Las chaquiras son cuentas agujereadas fabricadas con cristal de colores, con porcelana o con sustancias sintéticas, y se utilizan en distintas artesanías. En México se lucen en diversas formas, desde prendas y joyería hasta utensilios domésticos y objetos decorativos o ceremoniales que forman parte de la cultura de algunos grupos étnicos. Conoce el origen de este material decorativo, su historia y sus usos en nuestro país.

  

 

El origen de la chaquira

Según el diccionario, la chaquira es una cuenta o abalorio de variado material que los españoles usaron durante la conquista de América como mercancía para intercambiar con los indígenas. Por su parte, un abalorio es una cuenta, mostacilla o chaquira de diversos tipos de elementos, confeccionada de múltiples formas, materiales, colores y diseños, que se usan para elaborar collares, pulseras u otros objetos para la decoración personal.

Algunos estudios arqueológicos sugieren que ya se utilizaban en la antigua Mesopotamia, así como también en la India, en forma de cuentas de oro. En Egipto los nobles regalaban collares con cuentas de piedras preciosas de colores, así como también de cristal o de cerámica. Por su lado, los nobles mongoles y los cortesanos de Bizancio llevaban consigo collares de perlas. Y en Norteamérica, algunos indígenas y algunas tribus africanas utilizaban collares de pequeños abalorios. Finalmente, los aztecas los utilizaban como parte de su vestimenta principal, a la que llamaba maxtlatl, sobre cuyos hombros portaban una manta a la que llamaban tilmatl y que los nobles decoraban con plumas y abalorios, que pueden ser de distintos materiales, colores, formas y calidades.

No se sabe a ciencia cierta cuándo surgió en México la chaquira como elemento de ornamentación. En el siglo XVIII aparece aplicada en ornamentos religiosos bordados, seguramente en los conventos y en labores femeninas conocidas como “dechados”, pero en ninguno de los casos intervino la mano indígena. Existe la posibilidad de que en un principio el empleo de la chaquira haya sido propio de las esferas coloniales, y que con la observación y el aprendizaje de su aplicación por parte de la servidumbre indígena se haya transmitido a las distintas comunidades. El brillo de sus cuentas cautivó de inmediato a los indígenas, quienes no dudaron en incorporarlas a sus atuendos. Hay quienes aseguran que la chaquira sustituyó a la pluma en los textiles purépechas, ya que su brillo es muy parecido al de los plumajes.

En el México prehispánico existieron pequeñas cuentas de diversos materiales como el jade, la turquesa y la pizarra, entre otros, pero no hay indicios de que estas cuentas que parecían chaquiras se aplicaran sobre textiles. Llegaron descontextualizadas a los museos donde se encuentran, por lo que no se puede determinar cuál era su verdadera función. Lo más probable es que se utilizaran como collares.

En México la chaquira se luce en diversas formas, desde prendas y joyería hasta utensilios domésticos y objetos decorativos o ceremoniales que forman parte de la cultura de algunos grupos étnicos: cucapás, tarahumaras, huicholes, purépechas, mestizos de la mixteca de la costa, otomíes de Tlaxcala y de la Sierra Norte de Puebla, kikapús de Coahuila y nahuas de Guerrero, Hidalgo, Puebla, Veracruz y la Ciudad de México.

Todos estos grupos étnicos utilizan las chaquiras para dar un toque distintivo a su vestuario, así como para hacer collares, pulseras y aretes. En el colorido y la técnica utilizada en la aplicación de las chaquiras se puede distinguir de qué grupo étnico proviene el objeto o la prenda.

 

Técnicas para la aplicación de chaquira

En México existen cinco técnicas para la aplicación de chaquira. La primera es la chaquira cocida, que a su vez se aplica de cinco formas diferentes: 1) directamente sobre la tela, 2) formando hilos que se aplican a la prenda, 3) cocidas entre sí en forma de red, 4) pepenado fruncido y 5) pepenado de hilván. Esta última y sus modalidades es la más frecuente. Por este motivo las prendas más notables de chaquira aplicada directamente sobre la tela son las blusas de la mixteca de la costa; la camisa y la blusa de la comunidad otomí de San Pablito, Puebla; la blusa de Atzacoaloya, Guerrero, y la blusa de Huejutla, Hidalgo, y Chahuatlán, Veracruz.

La prenda más bella a base de hilos de chaquira con la que se forman figuras sobre la tela era la blusa de Chilac, una antigua comunidad popoloca de Puebla.

En cuanto al cocido entre sí en forma de red, destacan los canutillos de los tochemites (tlacoyales), las toquillas para los sombreros de los otomíes de la Sierra Norte de Puebla, así como las pulseras, los collares y las bolsas de los huicholes, sin olvidar los pectorales de las mujeres cucapás de Baja California. Por otro lado, el pepenado fruncido y el pepenado de hilván tienen sus mejores piezas en las blusas de Zoatecpan, Huahuaxtla, Xochiltlán y Nahuzontla, en la Sierra Norte de Puebla.

Las otras técnicas son el anudado, el brocado, el tejido en gancho y las chaquiras pegadas con cera de Campeche.

El anudado se halla en los rebozos y las servilletas ceremoniales que se fabrican en Uricho y en Pátzcuaro. Hasta hace algunos años podía encontrarse en el espléndido ceñidor que lucían los hombres durante las ceremonias especiales de la comunidad de San Pablito, en la Sierra Norte de Puebla.

El brocado con chaquira es poco común. Sólo se conocen dos ejemplares: dos servilletas de Jalisco, elaboradas a mediados del siglo pasado, que pertenecen a sendas colecciones particulares.

El tejido en gancho con chaquira se puede admirar en las blusas de Nauzontla y en las jícaras que utilizan los huicholes con fines ceremoniales, decoradas con chaquira adherida a una capa de cera de Campeche fresca.1

 

El arte huichol de la chaquira

Los huicholes son una de las etnias que han logrado permanecer independientes desde tiempos de la conquista. Se encuentran en las montañas de la Sierra Madre Occidental, al norte de Jalisco y Nayarit, donde sigue vigente su mística cultura. Crean enigmáticos mundos cuyos protagonistas recurrentes son lunas, soles, árboles, laberintos, espirales, montañas y océanos cósmicos que incansablemente aparecen expresados en sus artesanías, su religión y sus costumbres. Constituyen un pueblo de artistas que se ha mantenido intacto de influencias externas a través de los siglos.

Según algunos historiadores, el primer contacto de los huicholes con las cuentas de chaquira, de origen europeo, ocurrió entre 1591 y 1600. Estos suministros le dieron un carácter peculiar a su atuendo que lo marcó para siempre. Aunque su vestimenta fue evolucionando, en la actualidad la chaquira representa su principal característica. La joyería hecha con cuentas de chaquira es un elemento importante de la indumentaria de los huicholes, usada tanto por mujeres como por hombres.

Dado que los huicholes utilizan la artesanía como medio de subsistencia, la familia y los niños aprenden el arte de la joyería alrededor de los cinco años de edad. Comienzan sólo engarzando las cuentas en los diseños más sencillos de collares, y después continúan elaborando pulseras. En la adolescencia, una vez que dominan el oficio, pueden hacer collares mucho más complejos. La culminación del arte con chaquira son las máscaras, pues éstas requieren una sorprendente perfección técnica.

Entre los wixaritari o huicholes la chaquira es sagrada: “La chaquira es vida”. Estas pequeñas cuentas de colores se comparan con las semillas de maíz y también poseen usos rituales, como la purificación.

 


 

1 Fuente: www.mexicodesconocido.com.mx/la-chaquira-en-el-mexico-indigena.html).

 

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