¿Recuerdas la canción “El Año Viejo”, grabada por primera vez por Tony Camargo en 1953 y que se ha convertido en un clásico cada mes de diciembre? Este cierre de año es una buena oportunidad para repasar, como decía la canción, todas aquellas cosas buenas que nos ha dejado este año que está por concluir. Porque incluso las malas experiencias que hayamos vivido, si las analizamos con serenidad y aprendemos de ellas, al final nos dejan valiosas enseñanzas de vida y nos ayudan a valorar todas las bendiciones que tenemos.

¿Qué cosas buenas te ha dejado este Año Viejo en lo personal? ¿La llegada de un nuevo miembro a tu familia? ¿Un cambio o ascenso en tu trabajo? ¿El lanzamiento de un negocio propio? ¿La conclusión de los pagos de una hipoteca? ¿Conocer al amor de tu vida? ¿Recuperarte de alguna lesión o enfermedad? ¿La terminación de un curso o de una carrera profesional? ¿El reencuentro con familiares o amigos de los que te habías alejado? ¿Hacer un viaje que habías añorado por mucho tiempo? ¿Adquirir algún habito que siempre habías querido tener y que no habías conseguido por falta de determinación? ¿Haber disfrutado de salud y del amor de tus seres queridos? ¿Tomar clases de algo que siempre quisiste aprender?

Si dedicamos un momento a pensar en lo afortunados que somos, podríamos hacer una lista interminable de cosas buenas que hemos recibido, muchas de ellas producto del esfuerzo personal que hemos puesto para alcanzarlas, y muchas otras resultado de la buena suerte, la casualidad, la providencia divina o el karma, como quieras llamarlo según sean tus creencias.

Además de lo bueno que has recibido en lo individual, el cierre de año también representa una gran oportunidad para pensar en las experiencias que vivimos en el país que vale la pena rescatar, por ejemplo, el despertar del sentimiento patriótico y el orgullo nacional ante quienes han intentado menospreciar a los mexicanos —como el presidente de Estados Unidos—, o la solidaridad de millones de personas que se movilizaron con víveres o con su tiempo y esfuerzo para ayudar a los más necesitados en los sismos de septiembre.

Aunque siempre habrá razones para ponerse pesimistas o escépticos ante la posibilidad de tener un futuro mejor, los ojos con los que veamos los acontecimientos harán toda la diferencia. Te invito a que este año que está por concluir, y como propósito para 2018, te animes a poner la mirada, cada día, en los innumerables regalos que recibes a diario, y si llegan algunas situaciones difíciles de enfrentar, a vivirlas con paz, tratando de encontrar siempre lado positivo en ellas. ¿Qué te parece?

Cordialmente,

Luis Arturo Pelayo

Director Editorial

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