La cuarentena por el Covid-19 nos sorprendió a todos. Si bien es cierto que desde finales del año pasado se sabía de la existencia del virus, no había mucha claridad en cuanto a sus alcances a nivel mundial y sus efectos. Cuando, a mediados de marzo, fue necesario empezar el confinamiento en nuestro país, la situación nos tomó a todos prácticamente por sorpresa. Escuelas, comercios, empresas e instituciones del gobierno tuvieron que improvisar nuevas formas de seguir adelante, aprovechando las herramientas tecnológicas disponibles y echando mano de la creatividad.

Muchos planes quedaron truncos. A nivel laboral, hubo que dar marcha atrás a estrategias comerciales, a viajes y reuniones de trabajo, así como a la implementación de nuevos proyectos. A nivel personal, con los recortes de muchas fuentes de trabajo, fue necesario cancelar solicitudes de crédito hipotecario, vacaciones y reservaciones, citas y tratamientos médicos, eventos y celebraciones familiares, entre otros muchos planes. A nivel escolar, el trabajo se multiplicó para profesores, padres de familia y alumnos, con las complicaciones propias de la conectividad a internet (sobre el aprovechamiento académico, aún es prematuro hacer evaluaciones). Por último, de la economía nacional (y mundial), ni hablar. Las prioridades de los planes de gobierno han cambiado de forma significativa, arrastrando efectos cuyas consecuencias negativas aún son incuantificables.

Seguramente tú también has experimentado estos cambios repentinos, de una u otra forma, y has tenido que modificar tu estilo de vida de una manera que, en pleno siglo XXI (con todos los adelantos científicos y tecnológicos disponibles), nunca hubiéramos imaginado.

No nos queda más remedio que armarnos de paciencia y de prudencia para acatar las recomendaciones sanitarias y continuar con nuestras vidas, aprendiendo las lecciones que nos está dejando esta pandemia.

Mientras tanto, daremos la bienvenida al verano desde el confinamiento, con la cancelación inevitable de las “vacaciones largas” que cada año eran esperadas por chicos y grandes al final del ciclo escolar. ¿Qué has pensado hacer para distraer a tus hijos y relajarte del estrés que está provocando esta situación?

Te invitamos a echar mano de la creatividad y a dejar de depender exclusivamente de las pantallas. Las opciones son prácticamente ilimitadas: practicar juegos de mesa, escuchar música de otros países, bailar, pintar, sembrar plantas, armar rompecabezas, cocinar, identificar constelaciones, hacer figuras de origami y diversas manualidades, leer, escribir historias cortas, estudiar un idioma, hacer trucos fotográficos, meditar, alimentar tu espiritualidad y orar, hacer ejercicio, tocar algún instrumento musical, resolver crucigramas, sopas de letras y sudokus, retomar el contacto telefónico con familiares y amigos a los que no has frecuentado... ¿Qué más se te ocurre?

Serán unas vacaciones de verano distintas, no cabe duda, pero lo importante es no perder el entusiasmo ni deprimirse por las circunstancias. Parafraseando el dicho: si lo que tenemos a la mano son limones, es momento de hacer la mejor limonada que podamos.

 

Cordialmente,

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

 

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