A lo largo de la historia ha habido muchos perros que han sido fieles a sus dueños hasta la muerte. A continuación te compartimos algunos casos.

 

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Es sabido que los perros son nuestros más fieles compañeros. Siempre nos acompañan y nos hacen sentir seguros, pues conocen nuestro olor y reconocen nuestra respiración y nuestros pasos. No existe un lazo más fuerte en este mundo que el de un perro y un ser humano.

Cuando la enfermedad o la muerte nos sorprenden, nuestras mascotas se quedan solas en el mundo, sin saber el porqué de la ausencia de sus amados dueños.

Se ha sabido de personas que en el lecho de muerte han pedido que los visiten sus mascotas para despedirse de ellas y que sepan que se quedarán solas, o al cuidado de algún conocido, pues aquéllas ya no los podrán cuidar; el adiós es irremediable.

La historia más conocida es la de Hachiko, un perro akita originario de Japón, la cual se dio a conocer gracias a la película Siempre a tu lado, interpretada por Richard Gere. En 1924 el profesor de ciencias Eisaburo Ueno adoptó un cachorro Akita. Durante años, Hachi e Eisaburo compartieron una vida llena de amor y comprensión. Cada mañana el cachorro acompañaba a su amo a la estación del tren y lo esperaba ahí hasta su regreso. Pero un día Eisaburo sufrió un derrame cerebral y falleció. Su esposa, por no tener recursos para mantener al akita, lo regaló a la familia de un jardinero. A pesar de tener un nuevo hogar, todos los días Hachiko regresaba a la estación del tren para esperar a su amado dueño. Un alumno de Eisaburo se dio cuenta de esa situación y promocionó su historia como un ejemplo de lealtad. En 1934 se erigió una estatua en honor del perro y un año después éste falleció de cáncer, en la terminal del tren.

Existe otra historia igualmente conmovedora. Si has visitado las grutas de Cacahuamilpa seguramente conociste las dos tumbas de piedra sobre las que hay una hermosa leyenda de la cual hay, por lo menos, dos versiones. La primera versión asegura que cuando un explorador de las grutas quedó atrapado por unas piedras que se vinieron abajo, su perro corrió al pueblo más cercano y comenzó a ladrarle a la gente, que, asustada, aseguraba que aquél estaba poseído. Al no obtener la ayuda que solicitaba, el can regresó a la cueva y esperó ahí la muerte junto a su amo. La segunda versión sostiene que el perro se mantuvo junto a su amo herido, pero con el paso de los días éste murió y, acto seguido, el perro lo cubrió con piedras. Entonces salió de las grutas y fue por ayuda. Cuando la gente encontró la tumba, el perro cayó muerto sobre ella. El pueblo decidió enterrarlo con su dueño como un homenaje a su fidelidad.

Otra historia es la de Erick, un perrito criollo en Bolivia, que acompañaba a su dueña al hospital oncológico. Un día ella ya no salió. Erick la esperaba afuera. Los médicos y los enfermeros del hospital, al darse cuenta de que el perrito no se quería ir porque esperaba a su dueña, comenzaron a darle comida, le proporcionaron una mantita y un suéter, y le acondicionaron un rinconcito para dormir. Más tarde, algunas personas hicieron colectas para ayudarlo y le compraron una casita que instalaron a las afueras del hospital. Erick es un perro muy amado por todos los que laboran en el hospital, así como por los pacientes que van a sus consultas y se detienen a saludarlo y a regalarle algo de comida, juguetes y un abrazo.

También en Bolivia se cuenta la historia del Hachiko boliviano, un perrito criollo que siempre corría detrás de su dueño, un joven universitario que viajaba en motocicleta y que le gritaba: “Regresa a casa, regresa a casa”. El perro lo seguía dos cuadras y regresaba a su casa. Pero un día el joven fue embestido por un auto ante la mirada atónita del animalito, que gimió y lloró pidiendo una ayuda que no llegó a tiempo, por lo que joven murió en el trayecto al hospital.

Desde entonces Hachiko no se mueve del sitio donde murió su amo. Muchas personas han intentado llevárselo, incluida la familia del joven, pero el perro no se deja atrapar. Muchas personas se han unido para ayudarlo: lo alimentan y lo cuidan, pues, aseguran, es muy doloroso escucharlo llorar durante largos periodos en el lugar donde murió su amo.

Recientemente, después de un sismo que ocurrió en Puebla, México, Jacinto un criollito cuyos dueños tuvieron la desgracia de que se derrumbara su hogar, los esperó sobre los escombros tras colapsar las losas de su casa. Jacinto no ha querido moverse de ahí. A pesar de que lo retiran para quitar los escombros, él regresa al lugar donde fallecieron sus amos. Vecinos y amigos de los difuntos reconstruyen aquella casa para que Jacinto pueda volver a tener un hogar.

Las historias anteriores nos demuestran que los perros tienen sentimientos y memoria y que el amor que nos profesan es casi infinito.

 


 

 

* Protectora independiente de animales sin hogar desde hace más de 20 años.

 

 

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