Necesidad de apostar cada vez más dinero, arriesgar o perder una relación o un empleo a causa del juego, violar la ley para obtener dinero, mentir para ocultar las cantidades destinadas al juego o padecer irritabilidad cuando no se está jugando, son algunos síntomas de la ludopatía, un problema de salud que lamentablemente se está agravando en nuestro país.

 

El juego de apuestas es tan viejo como las más antiguas culturas. En el Imperio romano, por ejemplo, está documentado el cruce de apuestas en las luchas de gladiadores y las carreras de cuadrigas en los coliseos. En la antigua Grecia, durante las carreras y los juegos deportivos precursores de los Juegos Olímpicos, se realizaban apuestas en las que incluso se llegaban a perder tierras. En el siglo I Plinio el Viejo escribió su célebre cita: “Estamos tan a merced de la misericordia del azar, que el azar es nuestro dios”, que resalta la importancia que ya tenía el juego en sus tiempos. Y podríamos seguir, por ejemplo, en la antigua China, donde se conoce que jugaban con algo similar a los dados de la actualidad.

¿Debemos entonces creer que ahora el juego de apuestas ha generado una enfermedad que se ha convertido desde hace unos años en un problema de salud pública?

La respuesta es . Desgraciadamente la cantidad de jugadores patológicos (ludópatas) en los países que permiten legalmente el juego hoy en día puede llegar a tres por ciento de la población. Pero vayamos por partes y pongamos claro este asunto.

Desde 1980 el juego patológico (nombre que se le da a la enfermedad) fue reconocido y establecido en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM III) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Posteriormente, en 1992, se estableció el concepto ludopatía por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para la cual es “un trastorno caracterizado por la presencia de frecuentes y reiterados episodios de participación en juegos de apuestas, los cuales dominan la vida del enfermo en perjuicio de sus valores y de sus obligaciones sociales, laborales, materiales y familiares. Esta conducta persiste y a menudo se incrementa a pesar de sus consecuencias sociales adversas, como la pérdida de la fortuna personal, el deterioro de las relaciones familiares y la presencia de situaciones personales críticas”.

Hasta finales del siglo pasado, en México la ludopatía no representaba mayor riesgo social, ya que si bien se permitían las ferias regionales con peleas de gallos, y en algunas casinos, como en el caso de Aguascalientes, hipódromos en Tijuana y el Distrito Federal, en el resto del país no existían centros de apuestas legales, aunque cabe señalar que los había ilegales en los llamados “brincos”, muchos de ellos con la complicidad de las autoridades locales y federales. Pero no fue sino hasta la concesión masiva de licencias para poner casinos y centros de apuestas otorgadas durante los gobiernos de Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, que este problema creció en México. En principio alcanzó a una población que entonces no era muy asidua las apuestas: adultos mayores y mujeres, quienes encontraron en los casinos una forma de entretenimiento que en muchos casos derivó en una enfermedad que ha arrasado con familias y patrimonios y en el aumento de los índices delictivos. La apertura de casinos se llevó a cabo sin ningún tipo de análisis del problema que podría derivarse, sin una política de Estado respecto de la promoción del juego responsable y, mucho menos, sin una estrategia de comunicación social adecuada. Por el contrario, se permitió que los casinos publicitaran el juego haciendo creer al ciudadano que tenía la posibilidad de ganar grandes cantidades de dinero sin mayor esfuerzo. (Una de las grandes características del ludópata es la recompensa inmediata incluida en la falsa creencia de ganar mucho con un mínimo esfuerzo.)

En un reportaje publicado en el diario Milenio en 2012, Benjamín González Roaro, a la sazón presidente de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, calculó en cuatro millones la cantidad de ludópatas en México. Esta cifra es muy escandalosa si tomamos en cuenta que hay estudios como el que realizó el doctor Earl Grynolds de la Universidad de Chicago en el que documenta que cada ludópata afecta por lo menos a 20 personas en su entorno, y que el costo social de un ludópata es de seis dólares por cada dólar que el jugador problema pierde en un casino.

En 2015 los casinos pagaron más de 1,078 millones de pesos de impuestos, así que podemos calcular que a los mexicanos el juego les cuesta más de 6,000 millones de pesos (si hacemos el cálculo sólo en referencia a los impuestos y no al ingreso neto de los casinos).

¿De dónde sale este costo social? Muy simple: del desempleo, la violencia generada por ludópatas, los delitos en torno de los casinos (prostitución ilegal, asaltos, robo a transeúntes…), los servicios de salud, carcelarios y familiares, los programas sociales para atender la pobreza generada por el juego, etcétera.

La última gran revolución en el mundo de las apuestas la han realizado los casinos on line, esas páginas que brindan servicios de book deportivo, mesas de juego en vivo vía streaming y máquinas tragamonedas, todo en una sola aplicación a la que se accede para apostar por medio de tarjetas de prepago, de débito y de crédito, y con la menor cantidad de requisitos y controles, lo cual ha permitido que muchos menores de edad puedan tener acceso a ellos, sobre todo en países como México, donde son tan comunes las credenciales falsificadas. Este fenómeno ha traído consigo que la edad promedio del jugador patológico disminuya y que aumente la cantidad de personas involucradas en este problema. Lo anterior ocurre sin que la autoridad pueda hacer nada, ya que muchas de estas empresas de apuestas operan incluso desde paraísos fiscales como Gibraltar, Chipre o Costa Rica, que tienen una ley muy débil en la materia.

Este asunto del juego on line nos orilla a pensar que en los próximos años nos enfrentaremos a tasas más altas de jugadores, así como a una disminución del promedio de edad de los ludópatas, que en la actualidad se calcula en 35 años.

El ludópata encuentra en su actividad una sustitución a la pérdida de sus relaciones familiares y el alejamiento de su entorno social, al que suple por uno acorde con su actividad lúdica. Además, debe enfrentar la pérdida de su patrimonio personal y, en muchos casos, familiar, así como diversos trastornos de comorbilidad. Por si fuera poco, se calcula que seis de cada 10 jugadores patológicos cometen ilícitos (robo, fraude, extorsión e incluso secuestro).

En cuanto a su salud, el ludópata está expuesto a cardiopatías y enfermedades mentales como ansiedad y depresión. Un estudio realizado por la revista Scientific American, titulado “How the Brain Gets Addicted to Gambling”, relaciona el juego patológico con casos de mal de Parkinson y Alzheimer prematuro. Por último, la tasa de suicidios ligados al juego patológico aumenta cada año.

Si en cualquier enfermedad que reporte 10,000 casos el gobierno declararía inmediatamente una epidemia, ¿por qué no lo hace en el caso de la ludopatía? La respuesta es clara: hay muchos intereses económicos que no se quieren tocar. Además, está el mal que atañe a todo nuestro país: la corrupción.

En el Centro de Atención a la Ludopatía y al Crecimiento Integral (Calci), A.C., nuestro interés es prevenir a jóvenes y adultos que empiezan a tener contacto con el juego para educarlos en una cultura lúdica responsable, enseñándoles de manera cuantitativa y cualitativa cuáles son los límites y las señales para que se den cuenta de que tienen un problema y lo atiendan antes de que las consecuencias sean irreversibles para ellos y sus familias.

Como parte de nuestra labor hemos publicado tres libros:

- Bingo. Me lo contaron ayer las lenguas de doble filo (publicado en México en 2002, incluye anécdotas y testimonios reales sobre el tema).

- Juegos de azar. Soñar no cuesta nada, jugar puede costarlo todo (publicado en 2007, con anécdotas y referencias, a través de las cuales conocemos de primera mano el dolor y los daños causados por la ludopatía).

- Del juego al fuego. ¿Y tú aún no has caído? (publicado recientemente, aborda el tema de las apuestas en México, desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días).

Nuestro centro de ayuda con sede en la Ciudad de México tiene por objetivo brindar tratamiento y terapia personalizada a las personas con problemas de juego patológico y otras adicciones con base en la logoterapia, ayudándolos a revalorarse y a recuperarse física, mental y espiritualmente, con el fin de darles un sentido a su vida para que “vivan en libertad con responsabilidad”. Asimismo, ofrece orientación a las familias de los enfermos para que conozcan las características del padecimiento con el objetivo de apoyar el proceso de adherencia de los pacientes.

Calci ha asesorado de manera gratuita a profesionales del Centro Nacional para la Prevención y Control de Adicciones, así como de la clínica Oceánica, entre otros.

Contacto

Centro de Atención a la Ludopatía y al Crecimiento Integral (Calci), A.C.

Tels.: (55) 2592-6690 y 55 1629-6553 (celular)

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