Los perros han sido compañeros del hombre desde hace mucho tiempo, pero algunos han sido testigos de grandes sucesos en la historia, pues han sido los consentidos de emperadores y reyes, con quienes han desarrollado un fuerte lazo afectivo.

 

 

En Egipto, el perro de la realeza es una extraña raza llamada pharaoh hound. En algunas figuras que encontramos grabadas en ruinas antiguas se puede observar a estos perros como compañía y guardianes de los faraones. Estos perros eran sacrificados y embalsamados junto con su amo para hacerles compañía y para cuidarlos en la otra vida.

En Japón, el perro akita ha sido reconocido por su fuerza y su lealtad. Existe la creencia de que, por ser un animal de la nobleza y de casta guerrera, si un samurái fallecía sin honor podría reencarnar en un perro de esta raza, como una segunda oportunidad para morir con honor y lealtad.

En China, el pekinés fue criado en el Palacio Imperial. Se asegura que la realeza lo traía dentro de sus mangas, pues este ejemplar era muy pequeño. En esta cultura el perro también era sacrificado cuando moría el emperador, para que lo acompañara en su viaje al más allá. Otra raza consentida de los emperadores chinos es el pug, muy estimado por sus dueños, al grado de que gozaba de grandes lujos; incluso contaba con sirvientes para su atención.

Cuando el pug llegó a Europa, gracias a los comerciantes que arribaban con él a los puertos de Holanda, se convirtió en el perro oficial de la Dinastía Naranja. Al conocer a estos hermosos perritos, Francia los adquirió para regalarlos a las monarquías. Josefina Bonaparte recibió uno como regalo y lo nombró Fortuna. Por su parte, María Antonieta, esposa de Luis XVI, recibió uno a quien llamó Mops (nombre con el que se conocía a esta raza en China). Por lo anterior, a esa se le conoció como la raza de la aristocracia. Se asegura que la emperatriz también tuvo un spaniel al que llamó Thisbe, quien la acompañó hasta sus últimos momentos, antes de ser condenada a la guillotina. Sin embargo, algunos historiadores aseguran que esos perros fueron de raza caniche.

Años más tarde, en Inglaterra, la reina Victoria recibió como regalo una pareja de pugs que utilizó para su crianza. En Escocia, en el siglo XVI, María Estuardo, media hermana de Isabel I, tenía predilección por la raza king Charles spaniel. Se asegura que cuando la ejecutaron, en 1587, encontraron en su regazo a uno de sus perros. Hasta la fecha, ésta ha sido una de las razas favoritas de la realeza inglesa, ya que el príncipe Carlos, hijo de la reina Isabel II, cuenta con varios ejemplares.

Aunque todas las monarquías europeas han tenido preferencia por esas razas, es famoso el amor y el cuidado que la reina Isabel de Inglaterra le prodiga a la raza corgis. Su inclinación por esta raza comenzó cuando la emperatriz tenía siete años de edad, cuando tuvo como mascota a Duke, o Dooki, como la llamaban cariñosamente. A los 18 años recibió otra perrita, llamada Susan. Se afirma que todos los perros que ha tenido la reina son descendientes de ésta. Estos perritos consentidos tienen su propio cuarto en el palacio; su comida la prepara personal especializado. Cada uno tiene una camita levantada del piso para que no tengan frio, y son compañeros inseparables de la reina, la acompañan a sus paseos y a veces a sus actos públicos. Son tan famosos que en el Jubileo de Oro de la reina se emitió una moneda conmemorativa con el retrato de la emperatriz y uno de sus perros. La reina tomó la decisión de criar esta raza debido a que estaba desapareciendo. Durante su reinado ha tenido más de 30 perros, pero en 2015, cuando murió uno de ellos, decidió no adoptar más, porque no desea dejar abandonado a ninguno cuando fallezca. Su ultimo perrito falleció hace cuatro meses.

Los nietos de la reina han heredado el amor por los perros. El príncipe Guillermo, por ejemplo, tuvo un labrador que falleció hace 10 años, pero decidió adoptar un nuevo cachorro, un springer spaniel, al parecer sacado de un refugio, aunque hay quien asegura que es producto de una cruza con un perro de la madre de la duquesa Kate.

Es posible que el emperador Federico II, llamado el Grande de Prusia, sea el autor de la famosa frase: “Entre más conozco a los hombres, más quiero a mis perros”, con la que se refería a la fidelidad de sus mascotas, después de que lo defendieron de un ataque. Este rey llegó a tener más de 50 perros de la raza greyhound. No obstante, algunos historiadores le adjudican esta frase al escritor Lord Byron, quien escribió un epitafio para su perro, un labrador retriever: “Tienes la grandeza de los grandes hombres y ninguno de sus defectos”.

En México el perro nativo es el xoloitzcuintle, cuya raza no ha sido modificada desde hace 7,000 años. Este curioso ejemplar, que carece de pelo y tiene una figura estética, fue designado por el dios Xólotl como guía de las almas que viajaban a Mictlán o Inframundo. Los emperadores aztecas debían tenerlo siempre a su lado, de manera que, al fallecer, el perro debía ser sacrificado para guiarlos en su viaje final.

 


 

* Protectora independiente de animales sin hogar desde hace más de 20 años.

 

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