Todas las culturas, sin excepción, se han preguntado por el destino final del ser humano y han urdido diversas explicaciones para responder a eso. En este artículo el autor revisa tres formas de concebir el más allá en tres diferentes sociedades antiguas: egipcia, grecolatina y mexica.

 

  

La variedad de últimas moradas presentes en todas las culturas nos indica un factor común (aunque no universal): la vida no termina con el postrer aliento, sino que la muerte es el comienzo de un tránsito solitario por diversas regiones del mundo ultraterreno.

Asimismo, en cada cultura ha habido hombres o dioses que se han adentrado en esas regiones y han salido de ellas, a veces triunfantes o con un sabor agrio tras la experiencia.

 

Sortilegios para el más allá

La más antigua de las civilizaciones históricas, la egipcia, edificó no sólo las conocidas pirámides como tumbas monumentales para sus faraones, sino también desarrolló un ceremonial preciso para enfrentar la hora final. Por principio, los egipcios creían que el ser humano podía alcanzar la inmortalidad si cumplía algunos requisitos: ser embalsamado (lo cual ya constituía un obstáculo para las clases sociales bajas), así como ir acompañado por diversas herramientas, entre las que destacaba El libro de los muertos.

Esta obra, que se piensa pudo haber comenzado a utilizarse desde el año 1550 a.C., contenía diversas fórmulas y sortilegios que ayudarían al alma difunta en su tránsito por el inframundo y a superar las diversas pruebas ante las que se enfrentaría. No existía un solo libro, sino que cada persona podía elaborar su propia versión, con los cantos y los ritos que considerara más oportunos para ella misma.

El viaje al más allá comenzaba con la guía de Anubis, el guardián de tumbas de rostro de chacal. Éste conducía al espíritu al lugar donde se llevaría a cabo el juicio que definiría si era un alma digna de la inmortalidad o no. Allí, el corazón del difunto, su misma moralidad, era pesado en una balanza en cuyo extremo opuesto había una pluma que simbolizaba la verdad, la armonía y el orden universal. En caso de que los “pecados” de ese corazón fueran más ligeros, el alma sería enviada con Osiris, el dios de rostro de halcón; en caso contrario, Ammit (mezcla de hipopótamo, cocodrilo y león), el “devorador de corazones”, daba cuenta de aquellos órganos, con lo que impedía la inmortalidad del sujeto.

En cambio, si se conseguía superar esta prueba, el alma se convertía en divina y obtenía la eternidad.

             

Por ríos, lagunas, jardines y barrancos

Entre los griegos se desarrolló la idea teológica de que el destino de las personas tras la muerte también constituía un recorrido por el reino que dominaba el dios Hades. La primera etapa del viaje era custiodada por Hermes, el de los pies alados, quien acompañaba a las almas a las orillas del río Estigio, que rodeaba el inframundo. Allí, se aportaba el dracma de rigor al barquero Caronte para que pudiera trasladarlos a remo al otro lado. En previsión de lo anterior, los deudos del difunto colocaban una moneda en la boca de éste. De no tomarse esta precaución, el alma estaba destinada a merodear por la ribera del río cien años, hasta que el barquero accedía a llevarla gratis.

Una vez vadeado el río, se llegaba frente al perro Cerbero, de tres cabezas y cola de serpiente, que custodiaba la puerta de entrada para que no pudiera ingresar a ese reino ningún vivo ni escapar las almas muertas. De allí se llegaba frente a los jueces: Minos, Eaco y Radamantis, quienes decidían, según las cualidades del espíritu frente a ellos, hacia qué lugar sería enviado. Había tres distintas sentencias: aquellos que habían tenido una vida “promedio”, sin bien ni mal, iban a los Prados Asfódelos; los héroes y la gente notable y virtuosa eran conducidos a los Campos Elíseos; en cambio, quienes habían llevado una vida malvada caían en el Tártaro, donde también estaban encadenados los titanes (en este sitio se encontraba Sísifo, aquel que llevó el fuego a los hombres, por lo cual fue castigado).

Varios héroes se adentraron en estas regiones y lograron salir con vida. Entre los más famosos se encuentra Orfeo, afamado por calmar bestias con su lira; con sus melodías consiguió hipnotizar al can Cerbero y llegar ante el propio Hades para pedirle que le devolviera a su esposa. El dios, compadecido y admirado por el valor del músico, le concedió su deseo, pero con una advertencia: no podía volver la vista atrás mientras salía del Inframundo. Sin embargo, Orfeo creyó que había sido engañado y poco antes de la salida volteó y perdió la oportunidad de recuperar a su amada.

 

Los descarnados que vuelven

En la cultura mexica el recorrido de la vida comenzaba en un lugar mítico (el Tamoanchan) y podía terminar en cualquiera de los siguientes cuatro: Tlalocan (Paraíso de Agua de Tláloc), Tonatiuh Inchan (la Casa del Sol), Cincalco (la Casa del Maíz) y Mictlán. Los primeros tres parecen ser distintos tipos de paraísos, donde los difuntos iban por la forma de morir y podían convertirse en ayudantes del dios de la lluvia, o en pájaros o, si habían muerto de bebés, nutrirse hasta alcanzar la madurez suficiente para volver a encarnar. En el Mictlán, por su parte, los difuntos iban descarnándose a lo largo de cuatro años hasta quedar convertidos en osamentas.

A este lugar, gobernado por Mictlantecuhtli, fue al que acudió Quetzalcóatl para recuperar los huesos de los humanos y restaurar la vida. Pero hay otra particularidad de la que carecen las otras culturas: a lo largo del año en Mesoamérica se celebraba el retorno de los fallecidos para tomar fuerzas en su viaje, es decir que los difuntos tenían la posibilidad de reinsertarse, en distintas fechas, a la vida cotidiana de sus parientes y amigos. Hoy en día, esta celebración, mezclada con distintas creencias católicas, ha sido considerada por la UNESCO como obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad.

 


 

* Escritor de ficción narrativa, autor de los libros de cuentos Mi vida como payaso salvaje (2007) y Postales de Nundá (2016), y de la novela La noche que asolaron Tokio (2013).

 

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