Aunque el Día del Abuelo nos ofrece una oportunidad para festejar cada 28 de agosto a esos seres adorables que siguen reuniendo a su alrededor a toda la familia, también nos debe servir como un recordatorio de que no debemos desatender las crisis que se presentan en la tercera edad con motivo del deterioro de las capacidades.

 

 

La tercera edad es una de las etapas de desarrollo en la que enfrentamos algunas de las mayores crisis a lo largo de nuestra vida. Generalmente asociamos la vejez con el deterioro progresivo de las facultades mentales, con la jubilación, con las dificultades emocionales (por los cambios ocurridos en el ámbito social, laboral y familiar) y con la aparición de enfermedades crónicas, dolores musculares, reumatismo, pérdida de la vista y de la audición, así como cuadros de demencia y ataques de ansiedad y depresión.

Es innegable que la tercera edad trae consigo cambios que para muchas personas son difíciles de aceptar. Las limitaciones debidas a que no es posible realizar las mismas actividades que antes hacían se suman a la soledad causada por la muerte de seres queridos, la jubilación y el aislamiento.

Además de estas experiencias, las condiciones propias de la edad pueden afectar emocionalmente a la persona, al grado de provocarle un estado de depresión.

La depresión es un trastorno del estado de ánimo en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira y frustración interfieren con la vida diaria durante un periodo de tiempo prolongado. Asimismo, en los adultos mayores la depresión presenta ciertas particularidades, por ejemplo, apatía, irritabilidad y desgano propio de la edad. La depresión también suele ocultarse bajo la apariencia de insomnio o de dolor, síntomas que son difíciles de integrar en un cuadro clínico. Sin embargo, aunque esto es algo generalizado, no significa que sea normal; es necesario prestar atención a su presencia para saber si nos encontramos frente a un proceso depresivo o solamente ante un estado temporal.

Reportes indican que las residencias para adultos mayores o asilos reciben cada año a decenas de adultos mayores que son víctimas de la depresión, la cual es el segundo trastorno más común después de la demencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que más de 20 por ciento de las personas mayores de 60 años sufre algún tipo de depresión, cifra que tiende a aumentar cada año, al grado de que en varios países de Europa, como Reino Unido y Suecia, la soledad y el aislamiento social, que derivan en depresión, están siendo atendidos de manera preventiva para evitar que se conviertan en un riesgo para la salud pública. Y es que la soledad tiene, además, un gran costo económico para los gobiernos: un estudio reciente de la London School of Economics ha encontrado que una persona mayor que padece soledad durante 10 años representa un sobregasto aproximado de 8,000 dólares al gobierno en aspectos relacionados con la sanidad y con el uso de los servicios públicos.

Entre los diversos factores que pueden causar depresión en los adultos mayores, además de los ya mencionados, está la mudanza a un asilo de ancianos, que puede generar en algunos de ellos la sensación de abandono y de soledad.

Los adultos mayores, al igual que cualquier otra persona, tienen necesidades de estima y de reconocimiento y necesitan sentir que forman parte de la sociedad y de su entorno cercano, por lo cual es indispensable que convivan con personas de diversas edades, que les permitan tener contacto con otras formas de ver la vida y con experiencias distintas a las suyas.

El caso contrario ocurre cuando al adulto mayor no es abandonado en un asilo, sino cuando se le lleva a vivir con algún familiar y experimenta la pérdida de su independencia. El hecho de ya no poder realizar algunas tareas sin ayuda de otros puede ocasionar en las personas de la tercera edad la sensación de inutilidad. Del mismo modo, la depresión también puede estar asociada con padecimientos como el Parkinson, las enfermedades del corazón o el cáncer.

La depresión en los adultos mayores también puede afectar su capacidad de concentración. Es común que tengan mayor dificultad para procesar nuevos datos, mostrándose más despistados y olvidadizos. La dificultad para prestar atención está relacionada con pensamientos negativos sobre la propia capacidad de hacer bien las cosas o con remordimientos propiciados por acontecimientos del pasado.

Prevenir la depresión es una buena inversión, ya que se ahorra una tercera parte de lo que se gastaría en tratarla. En este sentido, la Asociación Norteamericana de Psiquiatría Geriátrica hace algunas recomendaciones que una persona mayor puede seguir:

  • Es conveniente que el adulto mayor se prepare con anticipación para los grandes cambios de la última etapa de su vida, como jubilarse o mudarse de la casa donde vivió durante muchos años.
  • Mantener las relaciones con los amigos puede ayudar a aliviar la soledad, si la persona pierde a su cónyuge o a un familiar cercano. Estar en contacto con la familia y permitir que lo apoyen cuando se sienta triste es fundamental. Se pueden proponer planes semanales, como comer todos juntos un día a la semana y que los hijos llamen por teléfono a sus padres para saber cómo están y qué han hecho a lo largo del día.
  • Comenzar a realizar pasatiempos ayuda a mantener la mente y el cuerpo activos. Las revistas y los periódicos les permiten estar informado de los temas de actualidad, mientras que hacer crucigramas y sopas de letras mantiene activo el cerebro.
  • Aprender un nuevo idioma o dominar una actividad, como la computación, resulta de gran utilidad para estimular la mente, además de que también ofrece la posibilidad de tener una ocupación y hacer nuevas amistades.
  • Otra posibilidad que aporta satisfacciones es ser parte de una asociación o club de jubilados o, incluso, de un Centro de Día, donde puede asistir para conversar, tomar algo y socializar.

La vejez es la consumación de las experiencias aprendidas a lo largo de la vida, una fuente de conocimientos y también una etapa de vivencias y añoranzas por los años que quedaron en el pasado. Tomar en cuenta las diferentes emociones, sentimientos, temores y dolencias que se pueden experimentar ayudará a prevenir posibles enfermedades, como la depresión, y a tener una mejor calidad de vida.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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