Carlos Cuauhtémoc Sánchez opina...

 

No existe en todo el universo una fuerza más grande, que haya impulsado y sostenido los proyectos más difíciles de realizar, que haya llevado a los seres humanos a emprender las más difíciles hazañas, que el amor. Todos queremos dar y recibir amor, pero, ¿sabes disfrutar el amor? Carlos Cuauhtémoc Sánchez te dice cómo puedes hacerlo.

 

 

En mi libro Te desafío a disfrutar el amor, comparto el siguiente tema. Es fuerte. ¿Quieres disfrutar el amor?

Primero preocúpate por ti y ocúpate de ti. Para poder amar, primero debes hallar placer y alegría en la soledad. Hallas en el amor lo que eres… Mientras menos dependas de otra persona para ser feliz, más feliz serás con otra persona.

La tía Lola (de mi mejor amigo) es un ejemplo triste. Cuidó a sus hermanos cuando eran chicos. Con el paso de los años todos lograron tener una profesión, un trabajo o un negocio. La tía Lola, en cambio, se convirtió en una carga para los demás. Nadie quería albergarla en su casa, porque la mujer jamás pensó en ella misma. No tenía dinero ni preparación. Sólo necesidades, molestias y recuerdos. Ella lloraba: “Yo los ayudé desde niños. Si no fuera por mí no habrían llegado tan alto (ni yo tan bajo)”. ¿Y por qué nunca se vio al espejo? ¿Por qué no se ayudó primero?

“Amarás al prójimo como a ti mismo” no es un mandamiento; es una declaración de verdad. ¡Pobre del prójimo enamorado de alguien que se autodesprecia! Para ser personas dignas de amor ajeno, primero necesitamos ser dignas de amor propio. Sólo quien se ama y se preocupa por cuidarse, puede inspirar a otros para que lo amen. La esencia del amor verdadero es la dignidad. Para exigirla, primero debes tenerla. Por eso, no consientas ofensas en tu contra a cambio de cariño.

Lo paradójico de los malos tratos es que mientras más heridas sufres por parte de un ser amado, más creerás necesitar su afecto y su aprobación… Se llama Síndrome de Estocolmo. Si un secuestrador cruel, capaz de matar o lastimar gravemente a su víctima le brinda clemencia, absolviéndola de castigos o dándole de comer, la mente del torturado se vuelca en agradecimiento extremo, al grado de justificar al tirano y desarrollar sentimientos de afecto hacia él. La persona oprimida, indefensa y llena de temor a merced de un sicario no sólo termina aceptando ser sumisa y obediente, sino incluso llega a sentir que lo ama.

No pienses que es un problema ajeno. Puede ocurrirle a cualquiera. Sólo tenemos que dejarnos humillar y el proceso se desencadena automáticamente.

Vivir con un padre abusivo, un esposo tirano o una mujer manipuladora es vivir con un criminal de las emociones. Si tu pareja te maltrata, te insulta, te amenaza, te obliga a hacer cosas que no deseas, te impide crecer, realizarte, estudiar… ¡eres víctima de un crimen! Si tu padre abusa de ti física, verbal, psicológica o sexualmente, vives con una especie de secuestrador.

Mereces una vida mejor. Deja de esconderte debajo de las cobijas. Aparta el zapato que te está pisando. Libérate de tu opresor con estrategia. Si te sientes solo o sola, no culpes más a las personas ofensivas. Eres tú quien debe asumir la responsabilidad de comunicar a los demás cómo quieres que te traten. Y si tus esfuerzos por hacerte oír se topan con oídos sordos, entonces pasa al siguiente nivel. Aplica el Plan B. Menos grato, pero aún aceptable… Disponte a alejarte. Hazlo primero en la mente. Luego en el plano físico. Rompe el equilibrio de tu ofensor. No lo amenaces. Actúa. Haz que pueda sentir cómo sería su vida sin ti y sin otras personas importantes para él. Ocasiona que visualice la lejanía de su familia, de sus hijos, de sus hermanos o sus amigos más queridos. Sé valiente y haz que la tranquilidad de ese sujeto se tambalee. Despedaza su estoicismo. Quítale seguridad.

No olvides que las relaciones amorosas deben ser el catalizador de todo lo bueno que te sucede. Nunca al revés. Tienes derecho a ser feliz. Tienes derecho a disfrutar el amor.

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