derivadas de la Misión Planck, el universo podría tener cerca de 13,810 millones de años y se formó a raíz del Big Bang, o Gran Explosión. Explorar las constelaciones visibles con un telescopio puede ayudar a los niños a usar su imaginación y su sentido crítico como nunca antes. El mes de agosto es excelente para realizar los avistamientos estelares. Actualmente existen muchas aplicaciones y mapas virtuales que pueden ser de gran ayuda para guiar la cacería de estrellas. 

 

Desarrollar las habilidades musicales 

Cada vez es más común que la música sea introducida en los programas de preescolar debido a la gran importancia que representa para los niños en su desarrollo intelectual, auditivo, sensorial, del habla y motriz. La música tiene el don de acercar a las personas, por lo que el niño que vive en contacto con ella aprende a convivir de mejor manera con otros niños. A la vez, aprender a tocar un instrumento fortalece su seguridad y su capacidad de concentración, favorece su expresión corporal y su aprendizaje, pues conoce con más profundidad el lenguaje y el sentido que adquieren las palabras según su entonación o su intención. Aunque aprender a tocar algún instrumento musical es uno de los pasatiempos más exigentes por su dedicación y su entrega, es una de las mejores actividades que puedes cultivar para tus hijos.

 

Leer 

La lectura es uno de los mejores hábitos que se pueden cultivar en los niños. Aporta bases para el desarrollo lingüístico e intelectual del cual se beneficiarán toda la vida. Cuando un niño escucha a sus padres leerles en voz alta se estimula su audición y se cultiva la pasión por lo que hay en el seno de un libro. Es muy importante que las lecturas sean adecuadas para su edad, pues de este modo nos aseguramos de que puede aprovecharlas de manera óptima, integrando el vocabulario correctamente, desarrollando su concentración, su creatividad y su comprensión sin aburrirse. Es muy importante que se cultive el hábito de la lectura en los primeros años de edad para asegurarse de que, al llegar a la madurez, sea un hábito integrado a su vida cotidiana. 

 

Meditar 

Cada día son más las escuelas que incluyen alguna práctica de meditación entre las actividades de sus programas educativos. La meditación es una técnica de concentración, ya sea en la respiración, en el cuerpo o en algún objeto o mantra, que tiene el fin de desvincularse del flujo de los pensamientos para actuar como meros observadores de la mente y de todo lo que acontece ahí. Meditar tiene grandes beneficios para los niños, pues desde muy pequeños aprenden a enfocar su atención en lo importante, a mantener la calma, a entender mejor sus emociones y a mejorar su concentración. La meditación ayuda a gestionar situaciones complejas, reduciendo los niveles de estrés y de ansiedad que pueden desprenderse a raíz de aquéllas. 

 

Bailar

Sin importar la edad, practicar el baile o algún tipo específico de danza estimula la motricidad gruesa en los niños. No importa si se realiza de manera espontánea durante el juego o en alguna clase especial, el baile ejercita la coordinación, la agilidad de movimientos y el equilibrio. Asimismo, al bailar los pequeños estimulan la expresión corporal, el oído y la memoria. Algunos tipos de danza, al ser practicados incluso podrían resultar terapéuticos y atraer grandes beneficios para los niños. Por ejemplo, el ballet ayuda a mejorar la postura de la espalda, favorece la elasticidad del cuerpo, así como la fortaleza muscular, y mejora notablemente la formación del arco de los pies. Ya sea que el baile se desarrolle como parte del juego o como una actividad extraescolar, ayudarás a que el pequeño elimine la ansiedad, estimule la relajación y mejore su autoestima.

 

Pintar o modelar

Desde muy pequeños a los niños se les estimula jugando y explorando en su expresión creativa y motriz con pintura o plastilina, como parte de sus actividades en el colegio y en el jardín de niños. Sin embargo, profundizar en el desarrollo de estas habilidades puede ser muy enriquecedor. Si tu niño muestra interés en la expresión artística, no dudes en estimular esa habilidad. Aprender a usar otras técnicas de pintura, como acuarelas, óleos, acrílicos, batik, cerámica, arcilla, escultura, grabado, entre muchas otras, puede desarrollar mucha seguridad en el niño para expresarse, son habilidades que no se olvidan y que durante su crecimiento puede seguir mejorando o retomar constantemente cuando sienta que es necesario expandir su creatividad. 

 

Explorar la naturaleza 

Vivir en la ciudad puede implicar una fuerte tendencia al sedentarismo y a que la tecnología predomine en el itinerario de los niños. Para los pequeños, permanecer en entornos naturales permite que su salud social, emocional y física se desarrolle con muchos beneficios. Los niños necesitan conocer el mundo a través de los sentidos; los que juegan constantemente en la naturaleza mejoran sus interacciones sociales, disminuyen su estrés, su apatía y su ansiedad, y mejoran su sentido crítico, su sentido de libertad, su creatividad y su espíritu explorador. Asimismo, desarrollan una conciencia más profunda de cuidado del medio ambiente y de respeto por el planeta. 

 

Realizar actividades deportivas

Inculcar a los niños la práctica regular de algún deporte físico desde muy pequeños favorece su desarrollo físico y cognitivo, al mismo tiempo que aporta muchos otros beneficios. Al practicar algún deporte aprenden a crear hábitos y a seguir reglas. Mejoran sus habilidades para socializar y para relacionarse con los demás. Aumentan sus habilidades motoras mientras desarrollan el crecimiento de sus músculos y sus huesos. Con el deporte aumenta la tonificación muscular y la elasticidad, con lo cual se pueden mejorar algunos problemas de postura y estructurales. El ejercicio continuo ofrece mejores ciclos de sueño, digestión y crecimiento, mientras se reduce la ansiedad y se direcciona mejor el uso de la energía de los pequeños. Es responsabilidad de los padres sembrar una cultura deportiva y saludable para sus hijos. Desde luego, la mejor manera de hacerlo es mediante el ejemplo y compartiendo el deporte con el juego. 

 

Sembrar y cultivar plantas 

En la casa y en la escuela es posible incluir entre las actividades de los niños el trabajo con plantas y hortalizas. Los pequeños poseen un pensamiento creativo que puede ser desarrollado aprendiendo de la naturaleza. El espacio no debe ser un impedimento para realizar esta tarea, pues con macetas, tierra, plantas, semillas, agua, luz y dedicación la naturaleza hace su propia labor. Permite que los niños se diviertan jugando con la tierra y que crezca su capacidad de asombro con cada brote y cada retoño. De esta manera interiorizarán el respeto por la naturaleza, se encariñarán con las plantas, se responsabilizarán de ellas y las defenderán. Asimismo, fomentarás hábitos más saludables: si al pequeño le cuesta trabajo comer frutas y verduras, no habrá mejor motivación para despertarle el apetito que la ilusión de comer los frutos de su cosecha. Sembrar en familia llenará el tiempo de sus tardes de convivencia, aprenderán el funcionamiento de la naturaleza y tendrán otra herramienta para trabajar en la responsabilidad, las frustraciones y las satisfacciones. 

 

Explorar, conocer y observar las emociones 

Los niños poseen una importante plasticidad cerebral durante los primeros años de su vida. Todas las experiencias que convergen en su vida son importantes y enriquecedoras para el desarrollo de su cognición y de su afectividad. Históricamente se ha tendido a asociar el éxito de una persona con su capacidad cognoscitiva, pero en los últimos años se ha descubierto que un coeficiente intelectual alto no tiene porque ir asociado a unos resultados académicos positivos, sino más bien a un adecuado desarrollo emocional. Para ello es importante ofrecer un espacio en el que se le enseñe a identificar las emociones a través del juego, para que pueda expresarlas y manejarlas adecuadamente. Una persona que posee inteligencia emocional desarrolla confianza en sus capacidades, crea y mantiene relaciones satisfactorias, y comunica lo que piensa, siente y necesita. Asimismo, tiene en cuenta los sentimientos de los demás. Está motivado para explorar, afrontar desafíos y aprender; posee una autoestima alta y cuenta con recursos para la resolución de conflictos, entre muchos otros beneficios que influyen de forma positiva en todas las áreas de su vida.

 

© Voy vengo 2016 Todos los derechos reservados - Política de Privacidad