Aunque recientemente se ha puesto de moda la dieta cetogénica —cuyo origen está en el tratamiento de la epilepsia en niños— como una terapia en el control del sobrepeso y la obesidad, se debe ser muy cuidadoso con ella y no iniciarla sin la supervisión de un nutriólogo.

 

 

 

La dieta cetogénica tiene su origen en un tratamiento opcional para niños con epilepsia, específicamente para aquellos cuyas convulsiones no podían ser bien controladas por los medicamentos anticonvulsivos.

La mayoría de los expertos en el manejo de esta dieta provienen del Hospital Johns Hopkins, donde se introdujo en la práctica médica en la década de 1920 y donde actualmente se utiliza en los departamentos de Neurología y Neurocirugía. Surge como una intervención terapéutica cuyo objetivo es generar una situación de cetosis (formación de cuerpos cetónicos) similar a la del ayuno. Esta situación se produce ya sea por un aporte insuficiente de alimentos donde la cantidad de energía de la dieta es menor que la que se requiere, o por una restricción de hidratos de carbono y un aumento del consumo de alimentos ricos en grasas o proteínas. Esta dieta se debe seguir bajo estricto control médico.

 

¿Qué es la dieta cetogénica?

Es una dieta estricta, alta en grasa y baja en carbohidratos y con niveles de proteína adecuados, la cual debe estar cuidadosamente controlada para evitar complicaciones.

 

¿Cómo funciona?

Normalmente el cuerpo utiliza los carbohidratos (panes, pastas, cereales, frutas y azúcares) como su principal combustible, pero la dieta cetogénica usa la grasa.

La palabra cetogénica proviene de ceto, cetonas, y génesis, producción. Las cetonas se producen cuando el cuerpo utiliza las grasas como fuente de energía en lugar de usar los carbohidratos.

En una dieta normal el cuerpo recurre a la glucosa como la principal forma de energía, pero si se reduce la ingesta de carbohidratos el cuerpo entra en un estado conocido como cetosis, que es un proceso natural que el cuerpo inicia para ayudarnos a sobrevivir cuando la ingesta de alimentos es reducida. Durante este estado se producen cetonas, las cuales se crean a partir de la descomposición de las grasas en el hígado. El objetivo final de una dieta cetogénica es forzar al cuerpo a que entre en este estado metabólico. El cuerpo es increíblemente adaptable a lo que dispone, así que cuando se le retiran los carbohidratos de la dieta, comienza a quemar cetonas como fuente de energía primaria.

 

¿A quiénes se les recomienda una dieta cetogénica?

A niños y a personas con crisis epilépticas que no se pueden controlar sólo con medicamentos (lo que se conoce como epilepsia refractaria) o que padecen síndromes epilépticos graves (como el síndrome de Lennox-Gastaut). También es adecuada para controlar determinados tipos de convulsiones o síndromes epilépticos, como la epilepsia mioclónica de la infancia (síndrome de Dravet), la epilepsia mioclónica astática (síndrome de Doose), los espasmos infantiles (síndrome de West), defectos mitocondriales, la esclerosis tuberosa o el complejo de esclerosis tuberosa.

Nuevos estudios sugieren que la dieta cetogénica también puede ayudar a tratar otras enfermedades, como la diabetes, la obesidad y hasta el cáncer.

 

¿Qué controles se deben tomar en cuenta al seguir esta dieta?

  • Se usan tiras reactivas de análisis de orina para monitorear la producción de cetonas derivada de la dieta.
  • Se realizan controles de seguimiento cada mes o cada tres meses para verificar el crecimiento (peso y talla), ajustar los medicamentos anticonvulsivantes y monitorear la historia de las crisis convulsivas (frecuencia y tipo).
  • Se realizan exámenes de orina y sangre para monitorear los electrolitos, las funciones renal y hepática, la carnitina, el selenio, el calcio, entre otros, con el fin de asegurar que no se produzcan complicaciones médicas.

 

¿Cuáles son sus efectos secundarios?

Aunque la dieta cetogénica es parte del tratamiento de la epilepsia, es necesario monitorear al paciente, ya que después de un tiempo de seguir esta dieta pueden presentarse varios efectos secundarios: debilidad, cálculos renales, elevados niveles de colesterol en sangre, vómitos, estreñimiento, disminución de la velocidad de crecimiento o escasa ganancia de peso, fracturas óseas y deshidratación.

Hay que mencionar que en caso de recurrir a este tipo de dieta como terapia en el control del sobrepeso y la obesidad se debe ser muy cuidadoso, ya que se desconocen sus efectos a largo plazo.​ Se puede seguir una dieta cetogénica baja en carbohidratos, pero siempre controlada por un médico o un nutriólogo, durante un cierto periodo de tiempo (de un mínimo de dos o tres semanas a un máximo de seis a 12 meses), ya que puede ayudar a reducir el peso corporal, pero evaluando constantemente la función renal del paciente y realizando un seguimiento cuidadoso durante la transición de la dieta cetogénica a la dieta normal.​

Debido a que esta dieta no provee todas las vitaminas y los minerales de una dieta balanceada, el nutriólogo puede recomendar suplementos como calcio, carnitina, selenio, hierro, ácido fólico y vitamina D.

Es pertinente insistir en que la dieta cetogénica sea manejada y supervisada por médicos y nutriólogos, para tener la seguridad de que se está siguiendo adecuadamente y que se están obteniendo todos los nutrientes necesarios y evitar complicaciones.

 

 


* Nutrióloga.

 

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