De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, más de 800 millones de personas en el mundo (casi 12 por ciento de la población global) erogan como mínimo 10 por ciento del presupuesto familiar para gastos de salud para sí mismos, un hijo u otros familiares enfermos. Sin embargo, ¿sabías que un alto porcentaje de las enfermedades que padecemos no tienen una explicación médica y se deben a cuestiones psicológicas? En este artículo te invitamos a conocer más acerca de las enfermedades psicosomáticas.

 

 

Imaginemos a Carlos, quien trabaja ocho horas diarias en una oficina. Su jefe es impredecible y a veces le exige quedarse horas extras para terminar los proyectos pendientes. Para llegar a su casa Carlos debe manejar durante más de una hora en el tráfico pesado y cuando llega a casa sus hijos pequeños ya están dormidos. Tiene frecuentes discusiones con su esposa y todo el tiempo se siente estresado. Desde hace poco más de un mes ha estado sintiendo malestar estomacal, diarreas y gases, y la semana pasada le diagnosticaron gastritis.

Desde la perspectiva médica la causa del malestar de Carlos se halla en el consumo de alcohol, el exceso de comida picante o grasosa, una infección del estómago o la ingesta de ciertos medicamentos. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico habría que considerar que las emociones negativas que está experimentando han originado síntomas físicos en el área digestiva; es decir que su cuerpo está expresando, a través de una serie de síntomas, un malestar emocional.

Como podrás darte cuenta, existe una relación muy importante entre los síntomas físicos y las emociones. Cuando no manejamos adecuadamente nuestras emociones podemos “somatizarlas”, es decir, propiciar que nuestro cuerpo se enferme. ¿Alguna vez has sentido dolor de cabeza antes de presentar un examen o malestar estomacal después de tener una discusión? Es probable que tu respuesta sea “sí”, debido a que la somatización suele ser algo muy común y es una respuesta fisiológica ante un suceso psicológico.

La somatización es un conjunto de síntomas físicos que producen malestar, para los que no existe un origen físico identificable. Se pueden producir enfermedades, que son llamadas psicosomáticas, ya sea por estrés, por problemas emocionales o por emociones negativas, donde los conflictos psicológicos internos son expresados como signos físicos. Somatizar no es un problema mental, sino una consecuencia de la relación entre la mente y el cuerpo.

Los síntomas físicos se generan cuando tenemos niveles altos de estrés o problemas emocionales que producen dolores que no tienen explicación médica. Las sensaciones físicas que acompañan a la emoción que sentimos son el lenguaje a través del cual nuestro cuerpo nos está avisando que algo no funciona bien, e indican lo que necesitamos hacer para recobrar el equilibrio. Cuando no hacemos caso a lo que sentimos y evitamos que la tensión se exprese de manera correcta, ésta tiende a acumularse; entonces aparecen los dolores de cabeza, de estómago, de cuello, de espalda y de anginas, la faringitis, la fatiga crónica, el asma, las alergias, etcétera.

A través de diversos estudios se ha identificado una causa concreta para muchos de los principales malestares psicosomáticos:

  • Dolores de cabeza. Muchas personas padecen dolores de cabeza crónicos que no pueden ser atribuidos a una condición física, debido a la tendencia a reprimir la rabia o el enojo; constituyen una protesta no verbalizada. Cuando algo nos indigna o no nos gusta, pero no lo expresamos, entonces puede presentarse el dolor de cabeza. Las personas más asertivas tienen menos malestares de este tipo.
  • Dolores de espalda. Los dolores crónicos de la espalda, los hombros y la zona lumbar son muy comunes y al parecer están relacionados con asumir demasiadas responsabilidades. El cuerpo experimenta los compromisos laborales o personales como una “carga” pesada.
  • Dolor en el cuello. Es probable que este tipo de malestar lo provoque una persona, una situación o una actividad específica, ya que suele ser repentino: si tuvimos un problema con alguien o algo no nos gusta, experimentaremos irritación o desagrado y, con seguridad, dolor en el cuello.
  • Dolor de garganta. Los estudios aseguran que las personas que tienden a reprimir la expresión natural de la tristeza experimentan dolores de garganta. Al no dejar salir el llanto natural, la tensión se acumula en esa zona. Los dolores de garganta también pueden deberse a que hay algo que necesitamos decir y no lo expresamos.
  • Resfriados. Aunque la gente suele considerar que la exposición a temperaturas extremas o el cambio rápido de un ambiente caliente a otro frío aumenta la probabilidad de resfriarse, es una realidad que la fatiga y el estrés debilitan el sistema inmunológico. También se ha considerado que resfriarse está relacionado con sentimientos de tristeza, desilusión, miedo o culpabilidad.
  • Problemas en la piel. Las afecciones y las alergias de la piel al parecer son una señal de que existe algún tipo de problema en las relaciones interpersonales y en el contacto con nuestro entorno. Pueden deberse al manejo inadecuado de diferentes emociones como el miedo, la rabia y la tristeza.
  • Desmayos. Los desvanecimientos, los vértigos, la fatiga y otros síntomas similares están relacionados con el miedo. Cuando sentimos que no poseemos los recursos suficientes para enfrentar una amenaza, real o percibida, nuestro cuerpo puede paralizarse.

 

¿Qué podemos hacer para mantenernos sanos?

Primero es importante considerar que ciertos rasgos de nuestra personalidad acentúan la posibilidad de somatizar una enfermedad. Por ejemplo, las personas muy negativas y pesimistas, así como las depresivas y las ansiosas, tienden a presentar enfermedades psicosomáticas con mayor frecuencia. Así pues, es necesario deshacernos de las emociones negativas —como el resentimiento o el rencor— y aprender a reconocerlas cuando se presentan.

En lugar de reprimir los sentimientos, habría que compartir los problemas y las preocupaciones con personas cercanas; incluso, es recomendable llorar, porque esto nos produce relajación.

También es necesario evitar las situaciones que nos causan estrés y malestar. Si sabemos que determinadas cosas nos generan estrés, hay que evitarlas.

Además, modificar los hábitos y cambiar nuestro estilo de vida por uno que incluya más el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza puede ser de gran ayuda.

Finalmente, es fundamental escuchar las señales que nos envía nuestro cuerpo y tratar de identificar por qué nos sentimos así. Y hay que tener presente que cuanta más atención prestemos a estas señales, más sano estará nuestro cuerpo.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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