Eleonora López*

Existen muchas razones por las cuales una mujer puede postergar la decisión de embarazarse, siendo las más comunes aquellas que se relacionan con el desarrollo personal y profesional de la mujer. ¿Existe un momento ideal? ¿Cuáles son los riesgos para las mujeres que han decidido ser madres a una edad avanzada?

La maternidad tardía se establece socialmente de acuerdo con el promedio de edad en que las mujeres gestan a su primer hijo en zonas geográficas determinadas. Desde la perspectiva médica y biológica, la connotación tardía de la gestación del embarazo se refiere a las mujeres que conciben a su primer bebé a los 35 años o más.

En México, de 1976 a 2010, el grupo de edad al que corresponde el máximo de la tasa de fecundidad es el de las mujeres de 20 a 24 años. Después de ese rango, se observa una disminución sustancial de la fertilidad en los grupos de mayor edad.

El embarazo posterior a los 35 años se considera de alto riesgo; es decir, existen mayores probabilidades de que las personas sufran complicaciones obstétricas y fetales.

Uno de los primeros problemas ante los que se enfrentan las mujeres que esperan quedar embarazadas después de los 35 años, y aun más pasados los 40, es justamente lograr el embarazo. Esta situación tiene su origen en la disminución de la frecuencia de la ovulación (insuficiencia ovárica) en quienes rebasan los 35 años, periodo a partir del cual se pueden presentar dificultades ginecológicas más recurrentes, como la endometriosis y la adhesión de las trompas de Falopio, que impiden la concepción.

Algunos problemas de salud relacionados con este tipo de embarazos son los siguientes: hipertensión arterial, síndrome de Down, altas posibilidades de que se presenten defectos cromosómicos en los recién nacidos, complicaciones para brindar buena oxigenación y nutrición al feto, falta de crecimiento fetal, bajo peso y dificultades durante el parto vaginal (lo cual aumenta las probabilidades de recurrir a la cesárea), entre otros.

El embarazo tardío implica riesgos, desde luego. Por eso es importante brindar los cuidados necesarios en dicha circunstancia (que no son tan diferentes de los de cualquier otro embarazo): contar con un control prenatal desde el momento en que se planifica el embarazo (antes y después), tomar ácido fólico y complementos alimenticios bajo supervisión médica, seguir una dieta balanceada y, en cuanto nazca el bebé, aplicar la prueba del tamiz para el tratamiento oportuno —en su caso— del hipotiroidismo congénito y de la fenilcetonuria, con objeto de prevenir el retraso mental.

Decidir el momento adecuado para gestar una nueva vida depende de múltiples variables que se relacionan con la perspectiva que la mujer asume en el transcurso de su vida. Por eso es importante considerar que la maternidad no es sólo un hecho fisiológico que impacta la situación de la mujer, sino un acto maravilloso que enriquece su vida y su entorno, y que además contribuye al fortalecimiento de la sociedad.

  

NOTAS

* Socióloga, especialista en maternidad adolescente y tardía de Think, Action & Development (TAD), Centro de Análisis y Propuesta Estratégica. Para más información, consulta: www.tad.org.mx.

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