Seguramente recuerdas algún cuento que tus padres, tu maestra o cualquier persona mayor te relató cuando eras niño y dejó marcado en ti un pasaje de la historia o alguna enseñanza. Descubre cómo puedes inculcar en tus hijos buenos hábitos en materia financiera a través de este recurso pedagógico.

 

 

El cuento es un recurso narrativo que aborda prácticamente cualquier tema y a través del cual se pueden transmitir conocimientos y lecciones de vida a los hijos, e incluso adentrarlos al mundo de las finanzas personales de una manera divertida.

A continuación te mostramos el ejemplo de un cuento que puedes utilizar para inculcar el hábito del ahorro a tus hijos.

 

Limoncito y la fórmula de Ana

Rosita es una niña de ocho años muy aplicada que tiene como pasatiempo tejer pulseritas de diversos materiales que regala a sus familiares y a sus amigos. Un día su maestra le dijo que debería venderlas pues estaban muy lindas y así podría ganar algo de dinero y comenzar el hábito del ahorro.

Como se le hizo buena idea, comenzó a venderlas y una parte de sus ganancias la utilizaba para comprar más material y la otra la ahorraba en una alcancía verde en forma de cochinito que le regaló su abuela Tita en su último cumpleaños, y que bautizó con el nombre de Limoncito.

Un día, mientras Rosita iba a guardar dinero en Limoncito, se percató de que no le cabía ni una moneda más, así que decidió sacar el dinero para ver cuánto había logrado juntar.

Rosita estaba muy contenta porque había ahorrado mucho dinero, pero se sentía confundida porque no sabía cómo distribuir sus ahorros entre las cosas que deseaba y, al mismo tiempo, no quería dejar a Limoncito con la barriguita vacía.

Ana, la hermana mayor de Rosita, la observó desde su cama y le preguntó qué le preocupaba. Rosita le respondió que no sabía qué hacer, pues quería comprar muchas cosas pero no le alcanzaba el dinero que tenía ahorrado y además no quería dejar a Limoncito vacío.

Ana, sonriente, le dijo que ella pasó por lo mismo y que su abuela Tita le había enseñado una fórmula que le serviría siempre, y que era momento de que ella la supiera.

Ana saco de un cajón una libreta, un calendario y un lápiz y comenzó a revelarle a Rosita la fórmula para resolver su problema.

Primero le preguntó a su hermanita por las cosas que quería comprar. Rosita le respondió rápidamente: una bicicleta, dos boletos para el concierto de Lucy y las Muñecas del Rock e ir a visitar a su prima Paty a la playa.

Ana le explicó que todas esas cosas que ella deseaba se llaman metas, que cada una de ellas tenía un costo diferente, y que mientras más costosa era su meta, más tiempo tardaría en cumplirla.

Después, Ana preguntó a Rosita cuánto dinero había ahorrado y cuál de sus metas quería cumplir primero. Rosita, orgullosa, le dijo que tenía 1,800 pesos y que quería comprar primero los boletos, porque el concierto era el siguiente mes y le había dicho a su amiga Sofí que la invitaría.

Ana continuó explicando: como cada boleto para el concierto cuesta 500 pesos: necesitarás 1,000 pesos para comprarlos; con tus ahorros te alcanza y aún te sobrarán 800 pesos.

Después de anotar esto en la libreta, Ana preguntó por la segunda cosa que quería comprar. Rosita le dijo que la bicicleta, que costaba 1,200.

Ana siguió explicando: si la bici cuesta 1,200 pesos, y después de comprar los boletos sólo te sobran 800 pesos, aún te faltarían 400 para poder comprarla. Y le preguntó a Rosita si sabía qué tendría que hacer.

Rosita le contestó que tendría que ahorrar más tiempo para poder juntar lo que le faltaba para su bici, y después comenzar a ahorrar para sus vacaciones en la playa. Además de que debía anotar en una libreta sus metas y el costo de cada una, y el recordatorio de que, dependiendo de su ahorro semanal, sería el tiempo que tardaría en cumplir cada meta. Pero le dijo a Ana que aún no entendía qué tenía que hacer para que Limoncito no se quedará con la pancita vacía.

Ana le dijo que recordara que habían sacado 1,000 pesos para comprar los boletos, pero que aún le quedaban dentro de Limoncito 800 pesos.

Rosita brincó de felicidad y le dijo a su hermana que era cierto, que Limoncito no se había quedado con la pancita vacía, y le pidió a su hermana que le ayudara a planear cómo alcanzar sus otras dos metas más rápido, porque después de esa lección necesitaría unas vacaciones urgentes.

 

Enséñales a ahorrar

El cuento anterior es una herramienta que puedes utilizar para adentrar a tus hijos al tema de las finanzas personales y puedes adaptarlo a la edad de tus pequeños, siempre ayudándolos a reflexionar sobre los aspectos que buscas transmitirles. Por eso, en la narración, o al final, es importante que refuerces con ellos algunos aspectos fundamentales del cuento:

- La importancia de fortalecer el hábito del ahorro y de establecer metas.

- Cómo, gracias al ahorro, Rosita pudo cumplir cada una de sus metas y dejar a Limoncito con algo de dinero, para seguir con su hábito de ahorrar.

- Que, dependiendo del costo de cada meta, puede tardarse más o menos tiempo en cumplirla, y que a eso se le llama ahorrar a corto, mediano o largo plazos.

 

Si deseas conocer la historia completa de Limoncito y la fórmula de Ana y otros cuentos de educación financiera, ingresa a la sección “Para Peques” del micrositio Educa tu Cartera en www.gob.mx/condusef.

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