Carlos Cuauhtémoc Sánchez opina...

 

 

 

José Carlos —el protagonista principal en Los ojos de mi princesa, del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez— está enamorado de Sheccid. Cuando se entera de que ella ha sufrido el maltrato emocional de su padre, quien ha renegado de sus hijos, le escribe esta hermosa carta, expresión de un profundo amor paternal.

Princesa:

Tú no tienes la culpa da los problemas que han ocurrido en tu casa. Imagino que estarás pensando cómo ayudar a que la paz regrese a tu hogar. Pero no te angusties. Mejor, vuelve a soñar. La familia que formes cuando seas adulta debe ser distinta.

Por mi parte, sueño con crecer, estudiar una carrera profesional, encontrar un gran trabajo y tener un hogar.

Pienso en mi hijo. (¿En nuestro hijo?)

Me imagino que a los cinco o seis años me cuestionará: “¿De dónde he venido, papá?” Antes de responderle, lo sentaré en mis rodillas y le haré una pregunta: “¿Sabes lo que es el amor?” Será interesante conocer lo que piensa nuestro propio hijo acerca del amor, porque creo que la forma en que un hijo vive el amor determina gran parte del éxito o el fracaso de sus padres.

“¿Has pensado por qué yo soy tu papá y no lo es cualquier otro señor? Pues porque a ti y a mí nos une el amor. Un lazo que nos hace necesitarnos mutuamente para poder vivir, correr a abrazarnos muy fuerte después de un día de trabajo, preocuparnos el uno por el otro cuando estamos lejos; un lazo invaluable, ¿comprendes? A ti no te trajo una cigüeña ni naciste de ningún otro cuento absurdo. Naciste del amor. Del amor que nos une a tu madre y a mí; algo similar a lo que existe entre nosotros, ¿sí? Ella y yo nos amamos y vivimos siempre cerca; un día nos acercamos cuerpo a cuerpo y tú naciste de esa máxima unión física, naciste de ella y de mí. Cada uno aportó algo de sí mismo para que tú pudieras existir.”

Será fundamental hablarle del sexo; así, desde pequeño sabrá que proviene de él; le enseñaré a ver la sexualidad como el clímax del amor, a respetarla, a valorarla y a rechazar a todos aquellos que la ensucian y la envilecen.

Será hermoso compartir con ese hijo la verdad, las experiencias que me han ido formando. Sé que no será sencillo, pero pondré todo mi entendimiento en conseguirlo, porque lo más importante que los padres pueden heredar a un hijo es la seguridad de que vale mucho, y de que su vida tiene sentido.

Sheccid, sé que tus papás han tenido una mala racha. Perdónalos y sigue adelante. ¡En general han hecho bien su trabajo, porque te crearon a ti, el ser más extraordinario sobre la tierra! Y si últimamente no te han recordado todo lo que vales, aquí estoy yo para hacerlo…

Cuando hayas leído esta carta tendrás una radiografía de mis pensamientos sobre el tema. Déjame conocerte a ti ahora. Escríbeme algo. Dime con tus propias palabras si piensas lo mismo que yo… si estás de acuerdo en que cuando, eventualmente, nos casemos, abrazarás a nuestro hijo, lo mirarás a los ojos y le dirás lo mismo: que ha nacido del amor.

 

 

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