En el mundo actual, dominado por un ritmo de vida acelerado y por preocupaciones y expectativas que surgen de los roles que desempeñamos, ¿sabemos ser felices y hacer felices a las personas que amamos? Carlos Cuauhtémoc Sánchez te dice cuáles son los aspectos clave para tener calidad de vida.

Es muy común ver jóvenes entusiastas y llenos de energía, que trabajan duro con el afán de prosperar económicamente, pero que están inmersos en una rueda laboral sin fin, que les causa zozobra y parece no llevarlos a ningún lado.

Al principio de mi matrimonio yo era así. Trabajaba de sol a sol. Cuando llegaba a casa estaba tan agotado que únicamente quería descansar. Exigía silencio absoluto. Todo me irritaba. Emocionalmente me sentía solo. Mi esposa se acercaba a mí para tratar de platicar, y yo le pedía, prácticamente, que me dejara en paz. Debía levantarme temprano al día siguiente. Era un trabajador perseverante pero no tenía salud. Vivía exhausto.

Por lo regular, la mayoría de los hombres que intenta tener progreso en el trabajo sacrifica el tiempo libre, al grado de acabar con su vida privada, y viceversa. Muy pocos consiguen el equilibrio. Las familias de hoy casi no conocen la calidad de vida.

Yo entendí con los años que el equilibrio es indispensable para darle estabilidad al hogar. Y el equilibrio se conforma de dos aspectos: 1) Productividad en el trabajo. Logros y crecimiento profesional constante. 2) Tiempo libre. Una vida privada de pareja intensa y completa.

Pero, ¿cómo se logra el equilibrio cuando hay tantos compromisos de pago y todo el peso de solventarlos recae sobre el varón?

En primer lugar, recuerda que el tiempo es tu activo de mayor valor. Si pierdes tiempo, pierdes dinero. Cada mañana, con objetivos claros, ataca los desafíos más importantes hasta terminarlos. Planea agresivamente, haz llamadas, negocia con eficiencia, convoca a gente, resuelve problemas.

No desperdicies minutos valiosos en los intervalos entre una actividad y otra; decide y actúa rápido, contagia tu alto ritmo productivo al equipo; disfruta lo que haces, produce mucho y logra más que cualquiera. ¡Añade valor a todo lo que tocas, generando ganancias económicas para tu organización y para ti! La inercia productiva te hará imparable.

Y todo eso, ¿con qué propósito? ¡Para que puedas detenerte a las seis de la tarde, cambiar de chip y dedicarte a ti mismo y a tu familia!

Establece un límite de horario en tu trabajo productivo. Incluso, programa una alarma. Cuando suene el reloj, deberás haber logrado todas las metas profesionales importantes del día. ¡Frena!, ¡cambia de ritmo!, ¡cambia de ropa y vuelve a ser un niño o un joven enamorado!

A una determinada hora del día, tú y tu pareja bloqueen mentalmente todo lo referente al trabajo y concéntrense en actividades familiares. Apaguen el teléfono o no contesten llamadas de negocios. ¡Acostúmbrense y acostumbren a sus conocidos a no mezclar los tiempos! Cuiden su vida personal y de pareja.

Creen momentos mágicos. Disfruten haciendo ejercicio físico, viendo un partido, saliendo a un parque con sus hijos, gozando un atardecer, tomando un masaje en un spa, yendo al cine, haciendo el amor sin prisas, concentrados en los detalles más románticos.

Yo tardé mucho tiempo en entender todo esto. Causé angustia a mi bella mujer en el proceso y fue injusto. Ella no se merecía pasar por todo el estrés de tener que lidiar con un hombre desequilibrado que trabajaba como maniático y no sabía generar calidad de vida.

Hoy la pregunta más importante que me hago cada mañana, al levantarme y mirar a mi reina junto a mí, es ésta: “¿Cómo puedo hacer mejor la vida de esta mujer?” Algunos creemos que nunca es demasiado tarde ni demasiado temprano y luchamos por hacer realidad esos sueños. En su honor.

Lo anterior es uno de los puntos que expongo en mi nuevo libro: Si quieres casarte con mi hija, debemos hablar. En él abordo 12 temas cruciales para las parejas, ya sea que estén a punto de casarse o que lleven años de unión. Comenzó siendo la carta de un padre hacia el prometido de su hija, de hombre a hombre, pero como amigos. El texto fue creciendo poco a poco, hasta convertirse en el documento más importante que he escrito en mi vida. Te invito a leerlo.

© Voy vengo 2016 Todos los derechos reservados - Política de Privacidad