La mitología y las leyendas nacieron con la humanidad y con la tradición oral. Los mitos nos revelan cómo se explicaban los fenómenos naturales en tiempos remotos. En esta edición te reseñamos algunos mitos prehispánicos imprescindibles para niños de todas las edades.

 

 

10. Eclipse de amor

Cuenta una leyenda muy antigua que cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, sintieron una profunda atracción y terminaron locamente enamorados. En ese entonces el mundo aún no existía, pero cuando el Dios y la Diosa crearon nuestra galaxia, decidieron que el Sol sería el encargado de traer la luz durante el día y que la Luna lo haría durante la noche. Los dos astros aceptaron tristemente su destino de no coincidir y vivir separados por el bien del planeta y del sistema solar. Pero su corazón se encontraba en la penumbra. Los dioses, al notar su desamor, por su infinita bondad crearon el Eclipse para recordarle tanto al Sol y a la Luna como a la humanidad, que en el universo no existe el amor imposible. En ocasiones podremos creer que el amor es tan complejo que no está hecho para nosotros, pero si es verdadero, puro y sincero, seguramente encontrará su momento, aunque sea durante un eclipse fugaz.

 

9. Colibrí

La mitología maya cuenta que los dioses crearon todo cuanto existe en la tierra y al hacerlo asignaron una misión a cada animal, a cada árbol y a cada piedra. Cuando terminaron de hacerlo, notaron que faltaba algo que se encargara de llevar sus deseos y sus pensamientos de un lugar a otro. Así tallaron una piedra de jade en forma de flecha que al ser lanzada al viento dio origen al colibrí. Esta hermosa ave que vuela a toda velocidad es la encargada de llevar de un lugar a otro los pensamientos de los hombres, quienes creían que cada colibrí llevaba un mensaje de amor de un ser querido. El colibrí se caracteriza por el poderoso corazón que mantiene su incesante aleteo. Cada vez que te sientas preocupado o atormentado por tus pensamientos, recuerda la leyenda del colibrí y piensa que tu mente es como esa ave mágica: no es posible detener los pensamientos que alberga; por eso los colibrís nunca están enjaulados ni en cautiverio. Pero si hemos de dejar volar la imaginación lo mejor es que nuestros pensamientos estén sujetos a nuestro corazón; así, nuestro andar será tan ligero como el aleteo del colibrí.

 

8. Cacao

El Tonalámatl, el libro de los augurios de los sacerdotes de la diosa Xochiquétzal (“Flor Emplumada”), cuenta que los dioses se compadecían de los trabajos del pueblo tolteca, por lo que decidieron que Quetzalcóatl (“Serpiente Emplumada”) bajara a la tierra en forma humana al Tollan, la ciudad de los hombres buenos y trabajadores. Con un rayo de la estrella de la mañana Quetzalcóatl tomó forma humana y compartió los saberes de la marcha de los astros, las estaciones y los tiempos fluviales para producir sus cosechas. Quetzalcóatl les dio el don del cacao, planta que había robado a los dioses y que guardaba celosamente por su gran poder para abrir el corazón. Robó un pequeño arbusto de flores rojas, lo plantó en los campos de Tula y pidió a Tláloc que lo alimentara con lluvia, y a Xochiquétzal, que lo adornara con flores. Cuando dio frutos enseñó a las mujeres a recoger las vainas, a tostar sus semillas y a molerlas para después batirlas con agua. Quetzalcóatl fue el dador del cacao en sus cuatro clases: cauhcacahuatl, mecacahuatl, xochicacahuatl y tlalcacahuatl, que era el que tostaban mientras reservaban los otros tres como moneda.

 

7. El flechador del Sol

La mitología mixteca cuenta que en los orígenes, en la región de Apoala existían dos árboles gigantes que se profesaban un amor tan profundo que, a pesar de la distancia que los separaba, lograron entrelazar sus raíces y con sus ramas se fundieron en un abrazo eterno. De esta unión nacieron los primeros hombres y mujeres que poblaron la tierra, cuyos descendientes fundaron Achihutla. Con el tiempo la ciudad creció de tal manera que fue insuficiente para albergar a todos sus habitantes. Tzauindanda el guerrero decidió ir en busca de una nueva tierra. Pasaron los días y el guerrero no encontraba el lugar indicado, hasta que divisó una vasta extensión de tierra. Buscó al poseedor de esas tierras para luchar por ellas, pero sólo encontró al Sol, brillante y esplendoroso. Al contemplarlo, sintió cómo sus rayos quemaban su piel morena, como si se tratara de flechas afiladas que el astro lanzara desde las alturas. Tzauindanda tensó su arco y lanzó todas las flechas que llevaba consigo para vencer a su poderoso contrincante. Esa tarde notó como el Sol se escondía tras las montañas, herido y bañado en el rojo de su sangre. Después de derrotarlo, el guerrero pudo ofrecer a su pueblo las tierras sobre las que vivirían para siempre.

 

6. Los nahuales

De acuerdo con las leyendas de varias civilizaciones antiguas se cree que, al nacer, cada individuo tiene un animal como espíritu que toma el papel de protector y guía. En algunos casos esas criaturas sólo se aparecen en sueños o como virtudes de la persona que protegen, pero algunos hombres pueden tener una relación muy mística con ese animal. En Mesoamérica predomina hasta nuestros días la creencia de que hay un tipo de chamanes que tienen la capacidad de transmutarse en un animal. (La palabra nahual proviene de nahualli, que quiere decir “oculto”, “escondido” o “disfrazado”.) Según los aztecas, los nahuales eran protegidos por el señor de la noche, Tezcatlipoca. La leyenda cuenta que la transformación sólo ocurría cuando el sol se ocultaba y que los nahuales aprovechaban esa circunstancia para robar semillas y gallinas. Algunas narraciones de la Colonia aseveraban que algunos animales, al haber sido asesinados por la noche, amanecían como cadáveres de hombres.

 

5. Los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl

Cuenta la leyenda que el pueblo tlaxcalteca, cansado de la opresión azteca decidió enviar a sus mejores guerreros para luchar por su libertad. Popocatépetl era un joven guerrero que estaba profundamente enamorado de Iztaccíhuatl, la joven hija del gran señor de los tlaxcaltecas. Antes de partir a la guerra él pidió en matrimonio la mano de su amada y juró casarse con ella cuando volviera de la batalla. El tiempo pasó y no había noticias de Popocatépetl. Un rival del guerrero convenció a Iztaccíhuatl de que éste había muerto. La tristeza y la desolación se apoderaron de Iztaccíhuatl, quien al poco tiempo cayó enferma y murió. Transcurrido el tiempo, Popocatépetl regresó victorioso de la guerra. Al enterarse de su muerte, tomó su cuerpo inerte y lo llevó a lo alto de un monte cercano, donde la recostó para que reposara en paz durante toda la eternidad, mientras él velaba su sueño eterno con una antorcha humeante en las manos. Así, estos colosos nos recuerdan lo profundo que es el amor eterno.

 

4. Aluxes

Una leyenda maya sostiene que cuando las personas duermen profundamente hay criaturas que salen a la luz. Los aluxes son duendecillos que brillan con la luz de la Luna. Muy pocas personas los han visto, pues son muy ágiles, ligeros y traviesos. Por las noches salen de sus escondites y recorren los campos, las milpas y los montes, jugando y haciendo travesuras tras la puesta del Sol. Los antiguos mayas creían en tres grandes planos armónicamente relacionados: el cielo, la tierra y el inframundo, en los que no sólo habitaban dioses, sino también duendes. Conocidos también como aluxo’ob en maya, son los hombres primigenios, aquellos que construyeron las grandes ciudades. Trabajan en la oscuridad y cuando aparece el Sol se vuelven de piedra. Para lograr su protección los campesinos hacen una petición al Jmeen, o brujo, quien elabora un conjuro con barro y gotas de su propia sangre para crear una conexión con el duende. El proceso de creación dura siete semanas, al final de las cuales el brujo trae a la vida al alux por medio de ofrendas y rezos. Éste obedece a quien el Jmeen le presenta como su amo y se convierte su guardián.

 

3. Kauyumari, el venado azul

Cuentan los ancianos huicholes que hace mucho tiempo los abuelos se reunieron en la sierra para ver qué hacían, pues su pueblo estaba enfermo y escaseaba la comida y el agua. Acordaron enviar de cacería a cuatro jóvenes, cada uno de los cuales representaba los cuatro elementos. Salieron al amanecer con su arco y sus flechas, pero los animales escaseaban y con el paso de los días ellos se sentían cada vez más débiles. Una tarde descubrieron a un gran venado. Al verlo, los jóvenes corrieron tras él, y el animal, al ver el lamentable estado de los cazadores se compadeció de ellos y en la persecución de que fue objeto los dejó descansar durante la noche y durante el día los guió hacia Wirikuta (el desierto de San Luis Potosí, camino sagrado de los huicholes). Al llegar al Cerro de las Narices, donde habita un espíritu de la tierra, los jóvenes se percataron de que el venado brincaba en esa dirección. Lo buscaron ahí pero no lo encontraron. Uno de ellos lanzó una flecha que fue a caer sobre la figura de un venado, formada sobre una mata de plantas de peyote. Todas brillaban como esmeraldas con la luz del Sol. Confundidos, los jóvenes cortaron los bulbos de aquellos arbustos y los llevaron a su pueblo. Los ancianos repartieron el peyote (hikuri), el cual curó a su pueblo, lo alimentó y atrajo las lluvias. Desde entonces los huicholes peregrinan cada año a Wirikuta, venerando al peyote que, al mismo tiempo, es venado y maíz, su espíritu guía.

 

2. Quetzal

Cuenta la leyenda que el quetzal nació del soplido de los dioses Kukulkán y Tepeu, los creadores, fabricantes y antepasados, según la mitología maya-quiché. Esta ave, también conocida como K’uk, es producto del soplo de los dioses que danzan con las hojas azules y verdes del árbol guayacán, que antes de llegar al suelo toman la forma del largo plumaje del majestuoso quetzal. De acuerdo con el Popol-Vuh, esta ave representa la fertilidad, la abundancia y el poder. Según la cosmovisión maya, es sagrada. Se cree que antes de la Conquista el quetzal emitía un hermoso canto, pero cuando las tierras de Mesoamérica sucumbieron ante los invasores, el ave guardó silencio y su sublime canto no se ha vuelto a escuchar. La tradición oral afirma que el quetzal volverá a cantar cuando la tierra sea verdaderamente libre.

 

1.- Conejo de la Luna

 

Cada vez que hay Luna llena los mexicanos podemos ver un conejo en su superficie. ¿Recuerdas su leyenda? Un día Quetzalcóatl, el dios bueno, recorría el mundo con aspecto de hombre. De tanto caminar se sentía cansado y hambriento, pero siguió caminando hasta que encontró un conejito que pastaba.

—¿Qué estás comiendo? —le preguntó.

—Zacate. ¿Quieres un poco? —respondió el conejito

—No, gracias, yo no como zacate.

—¿Qué harás entonces?

—Quizá morir de hambre y sed.

El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo:

—Mira, yo no soy más que un conejito; pero si tienes hambre, cómeme.

Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:

—Tú serás sólo un conejito, pero el mundo te recordará siempre —y lo levantó alto, muy alto, hasta la Luna, donde la figura del conejito quedó estampada; después lo bajó a la tierra y sentenció—: Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.

Cada vez que veamos el conejo de la Luna debemos recordar que nuestras acciones, o los sacrificios que hacemos por los demás, son la luz más brillante en el momento más oscuro, que podrían hacernos trascender a través del tiempo.

 


 

* Periodista por el Instituto Tecnológico de Monterrey, escritora y feminista por vocación.

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