Carlos Cuauhtémoc Sánchez opina...

 


¿Qué hace la diferencia entre una persona que hace amigos y la que se queda solitaria en una orilla? ¿Por qué algunas personas prefieren quedarse calladas cuando alguien se les mete en la fila, mientras que otras exigen sus derechos? Trabaja en desarrollar la confianza y la seguridad en ti mismo, y descubrirás que también serás mucho más feliz.

 

Goliat tiene nombre de gigante, pero carácter de insecto. Es miedoso y gruñón. En temporada de lluvias se escabulle hasta mi recámara y se echa junto a la cama haciendo ruiditos agudos como si estuviese en agonía. No existe poder humano que lo haga levantarse para volver al jardín. Puedes gritarle, amenazarlo, cantarle o decirle poemas al oído. Todo es igual. Él sigue temblando sin moverse ni un milímetro. El problema de Goliat es que tampoco resulta fácil cargarlo o arrastrarlo. Es un gran danés negro que pesa 60 kilos. Cualquiera que lo ve, da un paso atrás. Tiene la apariencia de villano, pero si le gritas corre a esconderse como ratón.

Hace tiempo lo mandamos a la escuela; reprobó todas las materias; los entrenadores nos dijeron que no era tonto, sino sólo “inseguro de sí mismo”. Yo me enfadé. ¿Inseguro? ¡Un perro no puede ser inseguro! Pero la verdad es que sí puede serlo.

Cansados del horrible carácter de Goliat, aceptamos adoptar una cachorrita labrador. La llamamos Honey. Entonces conocimos lo que es la seguridad canina.

Honey, siempre alegre y activa, se ha vuelto la alegría de nuestro hogar. Corre de un lado a otro, trae la pelota, sabe abrir la puerta de la casa, da las cuatro patas si se las pides; se sienta, se echa, se rueda, se para de manos y siempre está contenta. Suele irrumpir como tromba, saltar al sillón y acomodarse junto a nosotros como si estuviera en su derecho. Si le pido que se vaya, obedece de inmediato, pero regresa a los pocos minutos trayéndome un juguete para congraciarse. Casi habla español. Parece reírse cuando cuento algún chiste. Como es lógico, Goliat no la soporta. Desde que Honey llegó, a él se le amargó aún más el carácter.

En casa tenemos algunas frases que se han vuelto muy populares entre nosotros. Las negativas: “Esa persona tiene actitud de Goliat”, “Ya no tiembles como Goliat”, o “Quita esa cara de Goliat”. Las positivas: “Esa niña es tan segura como Honey”, “Hoy te veo muy feliz, te pareces a Honey”, o “Tienes la confianza de Honey”.

Con nuestros perros hemos comprobado que alguien inseguro de sí mismo no es capaz de ser feliz ni de hacer felices a los demás.

La autoconfianza es el punto de partida para tener una buena actitud. Una persona insegura es condescendiente, tímida, miedosa, callada y a veces traicionera.

Me pregunto qué tan seguro soy yo. Cuando llego a una reunión social, ¿tiendo a irme al rincón, disimulando mi miedo con la excusa de que no conozco a nadie, o me apresto a entablar conversación con voz fuerte y mirada franca? Cuando sueño con hacer cosas arriesgadas, ¿me detengo calculando lo mal que puede salirme todo y me meto a mi concha, sin atreverme a emprender, o me lanzo a la aventura consciente de que sólo se vive una vez y de que no puedo tener la certeza de que estaré vivo mañana? Cuando tengo la oportunidad de salir a escena, ¿me desenvuelvo con excesiva precaución por temor a equivocarme, o actúo con energía y naturalidad, sin miedo a hacer el ridículo? Cuando tengo cosas importantes que decir, ¿permanezco callado y prefiero guardar silencio, o me aventuro a levantar la mano y expreso con voz fuerte y clara mis opiniones? Cuando tengo ganas de viajar, participar en aventuras, darme un gusto o comprar algo que anhelo mucho, ¿me contengo, porque creo que no merezco darme premios, o me doy el gusto sabiendo que trabajo para eso y que después me empeñaré en seguir siendo productivo? Cuando puedo arreglarme bien, usar ropa buena y tener una apariencia impecable, ¿prefiero la moda desaliñada, no usar perfume, no rasurarme, no lavarme los dientes y caminar encorvado, o, por el contrario, invierto tiempo y dinero en verme bien porque lo merezco? Cuando deseo ser amable, alegre, dar la mano, hablar despacio, mirar a los ojos a los demás, ¿me comporto como Goliat o como Honey?

Me prometí estar consciente todo el tiempo de los puntos anteriores para hacer lo correcto y ganar así la batalla a la inseguridad.

Aprende a ser más seguro de ti mismo y milagrosamente también aprenderás a ser más feliz. Podrás salir de tu cueva, relacionarte con otros desenvueltamente; expresar tus ideas y disfrutar más de cada instante; harás a un lado la preocupación y el qué dirán. Contagiarás alegría donde quiera que vayas, de la misma manera como lo hizo Honey desde que llegó a mi familia.

Querido lector, a partir de hoy, ¡quita esa cara de Goliat!

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