¿Conoces a alguien —o incluso tú mismo— que siempre está desconfiando de los demás y sospechando que sus acciones tienen intenciones ocultas? Aunque el dicho popular “Piensa mal y acertarás” en ciertos casos pueda ser atinado, llevado al extremo puede reflejar un problema de carácter psicológico: delirios paranoides.

 

 

Francisco, un hombre conservador, educado y religioso, conoce a Gloria una mañana en la iglesia y, aunque es novia de un amigo, se obsesiona con ella, al grado de que logra separarlos y, después, casarse con ella. Al poco tiempo de casados comienza a mostrarse extremadamente celoso y posesivo con su esposa, generalizando los celos a cualquier hombre que pudiera establecer algún tipo de relación con ella. Francisco culpa a Gloria de sus celos y le prohíbe ver a cualquiera durante meses, sometiéndola a un maltrato psicológico con considerables humillaciones. Aunque no existe nada que confirme que su esposa lo engaña con otros hombres, él sólo cree en su propia realidad: su mujer le es infiel. Pronto empieza a sufrir alucinaciones y piensa que los demás se burlan de él porque saben que su mujer lo engaña. Al final, Francisco es trasladado a un hospital psiquiátrico para ser atendido de sus patológicos celos.

Lo anterior es un fragmento de la película Él, que habla sobre un hombre paranoico, cuyos celos patológicos lo llevarán a convertirse en un tirano maltratador. El filme es considerado una de las obras maestras del cineasta Luis Buñuel y ocupa la séptima posición entre las mejores películas del cine mexicano. Además, es célebre entre los profesionales de la salud mental por la exactitud con la que retrata los casos de paranoia.

El trastorno paranoide de la personalidad, también conocido como paranoia, se caracteriza por una desconfianza muy definida y generalizada hacia las demás personas; extrema suspicacia hacia los actos, actitudes o intenciones de los demás, y presencia de delirios paranoides, es decir, la firme creencia de que los demás buscan perjudicarnos de alguna manera.

 

Características de la personalidad paranoide

La característica esencial del trastorno paranoide, o personalidad paranoide, es un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los otros, de manera que las intenciones de éstos son interpretadas como maliciosas. Las personas con este padecimiento dan por hecho que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o los van a engañar, aunque no tengan prueba alguna que apoye estas ideas. Aun así, creen tener motivos suficientes para sospechar que los demás están urdiendo algún plan en su contra y que pueden ser atacados en cualquier momento. Se preocupan por dudas injustificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de sus amigos, incluyendo recurrentes sospechas de infidelidad de su cónyuge, lo que los lleva a experimentar celos patológicos; por lo tanto, son reacios a confiar o a intimar con los demás y suelen mostrarse fríos y distantes. En los hechos más inocentes vislumbran significados ocultos que resultan amenazantes: un elogio o un intento de ayuda pueden ser vistos como una crítica en el sentido de que no están haciendo algo bien. Como siempre están pendientes de las malas intenciones de los demás, las personas con paranoia a menudo se sienten atacadas y reaccionan con ira ante los ultrajes que reciben, tienen dificultad para aceptar la crítica y culpan a los demás de sus errores; además, suelen albergar rencores y son incapaces de olvidar los insultos o los desprecios de cuales creen haber sido objeto.

 

Causas

Aunque este trastorno se ha estudiado a fondo todavía no hay datos concretos sobre sus causas. Algunas teorías sostienen que se debe a una mezcla de factores biológicos y genéticos junto con factores aprendidos y sociales; es decir, existe cierta predisposición genética y biológica a tener una estructura de pensamiento de tipo paranoide, pero también las experiencias durante la infancia, las conductas aprendidas y el entorno pueden predisponer a esta condición.

 

Tratamiento

El tratamiento para el trastorno paranoide de la personalidad suele apoyarse en la terapia psicológica basada en el modelo cognitivo conductual, donde un especialista ayuda a trabajar las creencias desadaptativas e irracionales del paciente. Si es absolutamente necesario, también deben administrarse psicofármacos para complementar la terapia psicológica, y sólo cuando los síntomas y el contexto particular y social de la persona afectada así lo ameriten; por ejemplo, si el paciente se encuentra excesivamente ansioso o si sus pensamientos delirantes ponen en peligro su vida o la de otras personas.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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