Si tú quieres, moriré

Gerardo Laveaga, Planeta, México, 2018

 

Todos estudiamos en la escuela el Imperio azteca, la Conquista, la Colonia, la Independencia, la Reforma y la Revolución. Sin embargo, por asombroso que parezca, casi no nos detuvimos en uno de los periodos más importantes de la historia de México: aquel en el que se promulgó nuestra primera Constitución política, se eligió al primer presidente del país y se echaron las raíces del federalismo que sostuvieron a la nueva nación independiente.

En su novela más reciente, Gerardo Laveaga presenta a dos grandes figuras de esa época: el jalisciense Valentín Gómez Farías y el guanajuatense Lucas Alamán. Uno liberal; el otro, conservador. Ambos, dispuestos a servir a México y a convertirlo en una gran potencia.

Desgraciadamente, cada uno se negó a pactar con el otro y a llegar a una posición intermedia que permitiera la construcción del país y de sus instituciones. Esta negativa provocó conflictos a granel y una inestabilidad de la que se aprovechó Estados Unidos, que nos arrebató la mitad de nuestro territorio.

Pero el autor no sólo recrea esta época con acierto, sino que se pregunta por qué estos dos brillantes políticos no pudieron ponerse de acuerdo. Imagina qué habría ocurrido si ambos, dejando a un lado su orgullo y sus posiciones ideológicas, hubieran estado dispuestos a llegar a un arreglo con el otro. El resultado nos asombrará: México se habría convertido en una gran potencia.

El autor cuenta que Antonio López de Santa Anna, uno de los villanos predilectos de la historia de nuestro país, murió en 1876 y dejó el país en manos de Gómez Farías y Alamán, obligándolos a unir fuerzas. Así, éstos decidieron vender Texas a Estados Unidos (no las Californias ni Nuevo México), evitaron la guerra con el vecino del norte y trajeron de regreso las grandes fortunas de los empresarios españoles, con las cuales detonaron el desarrollo económico de México.

En la ucronía que nos presenta Laveaga, cambia hasta nuestra bandera que, como homenaje al mestizaje que caracteriza a México, es roja y amarilla —los colores de España— y tiene en su centro a Quetzalcóatl. Por las páginas de Si tú quieres, moriré, desfilan, también, Juan Álvarez, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Francisco García Salinas, Miguel Ramos Arizpe y otros distinguidos actores de nuestra historia.

El título está basado en la heroína de la novela, una mujer inteligente, culta y ambiciosa, que se convierte en la intermediaria entre los dos protagonistas, ayudándolos a conducirse no como jefes de una pandilla sino como los responsables de levantar a una nueva nación. Leer Si tú quieres, moriré nos da ocasión de conocer algunos pasajes olvidados de nuestra historia e imaginar las posibilidades de México como país. No sólo las de ayer… también las de hoy.

 

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