La gastronomía es un elemento característico de nuestro país y gracias a la riqueza y la variedad de recetas que la conforman es considerada Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad por la UNESCO. La cocina poblana, en particular, representa un elemento clave en esta denominación, ya que cuenta con platillos reconocidos a nivel internacional.

 

 

En Puebla es posible degustar diversos platillos con sabores característicos de la región. Uno de los más exquisitos y tradicionales de la gastronomía del estado es el mole de caderas, que se puede degustar solamente en octubre y noviembre.

Durante varios años la ciudad de Tehuacán ha sido sede de la tradicional “Matanza”, una costumbre que forma parte del patrimonio cultural de Puebla y que se lleva a cabo desde finales del siglo XVI, a partir de la multiplicación del ganado que se dio en aquella época. Hasta hace algunos años los chivos realizaban un recorrido desde la costa hasta el valle de Tehuacán, donde se realiza, aún en la actualidad, el festival étnico de la matanza.

De acuerdo con la tradición, un día antes de que inicie la temporada, los matanceros arreglan el lugar con hierbas y encienden una fogata. El primer chivo que se sacrifica es adornado con flor de muerto y ofrecido a los dioses como petición de permiso y adoración. El ritual lo realiza un matancero que, se asegura, establece contacto con los dioses.

El sabor del mole de caderas se debe a la especial alimentación a la que se someten los chivos, esto es, a base de buenos pastos, flor de chilaco, ramas de encino y sal. Éste es uno de los platillos de mayor tradición e importancia del estado y se puede comer en casi todos los restaurantes de Puebla. Se elabora con la cadera y el espinazo del chivo, los cuales se cocinan en una salsa de chiles, tomates, jitomates y ejotes típicos de la región.

Puebla es reconocido por su vasta gastronomía, que se compone de platillos y sabores reconocidos a nivel internacional, como es el caso del mole poblano, el platillo mexicano más famoso del mundo, cuya creación data de 1700, cuando las monjas del Convento de Santa Rosa pretendían elaborar un platillo digno del virrey español Tomás Antonio de la Serna y Aragón, que visitaba la ciudad. La mezcla creada por sor Andrea de la Asunción incluye, entre otros ingredientes, diversos tipos de chile, jitomate, cebolla, canela, ajonjolí, almendras y chocolate.

La historia del chile en nogada es similar; la primera vez que se elaboró fue en 1821, cuando Agustín de Iturbide visitó Puebla, luego de la firma del Acta de Independencia de México. Con motivo de su cumpleaños, las madres agustinas del Convento de Santa Mónica decidieron elaborar un plato que tuviera los tres colores de la bandera mexicana, para lo cual utilizaron el chile poblano para el color verde, la nogada para el blanco y la granada para el rojo.

Actualmente, los chiles en nogada se pueden disfrutar durante agosto y septiembre, que es cuando se produce la nuez de Castilla utilizada para elaborar la salsa blanca, denominada nogada. El chile va capeado y relleno de picadillo con fruta, piñón y otras especies.

Otro de los platillos tradicionales de Puebla son las chalupas, unas pequeñas tortillas de maíz fritas en manteca de cerdo que se bañan con salsa verde o roja y se acompañan con cebolla y carne deshebrada de res, puerco o pollo.

Además los antiguos pobladores de la Ciudad de Puebla elaboraban exquisitos dulces con frutas y semillas, ricos caramelos de miel y leche envueltos en hojas de agradable aroma y toda clase de delicias para consentir el paladar de habitantes y extranjeros por igual. Durante los siglos XVI y XVII algunos conventos de Puebla eran verdaderas fábricas de dulces donde las monjas competían en ingenio y dedicación para preparar y ofrecer a la sociedad poblana y a los extranjeros los mejores caramelos y galletas de la ciudad, con formas y presentaciones originales.

Finalmente, desde hace más de 100 años surgió la elaboración de vinos en el municipio de Zacatlán. Para su preparación se cuidan todos los detalles, desde el cultivo de la fruta hasta la recolección, la molienda y el prensado. El jugo obtenido de la prensa se deposita en tinas o barricas de madera para su fermentación natural, a las cuales se les agrega jarabe de forma lenta y continua. Este proceso de fermentación se lleva a cabo durante un año. Terminada esta fase de añejamiento la bebida se filtra y pasa al envasado en botella de vidrio para su venta.

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