Como ya es una tradición cada año, al llegar la primavera, en Voy&Vengo te presentamos los estilos que dominarán la moda durante los próximos meses. La única premisa para participar en esta temporada es tener una mente abierta que permita mirar el atuendo que ya conocemos con nuevos ojos.

 

Llega una nueva estación llena de novedades, pero lo más sorprendente no es qué nos presenta sino cómo lo hace. Esta particularidad es una constante en las principales pasarelas del mundo donde el rediseño se impuso a las ideas originales. Esto significa que la gran mayoría de las tendencias del momento son replanteamientos de ideas ya conocidas, pero nunca enfocadas de esta manera.

 

Para ellas…

 

Primavera en beige

Si un color es obligatorio para esta estación, ése es el beige. Este tono, que hasta el momento había tenido un bajo perfil, en 2019 ocupará el lugar de honor, siendo una constante en la moda en todos sus matices. Desde los beiges más cercanos al café, pasando por el beige ligeramente grisáceo, hasta el beige claro tan sólo un poco más oscuro que el marfil. Llevar este color de la cabeza a los pies es el reto de la nueva temporada, pues su neutralidad tiende a ser aburrida. No obstante, es la principal tendencia. Por esta razón los diseñadores se han esforzado en presentarlo de maneras poco usuales, que van desde el minimalismo conceptual hasta románticas lecturas en que el beige aparece en vaporosas faldas de tul. Además de estas interpretaciones extremas lo veremos en su forma más icónica: la gabardina tipo trinchera en variaciones infinitas.

 

El vibrante tie-dye

Suele suceder en la moda que un extremo inevitablemente lleve al otro, y por eso la neutralidad de la principal tendencia la complementa una explosión de colorido que se presenta en la famosa faceta del tie-dye, o “tinte atado”, que es como se llama a esta técnica para teñir la ropa de una forma irregular. Asociado tradicionalmente con la moda de los hippies, ya que fue un elemento constante de su look, el tie-dye se separa de su tradicional concepción bohemia para adquirir un update y cubrir con su caleidoscopio de colores atuendos urbanos, prendas de sastrería y hasta piezas de alta costura. Ahora la laboriosa manufactura del tie-dye no se limita a telas de algodón, sino que también aparece en tejidos de lujo, como la seda, por ejemplo, y hasta en materiales tecnológicos. De esta manera son creados nuevos efectos con sus vibrantes colores para toda ocasión.

 

Redes y más redes

Las fetichistas medias de red se extienden para cubrir el cuerpo con divertidos, estrafalarios y sugerentes atuendos de alto impacto sensorial. La mayoría, en maxivestidos que revelan lo se lleva debajo de ellos. Paralelamente a las redes aparecen otros tejidos como el crochet y el macramé, que proponen texturas alternativas para lucirlas mientras éstas dibujan la figura y mantienen la frescura durante los días de calor.

 

Maximalismo en estampados

Esta temporada el maximalismo también se hace presente en un cúmulo de coloridos estampados que se entremezclan para crear una sucesión de formas y colores alegre y dinámica. A veces como una sofisticada interpretación del llamado patchwork, y otras veces con atrevidos diseños textiles. Lo cierto es que para quienes les gusta no pasar inadvertidos encontraremos este popurrí de estampados en interpretaciones que van desde el ondulante vestido de pañuelos hasta los ceñidos minivestidos, en los cuales todo está permitido menos la monotonía.

 

Minimalismo utilitario

En otro dramático giro de 180 grados, contrastan con las otras tendencias las prendas de carácter utilitario en las que los detalles son más funcionales que ornamentales. Grandes bolsillos de parche o de fuelle, dispuestos de maneras insólitas, son el atractivo de amplias prendas indiscutiblemente minimalistas. En esta tendencia las siluetas son amplias, marcadamente geométricas; los materiales son frescos pero resistentes, y muchas de las propuestas parecen ser versiones sublimadas del overall que llevaría un mecánico o un obrero.

 

Para ellos...

 

La importancia de los bolsillos

La reflexión que hace sobre el atuendo utilitario la moda femenina, se ve replicada por el atuendo masculino en una tendencia en que los bolsillos son el punto de interés de todo el atuendo. Esta tendencia es de un estilo un tanto futurista, en la que los bolsillos aparecen prácticamente en cualquier parte del atuendo: desde los lugares habituales como en las caderas o el pecho, hasta en zonas poco comunes, como a la mitad de la manga de la camisa, en la pierna del pantalón o hasta en el tobillo. Bolsillos de todos los tamaños, formas y volúmenes son la respuesta de la moda a la necesidad del hombre moderno que debe salir cada mañana de casa llevando consigo todo lo que utilizará a lo largo del día; claro que deberá recordar en qué bolsillo puso cada cosa. Pantalones tipo cargo, los chalecos para pescar y, en general, cualquier prenda parecida a un uniforme de combate, son rediseñados como piezas indispensables de la estación que se pueden añadir al atuendo usual para darle un efecto completamente distinto.

 

El renacimiento de la trinchera

Con todo el ruido que está haciendo la moda al color beige era de esperarse que esta prenda tampoco pasara inadvertida para los caballeros. Para ellos ésta aparece con nuevas siluetas más holgadas que permiten llevar prácticamente cualquier cosa debajo. A la tradicional trinchera se añaden cortes que le dan un aire novedoso como prenda que asemeja más a una capa que a una gabardina, o bien piezas que llevan letreros estampados que contrastan con su fondo neutral. Por otra parte, la exploración de nuevos materiales tecnológicos aplicados a esta icónica prenda la hace aparecer totalmente renovada con funciones que nunca se pensó que una gabardina pudiera tener.

 

Un nuevo horizonte para el traje

Ciertamente, el traje es considerado el más formal de los atuendos del hombre, pero no el más relajado. Digamos que de manera tradicional la elegancia del traje era inversamente proporcional a su comodidad, pero eso ha venido cambiando poco a poco hasta llegar a un traje que es simultáneamente sofisticado y muy fácil de llevar, como un pijama. Esto es posible, primero, porque el corte desestructurado ha prevalecido junto con las siluetas relajadas, que por fin han dejado fuera al traje ceñido. Además de lo anterior, la ingeniería textil ya produce casimires que pueden ser de la lana más fina y al mismo tiempo tan livianos como una pluma. Más aún, el traje ha entrado a una etapa en que su fusión con elementos del atuendo deportivo es el principal punto de inflexión, como ya se vio la temporada pasada. Juntos, todos estos elementos marcan un nuevo horizonte para el más institucional de los atuendos masculinos, cuya evolución seguiremos de cerca en las próximas temporadas.

 

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