Carlos Cuauhtémoc Sánchez opina...

 

¿Hasta dónde serías capaz de viajar o qué sacrificios estarías dispuesto a hacer si tuvieras la certeza absoluta de conseguir un maravilloso tesoro después de todos tus esfuerzos? Carlos Cuauhtémoc Sánchez nos cuenta la historia de un hombre que dejó todo lo que poseía por ir en busca de ese sueño. Se trata de una aleccionadora historia de vida.

Alí Haffed tenía una enorme granja cerca del Río Indo en la que vivía cómodamente con su familia. El hombre, aunque era rico, sentía que su existencia carecía de sentido. Estaba aburrido de su esposa y de sus hijos.

Un día, cierto viajero le mostró un diamante y le dijo cuánto valía. Haffed, obsesionado con la idea de poseer piedras preciosas como ésa y tener más riqueza, vendió la granja, dejó a su familia con un vecino y salió a buscar diamantes: se gastó toda su fortuna en la exploración de tierras remotas. Después de varios años, ya en la miseria, volvió a su vieja granja con el anhelo de rehacer la vida que perdió. Pero sus hijos y su esposa se habían mudado.

Cuenta la leyenda que este hombre, desalentado y fracasado, se adentró en el mar y nadó en la oscuridad de la noche. Nunca más se supo de él.

Lo más interesante sucedió después. El hombre que compró la granja de Alí Haffed, una mañana, dando de beber a sus camellos en el arroyo que pasaba por la finca, vio una piedra negra que emitía un destello de luz; la limpió y descubrió un cristal precioso; escarbó en las aguas del riachuelo y casi a flor del suelo halló gemas aún más hermosas y grandes. De esa forma, en ese preciso lugar descubrió el yacimiento de diamantes más grande del mundo: la mina Golconda. Se dice que muchas joyas maravillosas se han hallado justo bajo la granja despreciada por un hombre potencialmente millonario que no quiso luchar por cuanto ya le pertenecía.

Querido lector: te invito a mirar hacia el interior de tu casa. ¿Has sentido que algo no está bien en tu familia? Todas las relaciones pasan por etapas difíciles. Si crees que te casaste con la persona equivocada, o que ya no hay solución para tus conflictos, piensa antes de tomar una decisión de separación. El matrimonio, como cualquier empresa o proyecto importante, requiere trabajo, tiempo y entrega. El amor no puede “sentirse” a menos que se “luche” por él como si fuera el negocio más importante de la vida.

Quizá estés viviendo sobre una mina de diamantes y no te has dado cuenta. Para hallar la riqueza que anhelas sólo necesitas quedarte ahí. A trabajar. A luchar por lo que te pertenece. ¡Ama a tu esposa o esposo! ¡Cuida tu hogar! El amor real no se aprende con suspiros y poesías, porque no es un simple sentimiento, sino una decisión. No sirve de nada proclamarlo con llanto o con vehementes: “Te amo”.

La única forma de crecer en el amor es el servicio: ayudando a nuestra pareja en sus tareas, cuidándola de manera cariñosa durante sus enfermedades, permaneciendo a su lado en los momentos de crisis, abrazándola en silencio cuando hay problemas. El verdadero amor no tiene precio, no puede comprarse con nada, pero tú lo puedes brindar gratis. Abraza a tu cónyuge con entrega y con cariño consciente, y juntos enfrenten el compromiso que la vida les está pidiendo hoy.

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