Las pinturas que marcaron época son aquellas que permanecen en el imaginario colectivo. Se trata de obras que atraen a miles de espectadores a los museos para ser contempladas en vivo y a todo color. Con motivo del Día Internacional de la Pintura, que se celebra el 25 de octubre, te compartimos las más famosas alrededor del mundo. 

 

El beso

La inspiración del momento más sagrado que oscila entre el erotismo y la ternura se percibe en El beso de Gustav Klimt. Esta obra fue creada en 1908 y pertenece al simbolismo contemporáneo art nouveau. Es la obra más célebre del pintor y fue elaborada duante lo que se clasificó como la “época de oro” de su carrera profesional. Mide 1.80 por 1.80 metros. Es un lienzo al óleo con aplicaciones de hoja de oro y se puede apreciar en el Palacio del Belvedere, en Viena, Austria. Klimt empleó la hoja de oro recordando la antigua técnica de la iconografía de los santos, la cual es usada deliberadamente para sacralizar el erotismo que empezaba a apreciarse en el arte. Es un cuadro que nos habla de la fusión emocional con el otro, del amor pleno, fuerte, sexual y espiritual que experimentan los amantes. 

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La persistencia de la memoria 

Cuentan que en menos de cinco horas Salvador Dalí pintó uno de los cuadros más geniales de todos los tiempos. La persistencia de la memoria, también conocido como Los relojes derretidos, fue creado una tarde de 1931, durante la cual el pintor se sintió indispuesto para ir al cine con su esposa y sus amigos. Mientras se encontraba solo en casa creó esta pieza surrealista que resalta la ambigüedad y la percepción distorsionada del tiempo. Este pequeño cuadro de 24 por 33 centímetros fue pintado en momentos en que la fotografía amenazaba con desplazar a la pintura, por lo que los artistas de las vanguardias buscaron nuevas miradas y nuevas perspectivas sobre el ámbito cotidiano. Dalí desfigura los relojes para exaltar lo sublime de la cuenta del tiempo, que en tiempos de la memoria no transcurre en segundos ni en minutos, y denota que existe otro tiempo real: el tiempo del inconsciente. 

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Guernica

Uno de los cuadros más famosos del célebre pintor Pablo Picasso retrata la versión surrealista del bombardeo de Guernica ocurrido el 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil española. Esta obra fue un encargo del director general de Bellas Artes, Josep Renau, a petición del gobierno de la República española, para ser presentado en el pabellón español durante la Exposición Internacional de París de ese año, con la intención de atraer las miradas internacionales hacia la causa republicana en plena guerra. Ciertamente, esta pintura trascendió la intención con la que fue encargada y se convirtió en uno de los íconos de la desolación humana que se vivía a mediados del siglo pasado. Predominan los tonos grises y los recortes de periódicos por haber sido éste el medio de comunicación por el que Picasso se enteró del bombardeo. Actualmente se puede contemplar en el Museo Reina Sofía en Madrid, donde se exhibe de manera permanente. 

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La noche estrellada

Una de las pinturas más famosas de Vincent Van Gogh retrata la visión nocturna que contemplaba desde su ventana en el sanatorio de Saint Rémy de Provence, donde se recluyó hacia el final de sus días. La pintura fue realizada de día, recordando de memoria el paisaje y sus matices de noche. Son varias las pinturas que se recuerdan por la genialidad y el estilo neoimpresionista de Van Gogh, de quien, aunque no es un secreto que padecía una mente atormentada, pocos conocen la historia de su vida. Sus crisis emocionales no eran impedimento para que su alma se expresara. Se asegura que podía concluir una obra cada día, mientras sus contemporáneos podían tardar meses en producir un cuadro. La noche estrellada fue pintada en 1889, tan solo 13 meses antes de que Van Gogh se quitara la vida. Actualmente puede contemplarse en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se encuentra desde 1941. 

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El grito

La obra de Edvard Munch comprende cuatro cuadros que muestran una figura andrógina, la cual simboliza al hombre moderno en su torbellino de angustia y desesperación existencial. El cuadro fue pintado en 1893. La versión más famosa de esta obra se encuentra en la Galería Nacional de Noruega. Es considerada como una de las obras más destacadas del artista y un ícono del movimiento expresionista.

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La creación de Adán

Éste es uno de los murales más espectaculares de todos los tiempos y se encuentra en la Capilla Sixtina de la Basílica de San Pedro, en El Vaticano. Miguel Ángel terminó esta obra en 1511. Es memorable la representación del episodio bíblico del Génesis, en el cual Dios le da vida a Adán (el primer hombre según la tradición). En esta pintura se observa a Dios representado por un hombre de cabello blanco, de edad avanzada, suspendido en el cielo; en el plano material, Adán se encuentra recostado, unido a la vida que le otorgó el ser divino. Esta obra generó algunas especulaciones, pues con su brazo Dios rodea a una mujer de la que se desconoce su identidad. Algunos aseguran que podría ser Eva, quien espera pacientemente su turno para integrarse a la tierra, o de una divinidad femenina con la cual Dios cocreó la vida. La genialidad de esta pintura no sólo radica en su majestuosidad: técnicamente sus líneas compositivas en diagonal la dotan de un dinamismo sin igual; destaca su perspectiva tridimensional con complejos puntos de fuga e intrincados escorzos nunca antes vistos en la historia. 

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El nacimiento de Venus

La representación del mito griego sobre el nacimiento de la Diosa del Amor creada por Botticelli es imprescindible en este conteo. Fue pintada para un miembro de la familia Médici con el objetivo de decorar uno de sus palacios. Botticelli se inspiró en la descripción de Homero. El artista representa a la diosa saliendo de una concha tras su nacimiento en la isla Citera. La imagen está acompañada de Céfiro, el dios del viento, y de Aura, la diosa de la brisa, enlazados en un abrazo. En la Tierra, una de las Horas, diosas de las estaciones, en concreto la Primavera, espera a Venus para arroparla. Las rosas caen junto a la diosa, pues se cree que surgieron con ella.

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La libertad guiando al pueblo

Éste es uno de los íconos más famosos de la sublevación y la libertad, obra de Eugene Delacroix. Representa una escena del 28 de julio de 1830 en la que el pueblo de París levantó barricadas pues el rey Carlos X de Francia había suprimido el parlamento por decreto y quería restringir la libertad de prensa. Los disturbios iniciales desencadenaron una revolución en la que participaron ciudadanos de todas las clases sociales. Delacroix representa a la libertad como la guía del pueblo y como una figura muy sensual. El cuadro muestra al pueblo unido, tanto a un burgués con sombrero de copa empuñando un fusil, como a un andrajoso hombre herido que pide clemencia y que simboliza a las clases más desprotegidas. El cuadro lo adquirió el Estado francés en 1831 pero debido a las críticas lo devolvió a su autor en 1839. Más tarde lo reclamó el director de los Museos Nacionales y lo albergó en el Louvre cuando se instauró el Segundo Imperio. Se ha convertido en un ícono universal de la lucha por la libertad. 

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La última cena

Uno de los murales más famosos retrata el pasaje bíblico de la última cena de Jesucristo con sus apóstoles, donde compartió el pan y el vino y nació el sacramento de la eucaristía. Fue pintado por Leonardo Da Vinci entre 1495 y 1497, en la pared del convento dominico de Santa María de las Gracias, en Milán, Italia. Esta obra fue un encargo del duque Ludovico Sforza y mide 460 por 880 centímetros. Fue realizada en un periodo de tres años y representó todo un reto para Da Vinci, pues no tenía experiencia haciendo murales. Dotó a sus personajes de la mayor diversidad posible, reunió lo bello y lo feo, al anciano y al joven, lo fuerte y lo débil, en figuras como Juan y Judas Iscariote. No recibió ni un centavo por esta obra, que poco tiempo después comenzó a desprenderse, por lo que antes de 1500 el óleo sobre yeso ya necesitaba restauración. 

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La Gioconda

Esta pintura, mejor conocida como La Mona Lisa, es, sin duda, la más famosa del mundo, pues cada año más de seis millones de personas acuden al Museo de Louvre en París para verla. Fue pintada por Leonardo Da Vinci entre 1503 y 1506. Se desconoce la identidad de la modelo, aunque se cree que pudo haber sido Elisa Girardini, esposa de Francesco del Giocondo, o la amante de quien entonces era gobernante de Florencia, aunque la hipótesis más controversial asegura que se trata de un autorretrato feminizado de Da Vinci. Así como su identidad, la sonrisa de la modelo sigue intrigando al mundo entero por la ambigüedad de emociones que expresa, pues diversos estudios señalan que en el mismo gesto denota felicidad, disgusto, temor y enojo. Fue adquirida a principios del siglo XVI por el rey Francisco I de Francia y desde entonces ha sido exhibida en el Palacio del Louvre. Podría ser el cuadro más caro del mundo. Por este motivo fue robado en 1911 por el pintor italiano Vicenzo Perugia, aunque un par de años después apareció en Italia. Se asegura que detrás de este robo hubo una conspiración de varios pintores para realizar réplicas y se llegó a aseverar que Pablo Picasso estuvo involucrado en estos hechos.

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