Los sentidos del gusto y del olfato desempeñan un papel importantísimo en la elección de los alimentos, en su aceptación y consumo, puesto que de ellos depende la detección del sabor y la palatabilidad. No obstante, no son los únicos que entran en juego al momento de alimentarnos. Te invitamos a conocer cómo están implicados todos nuestros sentidos en esta actividad.

 

 

El proceso neurológico se encarga de organizar la información que percibimos de nuestro cuerpo y del entorno que nos rodea, pero si existe una dificultad en el procesamiento sensorial y no adevertimos de manera adecuada las sensaciones que provienen del ambiente y desde nuestro cuerpo, la respuesta no será acorde al estímulo recibido, lo cual puede influir en nuestro nivel de alerta, atención y capacidad para organizar el comportamiento diario.

Estas dificultades pueden llegar a influir en el procesamiento sensorial en una actividad tan importante como la alimentación, que podemos definir como una actividad fundamental para nuestra supervivencia que, además, se encarga de funciones tan diferentes como socializar, establecer relaciones, organizar rutinas, etcétera. Para que ésta sea exitosa es necesaria la cooperación de múltiples componentes y habilidades tanto motoras como cognitivas y sensoriales.

No podemos olvidar que somos más que un cuerpo, que tenemos una mente, emociones y una parte espiritual que engloba todo. Contar con un equilibrio entre la nutrición emocional y física es de suma importancia, ya que las emociones —ya sean positivas o negativas— se reflejan en cada uno de los tejidos del cuerpo, como sucede con las cualidades de los alimentos que comemos.

Por lo anterior, tener una mente equilibrada y sana es fundamental para poder planificar, organizar y crear el estilo de vida que queremos. Si la tenemos saturada de pensamientos que nos llevan continuamente al pasado y al futuro, es decir, a espacios y a tiempos inexistentes, y proyectamos emociones que no nos aportan nada positivo, el cuerpo percibe una amenaza. Cuando ocurre esto, segregamos cortisol y adrenalina, los cuales nos hacen estar alertas y en tensión. Como la mayoría de nosotros vive en la ciudad, con ruidos, un ritmo de vida muy acelerado, niveles de contaminación muy elevados, excesivas obligaciones y muchas tareas por hacer, los niveles de cortisol y adrenalina no suelen bajar, y como el inconsciente percibe este entorno como una amenaza, hace que vivamos de una manera que tiene repercusiones negativas en el cuerpo, en la mente, en las emociones y en la salud.

La nutrición es un proceso que engloba aspectos psicológicos, biológicos y sociales involucrados en la obtención, la asimilación y el metabolismo de los nutrimentos por parte del organismo, en el cual se incluyen la ingestión, la digestión, la absorción, el transporte, la utilización y la excreción de sustancias alimenticias, todo lo cual tiene como objetivo asegurar al organismo un desarrollo óptimo.

Una alimentación saludable con los nutrientes necesarios desde la infancia es uno de los factores más importantes para un adecuado crecimiento y desarrollo, así como para generar hábitos alimenticios saludables en los niños, a quienes ayudará a prevenir el sobrepeso, la obesidad, la desnutrición crónica y el retraso del crecimiento.

En el acto de comer están implicados todos los sentidos, pues el proceso de las sensaciones que percibimos al probar un plato es muy complejo, ya que intervienen capacidades innatas y adquiridas que se desarrollan progresivamente e interactúan durante toda la vida. Estas sensaciones dependen, por un lado, de nuestras capacidades y, por el otro, del alimento por sí mismo.

El papel de los sentidos en la alimentación no se limita exclusivamente al sabor o al olor. Comer con todos los sentidos hace que se disfrute mucho más la comida, su sabor, su olor y su textura. Por eso debemos percibir los alimentos a través de nuestros cinco sentidos: olfato, gusto, tacto, vista y oído, ya que todos juegan un papel fundamental a la hora de decidirnos por un producto u otro.

 

La vista

Es uno de los primeros sentidos por los que nos acercamos a la comida. La vista capta los colores, las formas, la cantidad, la presentación y el modo de preparación. Y si lo que se percibe nos resulta atractivo es más probable que lo probemos. Con la vista “comemos”, pues propicia que los alimentos nos apetezcan o no. En este sentido, funciona como reguladora del apetito. No obstante, es un sentido que por sí solo puede engañarnos, ya que en algunas ocasiones no nos permite medir las cantidades, por lo cual pedimos en exceso.

 

El olfato

Es importante a la hora de comer porque ayuda a preparar los jugos gástricos que después participan en la digestión de los alimentos y también porque el olor de la comida puede indicanos que ésta se encuentra en buen estado. Este sentido se interconecta con el sentido del gusto, con el que actúa en conjunto. Si un alimento huele bien es muy probable que su sabor sea agradable.

 

El tacto

Desempeña dos funciones importantes a la hora de consumir un alimento: uno es con respecto a la textura y el otro con respecto a la temperatura. Gracias a este sentido, la combinación de diferentes temperaturas en un mismo plato propicia que percibamos varias sensaciones a la vez. También percibimos la textura de los alimentos mediante el contacto con ellos.

 

El oído

Aunque en menor medida que el resto de los sentidos, aporta información cuando, por ejemplo, consumimos alimentos o productos crujientes.

 

El gusto

Nos permite disfrutar con mayor intensidad los alimentos que consumimos. Y cuando un sabor no nos gusta puede suponer un martirio sentirnos obligados a comerlo. Existen cuatro sabores o sensaciones primarias: ácido, dulce, salado y amargo, que en diversas combinaciones pueden dar lugar a muchas otras sensaciones que podemos disfrutar cuando comemos.

En síntesis, cada uno de nuestros sentidos es necesario y desempeña un papel muy importante a la hora de valorar un alimento o un plato preparado.

 


 

* Licenciada en nutrición.

 

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