Hace 50 años, el 20 de julio de 1969, tuvo lugar uno de los grandes hitos de la historia de la humanidad: la llegada del hombre a la superficie de la Luna en la misión espacial Apolo 11. En este marco, te presentamos los momentos clave de la exploración del espacio por parte de la especie humana.

 

 

Si hay un momento en que los avances tecnológicos respecto del espacio han alcanzado picos verdaderamente sorprendentes es, sin duda, el último siglo. Cuando la pólvora fue inventada por los chinos en el siglo IX nadie podía prever que el principio que impulsaba chifladores y bengalas sería retomado por pioneros (como el peruano Pedro Paulet) para elaborar cohetes que primero alcanzarían alturas estratosféricas y después conseguirían (con otros combustibles) superar la atmósfera terrestre y adentrarse a la familiar y desconocida noche del espacio.

 

El primer satélite

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial las potencias victoriosas comenzaron a cuestionar las formas de organización político-económicas (capitalismo y socialismo) de sus antiguos aliados, lo que derivaría en la Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética empezaron una escalada armamentista “de prevención”, por la cual la producción de armas nucleares se aceleró, lo mismo que los programas de conquista espacial.

En este último aspecto, el primer programa que tuvo éxito fue el Sputnik. En 1957 los soviéticos sorprendieron al mundo entero con la puesta en órbita de un satélite que enviaba un pulso cada determinado tiempo. El contacto a través de señales de radio entre un objeto en el espacio y la Tierra generó optimismo entre algunos científicos, pero también suspicacia entre los líderes occidentales, sobre todo los de Washington, quienes abrirían el presupuesto para crear la NASA.

El programa Sputnik se anotó varios éxitos a lo largo de sus cuatro años de funcionamiento: puso al primer ser vivo en órbita (la perra Laika), probó con éxito las naves Vostok, envió sondas a Venus y a Marte e incluso logró regresar a la Tierra, sanos y salvos, a animales y plantas.

 

El hombre en el espacio

Esa serie de triunfos impulsó a los soviéticos a una meta aún más ambiciosa: llevar a un ser humano por arriba de las capas atmosféricas y devolverlo sano y salvo. El piloto Yuri Gagarin, nacido en 1934 en una familia de campesinos, sería el encargado de encarnar esa hazaña. En la década de 1950, tras una época de obrero, el joven de 20 años de edad se dio de alta en un aeroclub de Saratov. Al año siguiente se alistaría en la Academia Militar de Pilotos de Oremburgo y tras enterarse del éxito de las misiones Sputnik se inscribiría como voluntario en el programa espacial y sería seleccionado entre 3,000 candidatos en 1960.

Las misiones que debía cumplir eran hablar por radio, comer un poco y comportarse de manera normal en un ambiente sin gravedad. El control de la nave se realizaría desde Tierra y cumpliría una órbita alrededor de nuestro planeta. Los 108 minutos que duró el vuelo, durante el que observó tanto la noche como el día terrestres, tuvieron sus contratiempos potencialmente mortales, como el reingreso a la atmósfera, pues una parte de la nave debía desprenderse y no ocurrió así, sino hasta que el calor la aflojó. El sitio de aterrizaje tampoco resultó el esperado. Gagarin, tras salir expulsado de la cápsula, cayó en paracaídas en un campo de cultivo de la ciudad de Engels. Al verlo en su extravagante traje anaranjado, una campesina le preguntó si venía del espacio. “Sí —respondió el cosmonauta—, pero no se alarme. Soy soviético.”     

 

A la Luna

Sin embargo, la hazaña más impactante de la carrera espacial tendría el sello de Estados Unidos. Precisamente este mes se cumplen 50 años de que tres astronautas de ese país —Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins—, a bordo del Apolo XI, consiguieran llegar a la superficie de nuestro satélite natural, en la región denominada Mar de la Tranquilidad. Desde entonces, ha surgido un “movimiento conspiracionista”, dedicado a presentar “pruebas” de escaso rigor para desacreditar el hecho. Lo cierto es que estas teorías parecen evadir el detalle de que los propios competidores de la NASA, los soviéticos, quienes tenían radares lo suficientemente poderosos para dar seguimiento a la larga misión (casi de una semana), reconocieron que ese evento sí había ocurrido. En una época de espionaje y contraespionaje, nada les habría causado más satisfacción que desenmascarar a sus enemigos.

La nave despegó de Cabo Kennedy el 16 de julio de 1969 y el 20 alunizó su módulo. Al bajar de las escalerillas, el capitán de la misión pronunció una frase que permanecerá por siempre, tanto como las huellas de sus botas en la arena lunar o la inmóvil bandera que clavaron en la superficie: “Éste es un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad”.

La misión Apolo consiguió llevar otras cinco misiones a la Luna, antes de que el “costo desproporcionado y sin beneficio económico” (al que temen tanto los capitalistas) los hicieran repensar el programa y cancelarlo en 1972.

 

El planeta rojo y más allá

El programa de exploración de Marte de la NASA, con los astromóviles Spirit y Opportunity, ha sido, sin duda, uno de los más exitosos de la historia espacial. La misión contemplaba un funcionamiento máximo en el cuarto planeta de 90 días. Sin embargo, la calidad de su diseño y de su construcción permitió que sirvieran desde 2004 hasta 2010 (en el caso del Spirit) y hasta 2018 (en el caso del Opportunity). Entre sus logros estuvieron los siguientes: la primera fotografía de Marte a color y de su aparente desolación desértica y evidencias de antiguos manantiales y mares, así como de agua dulce y de un ciclo del agua activo. También presenciaron los famosos atardeceres azules y hasta algunos eclipses solares.

Las sondas espaciales han sido otro de los aspectos destacables de la exploración espacial, pues han permitido fotografiar de cerca planetas y planetoides como Plutón, así como precisar la forma de las regiones más alejadas del sistema solar. La más famosa de todas, sin duda, es la Voyager 1, que hasta ahora es el objeto construido por humanos que se encuentra más lejos. En su interior lleva un disco de oro con los sonidos de la Tierra, y un mensaje de paz por si, en el extenso océano cósmico, encuentra un receptor.

 


* Escritor de ficción narrativa, autor de los libros de cuentos Mi vida como payaso salvaje (2007) y Postales de Nundá (2016), y de la novela La noche que asolaron Tokio (2013).

 

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