El dinero que envían los migrantes mexicanos en Estados Unidos a sus familias en México, conocido como “remesas”, se utiliza en gran parte para el pago de servicios básicos como comida, vestido, deudas, renta y agua o luz. ¿Sabes cuál es el escenario para estos ingresos en el contexto económico actual?

  

Las remesas han tenido una gran importancia en la historia económica de México, pues aproximadamente de 25 a 30 millones de remitentes potenciales localizados sólo en Estados Unidos1 realizaron envíos durante 2019 por más de 36,000 millones de dólares,2 máximo histórico en un año.

La población mexicana en Estados Unidos se encuentra en crecimiento continuo y juega un papel muy importante en su economía por la participación que tiene en sectores productivos medulares, y en nuestro país, por los lazos familiares que no se rompen, así como por el envío de remesas. Sin embargo, el pronóstico para 2020 tiene muchas reservas debido a la inestabilidad internacional sujeta a las variaciones del tipo de cambio, a la aceleración o a la desaceleración de la economía interna de Estados Unidos y al estado de ánimo del sector financiero.

Tradicionalmente, la función de las remesas ha sido mantener la estabilidad de las estructuras locales, poniéndolas a salvo de las complicaciones económicas relacionadas con los precios de los combustibles y de los alimentos, de la inflación, de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios a nivel nacional y de la depreciación del peso frente a otras monedas: las remesas han funcionado más como un flotador para las economías locales que como un impulsor del desarrollo. A pesar de lo anterior, muchas comunidades se han vuelto dependientes de ese ingreso.

Actualmente, las remesas representan uno de los ingresos más importantes en la balanza de pagos, igualando o superando los ingresos de otros sectores productivos de la economía nacional, y son fundamentales en la economía, así como en el bienestar familiar. Como decía José Pla, escritor español del siglo pasado, el dinero no da la felicidad, pero tampoco es un obstáculo serio.

En México, según el informe realizado por BBVA Research y el Consejo Nacional de Población, durante 2019 aproximadamente 1.6 millones de hogares recibieron remesas, que en muchos casos representaron el ingreso principal de esas familias. En ese sentido, la educación financiera es una ventana de oportunidad importante tanto para quien envía remesas como para quien las recibe, y porque lograr mejoras en las gestiones financieras familiares siempre es posible.

 

¿Para qué sirven las remesas?

En ese informe, se calcula que gran parte de las remesas que reciben los hogares mexicanos se destinan al pago de servicios básicos como comida, vestido, deudas, renta y agua o luz. El porcentaje de la población que destina los recursos que recibe para bienes duraderos —como patrimoniales o productos que le proveerán mejoras en su calidad de vida o que le proporcionarán una mayor certidumbre financiera, como contratación de seguros o fondos de ahorro, de inversión o de retiro— es menor.

El primer impacto que tiene la educación financiera es la mejora de las finanzas personales, ya sea a través del ahorro formal, de la elaboración de un presupuesto personal y del hecho de que evita el sobreendeudamiento, cuestiones que se traducen en menor estrés financiero y en mayor certeza para alcanzar metas y expectativas en el presente y en el futuro. La educación financiera siempre se ha considerado un elemento esencial para el bienestar individual que coadyuva a la estabilidad nacional.

Cada dólar es producto de un gran esfuerzo. Por eso es importante que las familias mexicanas cuenten con las nociones financieras básicas para hacer rendir el tiempo del trabajo que se invirtió para ganar ese dinero, así como para buscar opciones que garanticen mayor certidumbre económica, ya sea a través del ahorro, la inversión o la implementación de múltiples herramientas financieras.

Las remesas, más allá de constituir una importante fuente de ingresos para las familias receptoras que sufragan los gastos cotidianos, deben convertirse en un elemento relevante que complemente ejercicios de prevención para atender la salud, la vivienda (patrimonio) y la educación, por lo cual es esencial que la población mexicana que las remite y la que las recibe esté informada y tenga la posibilidad de tomar mejores decisiones para gestionar sus recursos, con el propósito de obtener mejores oportunidades para su familia y, por ende, para la comunidad.

Las distancias o las fronteras no deben convertirse en obstáculos para la educación financiera. No dudes en solicitar información o asesoría relativa a diversos productos y servicios financieros en los centros de atención, por vía telefónica, redes sociales y sitios web oficiales de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros. Recuerda que el esfuerzo de quien envía remesas debe trascender y generar bienestar duradero.

 

 


 

[1] Según estadísticas del Yearbook of Migration and Remittances México 2019, en Estados Unidos existen 38.5 millones de mexicanos, de los cuales 12.3 millones son migrantes, 13.5 millones son hijos de migrantes mexicanos y existen 12.7 millones más de ascendencia mexicana.

2 Sistema de Información Económica del Banco de México.

 

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