Enfocarse en el paciente, escuchar su historia y ver cómo interactúan los factores genéticos, ambientales, psicológicos, espirituales, sociales y su estilo de vida a largo plazo sobre su salud, son algunos de los rasgos de la medicina funcional. En este artículo te contamos más acerca de este enfoque para prevenir y tratar las enfermedades crónicas y su relación con la alimentación.

 

La medicina funcional se entiende como la evolución de la práctica médica tradicional que cambia el enfoque centrado en la enfermedad a uno más centrado en el paciente y atiende a la persona en su totalidad, no sólo los síntomas aislados. Integra prácticas médicas habituales con medicina alternativa o integral, creando un enfoque basado en la prevención a través de la nutrición, la dieta y el ejercicio, con ayuda de pruebas de laboratorio y de otras técnicas diagnósticas, para ofrecer una prescripción que combine la dieta con medicamentos, suplementos, programas de desintoxicación y técnicas para el manejo del estrés.

La alimentación funcional es una tendencia que cada día tiene más fuerza. Se basa en alimentos procesados con ingredientes que poseen una función específica en la fisiología del organismo, con el fin de lograr un óptimo crecimiento y un efectivo desarrollo y mejorar el funcionamiento integral del organismo.

En los últimos años, gran parte de la población ha tomado conciencia sobre la importancia de llevar una alimentación correcta, lo cual ha propiciado la elaboración de productos que brindan beneficios adicionales, algunos bajos en calorías, otros con menor cantidad de grasas y otros más adicionados con vitaminas, minerales, fibras, etcétera.

Un alimento funcional es aquel producto, alimento modificado o ingrediente alimentario, que puede proveer beneficios a la salud superiores a los ofrecidos por los alimentos tradicionales.

Es claro que existe una relación directa entre dieta y salud, por lo que ya no es válido comer sólo por comer, sino que hay que saber qué consumimos y comprender que todo lo que comemos tiene un efecto en nuestro organismo. Los alimentos deben poseer un valor nutritivo, pero también beneficiar los diferentes procesos fisiológicos de nuestro cuerpo. De este modo, la alimentación funcional pretende, a través del mejoramiento de los productos, potenciar el trabajo de los alimentos.

Lo más importante es complementar la alimentación y hacerla más eficiente a través de la ingesta de productos que han sido fortificados con vitaminas y minerales, o con otro tipo de elementos que necesita nuestro cuerpo. Estos alimentos contribuyen a mejorar la salud, la capacidad física y el estado mental de las personas. Son alimentos funcionales en la medida en que ayudan a mejorar o a prevenir alguna patología específica como el cáncer, la obesidad, la hipertensión o los trastornos cardiovasculares, siguiendo una dieta específica.

a) Probióticos. Son bacterias benéficas que se encuentran en todas las mucosas del organismo; constituyen la flora intestinal en sí y son microorganismos vivos (como los lactobacilos y las bifidobacterias) que, al ser agregados como suplementos en la dieta y si se consumen de manera regular y en cantidad suficiente, interactúan con el sistema inmune creando barreras contra el desarrollo de virus y gérmenes, actúan como defensa contra las sustancias tóxicas y ayudan al buen funcionamiento del tránsito gastrointestinal.

Los probióticos crean un ambiente intestinal que favorece el aprovechamiento al máximo de los nutrientes provenientes de la alimentación. Las formas más comunes de introducir los probióticos son mediante los productos lácteos, ya que pueden añadirse a alimentos como yogurt, o bien a otros productos lácteos fermentados.

b) Prebióticos. Contienen sustancias no digeribles de la dieta que estimulan el crecimiento o la actividad de uno o más tipos de bacterias del colon, favoreciendo diferentes funciones del organismo, es decir, así como la multiplicación de las bacterias protectoras del intestino. Constituyen la fibra que se halla en varios vegetales que sirve para que los probióticos se mantengan con vida, se multipliquen y desempeñen sus funciones correctamente. Son el alimento de los probióticos y mejoran el estreñimiento, estimulan la función inmune, disminuyen el colesterol en la sangre, aumentan la absorción del calcio y reducen el riesgo de padecer cáncer. Se pueden encontrar en yogurts, barras de cereales, quesos, panes y galletas.

c) Simbióticos. Son una combinación de prebióticos y probióticos que aumenta el beneficio de ambos alimentos. Los prebióticos son el alimento de las bacterias probióticas que mejoran la supervivencia y la implantación de estos suplementos alimenticios en el tracto digestivo.

d) Alimentos fortificados o enriquecidos. Ayudan a disminuir carencias nutritivas de calcio, hierro o yodo, entre otras.

Estos productos disminuyen el pH en el colon, propiciando un ambiente donde las bacterias patógenas no pueden crecer, ni desarrollarse. Por eso los alimentos funcionales mejoran la calidad de la dieta, actuando positivamente sobre la salud y el bienestar de nuestro cuerpo, pues reducen de manera significativa malestares gástricos comunes como gastritis, estreñimiento, acidez, reflujo e inflamación abdominal, entre otros.

Los alimentos funcionales deben ser parte de una dieta variada, completa y equilibrada. Recuerda que son complemento y no base de la alimentación.

 

 


 

* Nutrióloga.

 

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