Quizá recuerdes —si no eres demasiado joven— aquellos rumores que hace un par de décadas afirmaban que no llegaríamos al año 2000. Se predijeron cataclismos y fallas en todos los sistemas controlados por computadoras, incluidas las instalaciones nucleares y los sistemas financieros, lo que inevitablemente provocaría caos y, en última instancia, el fin de nuestro mundo. Sin embargo, nada de eso sucedió.

En 2012 volvieron a surgir rumores sobre el fin del mundo, esta vez a raíz de diversos cálculos atribuidos al calendario maya. La fecha prevista para el fin del ciclo que estábamos viviendo fue el 21 de diciembre. Sin embargo, tampoco sucedió nada.

Y el recuento podría seguir... De hecho, a lo largo de la historia de la humanidad ha habido muchísimas profecías y predicciones sobre el fin del mundo, y sin embargo, aquí seguimos... ¿Se trata sólo de las excentricidades de místicos e iluminados, o realmente se acerca un “fin de la humanidad” antecedido por grandes sufrimientos y catástrofes? La llegada de un nuevo año es un buen pretexto para tratar de responder esta pregunta.

Sólo para poner esta cuestión en contexto, conviene echar un ojo a la edad del universo, de nuestro mundo y de la humanidad. Los científicos estiman que nuestro universo surgió con una gran explosión —el Big Bang— hace unos 14,000 millones de años (una cifra imposible de asimilar para el cerebro humano). La Tierra, algo más joven, tiene unos 4,500 millones de años, y la especie humana alrededor de 40,000 años, aunque las primeras civilizaciones surgieron apenas hace unos 10,000 años. En síntesis, la edad del ser humano es una verdadera insignificancia con respecto a la de la Tierra, y nuestro planeta no es más que un grano de arena imperceptible en el universo. De modo que si el día de mañana un cataclismo acabara con la vida humana sobre la faz de la Tierra, no sucedería absolutamente nada a nivel global.

Sin embargo, para la especie humana sería una verdadera tragedia. Nuestra historia ha dado cuenta de extraordinarios progresos que nos han llevado desde las cavernas y la lucha por la supervivencia hasta la conquista del espacio y la muy próxima colonización de otros planetas. Y sería maravilloso poder conservar en la memoria de la especie —aunque ni tú ni yo lo vayamos a ver— decenas, cientos de miles de años más de progresos, descubrimientos y acumulación de saber. ¿Qué le deparará el destino a la raza humana?

Como podrás advertir por los artículos que a lo largo de 2020 te iremos presentando en diferentes secciones de la revista, uno de los temas que dominan la agenda global es la preocupación por el cuidado de nuestro planeta. Frente a problemas que la propia especie humana ha provocado, como el calentamiento global, el uso de energías contaminantes, la desigualdad social, la destrucción de ecosistemas y la desaparición de numerosas especies, urge una acción responsable, solidaria, coordinada. Es mucho lo que cada uno, a nivel individual, puede hacer para evitar que se vuelvan realidad los vaticinios del fin del mundo para las próximas décadas. De no hacer nada, habrá que dar la razón no a las predicciones de místicos excéntricos sino a la contundente evidencia científica de que la vida humana será inviable en un planeta destruido. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo. Que 2020 sea el año en que nos comprometamos juntos por cuidar nuestra casa común. ¿Te apuntas?

 

Cordialmente,

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

 

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