Una costumbre arraigada entre los habitantes de Milpa Alta es subir al volcán Teutli el 3 de mayo, para conmemorar allí el día de la Santa Cruz, en una fusión del culto de origen prehispánico con la liturgia católica. Aprovechando esta fecha, el autor nos ofrece un acercamiento a la leyenda del Teutli.

 

El Teutli es un cono volcánico situado en la confluencia de las alcaldías de Milpa Alta, Xochimilco y Tláhuac, al sur de la Ciudad de México. Su altura alcanza 2,700 metros sobre el nivel del mar, pero eso no debe preocupar demasiado a los interesados en ascender a su cima, pues hay senderos practicables que posibilitan subir y bajar los 300 o algo más de metros que hay entre el suelo y la cima; desde luego, el trayecto presenta sus dificultades (mayores o menores, dependiendo de la persona que lo realiza y de las condiciones del terreno debidas a la lluvia o a las variaciones climáticas). Pero el ascenso al Teutli vale la pena.

Las vistas desde sus alturas son majestuosas, y lo pongo en plural porque este volcán es de una forma que los expertos en vulcanismo llaman “de escudo”, con lo cual quieren decir que el diámetro del cráter tiene más metros que su altura sobre el suelo. Por eso, para aprovechar en toda su valía el esfuerzo de haber subido, me parece que lo más recomendable es dar toda la vuelta por las alturas que bordean el cráter. Así, hacia el sur y el oeste aparecen los relieves de la sierra de Chichinautzin, una cadena de picos, barrancas y acantilados que emergieron por encima de una inmemorial región marina y donde ahora destacan los promontorios volcánicos llamados Tláloc, Ocotecatl y Olilica, y en la lejanía se ve el Pico del Águila, la famosa corona de la serranía del Ajusco. Del lado norte se observan campos de cultivo que poco a poco se desvanecen ante los trazos urbanos de la Ciudad de México y de los municipios conurbados del Estado de México. Pero quizás el panorama más impresionante se obtiene al divisar desde la parte oriental de la cima, más allá del Valle de Chalco que se extiende casi al pie del Teutli, los gigantescos macizos del Iztaccihuatl y el Popocatepetl, los dos icónicos volcanes del centro de México con picos a más de 5,000 metros de altitud sobre el nivel del mar.

 

Tradiciones de Milpa Alta

Sin embargo, el Teutli no es sólo un lugar para pasear y disfrutar el magnífico paisaje. Es mucho más. Desde hace siglos los habitantes de los pueblos originarios del antiguo Anáhuc lo han considerado un símbolo conspicuo de su historia. Su protagonismo en mitos, leyendas y actos rituales es fundamental para la afirmación de la organización comunitaria y el apego a la tierra que aún son factores distintivos de los pueblos de Milpa Alta. Desde luego, los milpaltenses se debaten cada vez más entre la conservación de su modo de ser tradicional (rural y campesino) y las exigencias de cambio que implica la modernidad urbana que los rodea.

Milpa Alta es una alcaldía de la Ciudad de México que está integrada por 12 pueblos originarios, cuya tierra se encuentra básicamente dividida en ejidos y montes de propiedad comunal. Entre sus más de 100,000 habitantes hay una gran proporción de gente dedicada a actividades del sector comercio y servicios (con muchas personas viajando cotidianamente hasta la ciudad para ir a trabajar y regresar a descansar a sus casas); sin embargo, a pesar de este dato estadístico, es claro que la vocación campesina no ha desaparecido del todo. Si bien el maíz, el cultivo fundamental de México, sólo se deja ver de tanto en tanto al transitar por las carreteras que conectan a los 12 pueblos, la presencia del nopal es casi ubicua. Esto se debe a que desde los años setenta del siglo pasado el nopal ganó preeminencia como cultivo de alto rendimiento comercial.1 Pero al adentrase un poco en las tierras de cultivo, el nombre de Milpa Alta se ve plenamente justificado pues encontramos maíz, frijol, calabaza, haba, chícharo, chile, tomate, chilacayote y otros cultivos más que continúan la antigua tradición agrícola de hacer de la milpa un sembradío de diferentes plantas útiles para el consumo humano (el amaranto merece especial mención; usado como alimento desde la época prehispánica, se convirtió luego en un ingrediente principal de algunos dulces tradicionales de la gastronomía mexicana y ahora gana reconocimiento mundial como un cereal muy nutritivo).

La identidad comunitaria de los milpaltenses, arraigada en esa cercanía con la tierra y sus productos, se manifiesta además en el apego a tradiciones culturales propias. Costumbres, formas de celebrar, de comer y de hablar (el náhuatl fue el idioma materno de la mayoría hasta hace unas pocas décadas, y aunque ha caído en desuso, hay intentos tendientes a que los jóvenes lo conozcan y vuelvan a hablarlo); una interpretación propia de la historia a través de mitos y leyendas que forman parte de un bagaje colectivo transmitido de generación en generación por medio de la tradición oral; la persistencia de maneras locales de intercambiar y reciprocar que se estructuran en torno de los sistemas de cargos y responsabilidades que hacen posible la celebración de las fiestas de un prolífico calendario ceremonial en el que participan tanto creyentes como escépticos. Todo esto forma parte de una cultura distintiva que, en forma tangible o intangible, constituye un patrimonio del cual están orgullosos muchos milpaltenses.

 

La leyenda del Teutli

Las narraciones tradicionales en las que el Teutli tiene un papel protagónico son variadas y sus argumentos cambian al enfocar distintos contenidos. Pero en la mayoría de ellas resalta la caracterización del Teutli y otros volcanes a su alrededor como parte de un antiguo mundo épico del cual esas montañas son un recordatorio. Aquí resumiré algunos rasgos del relato y remitiré a los lectores interesados en ahondar en detalles y comparar versiones a otras fuentes de consulta.2

En la era del primer sol, un sol de fuego y tierra, el mundo fue el escenario del enfrentamiento entre una raza de gigantes que “arrancaban los árboles con las manos y comían bellotas de encinas y no más cosa”, y otra de criaturas, en especial feroces tigres, que eran súbditos del temible “Espejo Humeante”, el polifacético dios Tezcatlipoca. Entre los guerreros más fuertes y hábiles de los gigantes destacaban Teutli y Popocatépetl, enamorados por igual de Iztaccíhuatl, la “Mujer Blanca”. La guerra contra Tezcatlipoca fue adversa a los gigantes; los tigres del Espejo Humeante los iban acabando y se los comían hasta que casi no quedó ninguno. Los dos amantes de Iztaccíhuatl decidieron retirarla del campo de batalla. Teutli, muy diestro en el combate, quedó a cargo de contener a los enemigos; Popocatépetl, más corpulento, era el más idóneo para cargar a la mujer, que ya iba herida, y ponerla a salvo. Todo fue en vano, Teutli sucumbió peleando hasta su último aliento y Popocatépetl, que logró avanzar hacia el rumbo donde sale el sol, terminó postrado ante el cuerpo inerme de Iztaccíhuatl. La nieve los cubrió por una eternidad (digo yo que acabada ahora en estos tiempos de calentamiento climático global que está haciendo desaparecer los glaciares en todo el mundo). Y Teutli, en recompensa por su valeroso esfuerzo, fue encargado de surtir con su deshielo y sus escurrimientos el agua necesaria para que en los lagos de Xochimilco, Tláhuac y Chalco se cultivaran las chinampas de la siguiente era, la del segundo sol, en la que el benéfico dios Quetzalcóatl enseñaría la agricultura a los seres humanos y crearía así la civilización.

 

La petición renovada

El nombre Teutli deriva de una voz náhuatl que se utiliza en forma reverencial para designar a un “señor” o a un “ente divino”, pues en su raíz se halla la forma teu o teo, que significa “dios”. Si atendemos a un punto de vista histórico, el Teutli ha jugado un papel relevante en Milpa Alta, como límite comunal, como depósito de minerales de azufre (usados durante la época colonial para la fabricación de pólvora) y como centro ceremonial de gran importancia desde la época prehispánica hasta el siglo XVIII. Un documento interesante es un escrito atribuido a fray Francisco Antonio de la Rosa Figueroa, coadjutor de la Doctrina y Santuario de Nuestra Señora de Tepepan, en la parroquia de Xochimilco, quien hacia 1773 denunció ante el Tribunal de la Inquisición que los indios celebraban ceremonias paganas en varios puntos de la región, especialmente en las cuevas del cerro del Ajusco y en el volcán Teutli, donde se llevaba a cabo la danza de los cuauhtecomates o cuaupetlaques, es decir, lo que hoy conocemos más comúnmente como Danza del Palo Volador. Las descripciones hechas por Figueroa y otros frailes que dejaron noticias sobre esas ceremonias, a las que calificaban de demoniacas y contrarias a las enseñanzas de los franciscanos, contribuyeron a darle fama al Teutli como un lugar mágico en el que los sacerdotes (llamados brujos por los misioneros) de los antiguos cultos indígenas adquirían los poderes que les permitían convertirse en nahuales.

En la actualidad, una costumbre todavía arraigada entre los habitantes de Milpa Alta es subir al Teutli el 3 de mayo, para conmemorar allí el día de la Santa Cruz. En esta celebración se fusiona el culto de origen prehispánico con la liturgia católica. Es tradicional en todo México que el 3 de mayo se asocie con el final de la temporada seca y el inicio de la época de lluvias; por eso en las cimas de los cerros se levantan cruces tapizadas con flores, cendales, veladoras y otros adornos que funcionan como ofrendas para pedir a las divinidades que otorguen una temporada favorable para el crecimiento de las siembras. Así, las cruces erigidas en lo alto del paisaje ritual milpaltense renuevan su papel como “árbol cósmico” ligado al agua, la lluvia y el cultivo del maíz y otros productos agrícolas. Con ello, también, los 12 pueblos originarios renuevan su herencia étnica a través de las tradiciones y las costumbres en las que el Teutli se mantiene como el Señor de Milpa Alta.

 

 


 

* Egresado de la ENAH como antropólogo, con especialidad en lingüística y especialmente dedicado a la investigación sobre la historia de México.

[1] En Villa Milpa Alta, la cabecera de la alcaldía, se realiza la Feria del Nopal durante junio de cada año, celebración que busca fomentar el consumo y la comercialización de esta verdura. En ella se presentan diversos platillos (sopas, ensaladas, guisados, postres y bebidas) preparados con nopal y se llevan a cabo eventos culturales, sociales, deportivos y artísticos. Este evento es semejante, aunque quizás no tan famoso, a la Feria del Mole que se efectúa en San Pedro Atocpan, otro pueblo de Milpa Alta.

2 Hay varios trabajos de Raymundo Flores Melo, miembro del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, que se pueden consultar en:

- http://teuhtli.blogspot.com/2012/04/teuhtli-mito-e-historia_01.html.

- http://teuhtli.blogspot.com/2012/04/teuhtli-otras-historias.html.

- http://teuhtli.blogspot.com/2012/04/nuestros-dioses-del-agua-el-teuhtli-y.html.

También son recomendables el libro De Porfirio Díaz a Zapata. Memoria náhuatl de Milpa Alta, de Fernando Horcasitas (UNAM, México, 1989), y el artículo “Teuhtli. Leyenda”, de Carlos Villanueva Yescas, en el libro conmemorativo Escuela Secundaria Diurna Núm. 9 “Teuhtli”, 1940-1965. Un cuarto de siglo de labor educativa (Lito-Impresora Panamá, México, 1966).

  

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