El 20 de noviembre se conmemora el aniversario de la Revolución mexicana, y qué mejor ocasión para visitar el museo que resguarda la historia y los objetos más emblemáticos de esta trascendente etapa en la vida de nuestro país.

 

 

Para celebrar el centenario de la Independencia de 1910 el presidente Porfirio Díaz convocó a un concurso internacional para construir la sede de las cámaras de diputados y senadores: un edificio suntuoso que sería uno de los palacios legislativos más grandes y lujosos del mundo.

Fue el reconocido arquitecto francés Émile Bernard quien ganó el proyecto para realizar el Palacio Legislativo federal.

En 1906 comenzó la construcción con una gran estructura metálica y con tecnología de vanguardia para su cimentación. Sin embargo, al poco tiempo estalló la Revolución mexicana y, como consecuencia, la construcción se quedó sin recursos. En 1912 la obra fue abandonada y sólo quedaron los restos de una estructura incompleta. Al término de la Revolución, Bernard propuso al presidente Álvaro Obregón continuar la construcción, adaptarla y convertirla en un panteón para conmemorar a los héroes de la guerra. No obstante, poco tiempo después, ambos personajes murieron y los planes de la obra permanecieron en el abandono.

Hoy en día, muchas esculturas que estaban previstas para ornamentar el Palacio Legislativo federal se encuentran dispersas en la ciudad: la representación de la juventud y la madurez, en el Palacio de Bellas Artes; el águila proyectada para la cúpula, en el Monumento a la Raza, y los leones en la escalinata al Castillo de Chapultepec.

En 1933 el arquitecto Carlos Obregón Santacilia rescató la obra, reinterpretó la estructura y la convirtió en un espacio público para conmemorar el movimiento revolucionario. Se inspiró en el movimiento artístico del art decó junto a una nueva expresión de la arquitectura mexicana, retomando elementos prehispánicos, como la piedra negra volcánica.

En 1936 el Monumento a la Revolución se convirtió en un mausoleo. Ahí yacen los restos de las figuras más representativas de los ideales revolucionarios: Francisco I. Madero, Pancho Villa, Venustiano Carranza y Plutarco Elías Calles fueron colocados dentro de las criptas que se hallan en la base de los pilares. Dos años después se concluyó la obra y desde entonces se convirtió en un mirador público que duraría hasta 1970, cuando quedó en un abandono temporal.

En 2009, para conmemorar el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana, comenzaron labores de restauración y remodelación para integrar nuevos accesos por la rampa principal de la Plaza de la República y al mirador panorámico por el elevador. Actualmente, el Monumento a la Revolución es un espacio para exposiciones de arte, espectáculos de luces y fuentes, proyecciones de cine y conciertos.

 

Museo Nacional de la Revolución

A los pies del Monumento a la Revolución, en los sótanos de lo que alguna vez se pensó sería el gran Palacio Legislativo del gobierno de Porfirio Díaz, se encuentra el Museo Nacional de la Revolución, un espacio de vanguardia dedicado a la divulgación del proceso histórico de la Revolución mexicana.

Cuenta con tres áreas de exhibición:

  • El museo de sitio, donde se pueden apreciar las distintas etapas constructivas del Palacio Legislativo.
  • La sala de exposiciones temporales, donde periódicamente se exhiben diferentes muestras con temas que complementan la información sobre el movimiento armado de 1910.
  • La exposición permanente, estructurada en orden temático y cronológico a través de ocho salas: “La consolidación del Estado mexicano”, “El Porfiriato”, “La Revolución democrática”, “La Revolución política”, “La Revolución popular”, “La guerra civil y la Constitución”, “Las bases del nuevo Estado mexicano” y “El cardenismo”.

El museo es sede de una las colecciones más importantes del país, con 3,300 objetos entre documentos, fotografías, banderas e insignias. En el centro del museo destacan figuras de cera de Villa y Zapata, traídas de Londres, gracias a las cuales los visitantes recrean la mítica fotografía del 6 de diciembre de 1914, cuando estos dos personajes se reunieron en la Ciudad de México y compartieron la silla presidencial.

Como parte de las innovaciones, el Museo Nacional de la Revolución cuenta con herramientas didácticas, como estaciones interactivas, pantallas con material fílmico de la época y una propuesta iconográfica que, además de su discurso histórico, es muy atractiva.

Una vez concluido tu recorrido por el museo, disfruta el mirador o el cineclub y visita las criptas de Francisco I. Madero, Pancho Villa, Venustiano Carranza y Plutarco Elías Calles que se encuentran en los cimientos del monumento.          

 

Dirección:

Plaza de la Republica, s.n.

Col. Tabacalera, Del. Cuauhtémoc

C.P. 06030, Ciudad de México

 

Horarios:

Martes a viernes, 9:00 a 17:00 horas, y sábados y domingos, 9:00 a 18:30 horas. El domingo la entrada es libre para el público en general.     

                                                                                                                       

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