¿Eres de las personas que sientes vergüenza al hablar con gente que no conoces? ¿Te produce un gran malestar hablar en público? ¿Te sientes inseguro cuando estás rodeado de gente? Si tu respuesta es afirmativa, tal vez estés enfrentando dificultades para manejar la ansiedad en situaciones sociales.

 

 

Miguel, un estudiante universitario, relataba que a veces no llegaba a clases por temor de que sus profesores le preguntaran el tema de la lección anterior. Su temor no estaba relacionado con haber estudiado mal, ya que sus calificaciones siempre eran las mejores de su clase, sino con lo que los profesores o los compañeros pudieran pensar; por ejemplo, creía que todos lo verían ponerse rojo cada vez que tuviera que responder a una pregunta. Le daba miedo, y lo hacía sentir inseguro, la idea de que la gente pudiera criticarlo y que se diera cuenta que era menos inteligente que los demás. Muchas veces Miguel dejaba de hacer cosas por temor a lo que la gente pudiera pensar de él, como ir a fiestas o a reuniones sociales, por la incomodidad de sentirse torpe y tener que hablar frente a otras personas. Evitaba a toda costa entrar en discusiones o dar su opinión, en parte por miedo a molestar a otras personas, pero también por temor a que alguien lo confrontara y él tuviera que expresar su opinión en un debate.

Así como Miguel, muchas personas experimentan todos los días serias dudas sobre lo que otros piensan de ellos y ven limitada su interacción social. Generalmente, durante la adolescencia empezamos a ser más conscientes de lo que piensan otras personas sobre nosotros. Nos preocupamos por ponernos la ropa “correcta”, decir lo “correcto” y hacer lo “correcto”, ya sea para ser el centro de atención o para evitar ser criticados por los demás. Estar al pendiente de la opinión de los demás y buscar su aprobación es, en cierta forma, normal. Pero se convierte en una situación problemática cuando interfiere en el desarrollo de nuestras actividades cotidianas, al grado de que genera niveles importantes de ansiedad.

Los temores más comunes están relacionados con asistir a fiestas y a otras reuniones sociales, comer en público, conocer nuevas personas y hablar en público. Al pensar que es vigilada y juzgada por todo el mundo, una persona puede llegar a sentir mucha vergüenza cuando hace las cosas mal. Ponerse rojo, sudar excesivamente, temblar y experimentar dificultad para hablar son síntomas comunes. Además, el miedo y la ansiedad pueden llegar a ser tan intensos que interfieren en el trabajo, en la escuela y en otras actividades cotidianas.

Todos, en mayor o menor medida, tenemos miedo al rechazo, pero una de las cosas que diferencian a una persona segura de sí misma de otra que no lo es, es que la primera aprendió a manejar el miedo. A continuación, se presentan cinco estrategias que pueden ayudar a vencer la ansiedad asociada a situaciones sociales.

 

Aprender a querernos

Cuando tenemos una baja autoestima y falta de confianza en nosotros mismos es común que nos sintamos débiles en situaciones sociales, ya que tenemos miedo a sentirnos juzgados. El primer paso para acabar con nuestro miedo al rechazo es trabajar la autoestima. Una buena forma de empezar a hacerlo es aprender a valorarnos por lo que somos: ser conscientes de nuestras virtudes, así como de nuestros defectos, consintiéndonos y perdonándonos. También es importante ser conscientes de que podemos mejorar y no avergonzarnos por equivocarnos; parte de aprender es saber corregir nuestros errores.

 

Reírnos de nosotros mismos

Reírnos de nosotros mismos y de nuestros errores es un acto de valentía. De ese modo demostramos que no tenemos miedo a ser juzgados. Además, todos hemos fracasado alguna vez y no hay nada de malo en eso; así que lo mejor que podemos hacer es alegramos de nuestros errores porque al fallar adquirimos un nuevo conocimiento y nos acercamos más a nuestra meta. Si logramos entender que los errores son parte del proceso de aprendizaje, crecemos como personas.

 

Hablar de nuestra ansiedad

Hablar con una persona cercana acerca de nuestras dificultades sociales ayudará a que los demás puedan entendernos y empaticen con nosotros. Compartir nuestros pensamientos y nuestro dolor con los demás nos hace sentir mejor y, además, resulta beneficioso, porque procesamos lo ocurrido y llegamos a nuevas soluciones, en lugar de quedarnos en un círculo vicioso de miedo y ansiedad.

 

Tomar la iniciativa

Los miedos no se vencen de un día para otro. Se requiere constancia y paciencia para hacerlo. La mejor forma de dar pequeños pasos para vencer el miedo es tomar la iniciativa al iniciar conversaciones en situaciones cotidianas que no supongan un gran esfuerzo. Por ejemplo, al comenzar una conversación sobre el clima con un desconocido en la parada del autobús, al hablar en el elevador o al saludar a la cajera de la tienda, aprendemos a manejarnos en diferentes contextos sociales y nos preparamos para sentirnos más seguros en próximas experiencias. Asimismo, es recomendable experimentar cosas nuevas y salir de nuestra zona de confort al conocer diferentes contextos, como inscribirnos en una clase de arte o comenzar a practicar un deporte de conjunto.

 

Relajarnos

Finalmente, no hay mejor manera de combatir la ansiedad que aprender a respirar y a practicar técnicas de relajación. Existen muchas técnicas psicológicas que nos pueden ayudar a luchar contra la ansiedad y el estrés (puedes volver a leer el artículo “¿Sabes cómo manejar tus emociones?”, publicado en Voy&Vengo en abril de 2018), aunque también hay otras formas de relajarnos, como la meditación y el yoga, o practicar algún deporte.

 


* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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