La violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo. Debido a la impunidad, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas, muchas de ellas guardan silencio y muy pocas se atreven a denunciar. La celebración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre, nos recuerda la importancia de alzar la voz ante esta terrible realidad.

 

 

La Declaración Internacional sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

Este año, el 25 de noviembre, se realizará una gran cantidad de actividades alrededor de esta campaña, entre las cuales sobresale la de teñir de naranja los edificios y los monumentos más emblemáticos alrededor del mundo, para recordar la necesidad de crear un futuro sin violencia de género.

 

Algunos datos acerca la violencia de género en México

  • Nueve mujeres son asesinadas cada día, de acuerdo con la ONU.
  • De 2015 a la fecha suman 3,200 feminicidios a nivel nacional. Sólo de enero a junio de 2019 se registraron 470 casos, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
  • Veracruz es el estado más peligroso para las mujeres, pues registra 104 víctimas de feminicidio de enero a junio de este año, de acuerdo con el SESNSP.
  • 19.4 por ciento de las mujeres de 15 años y más ha enfrentado por parte de sus parejas agresiones de daño físico, que van desde jalones o empujones hasta golpes, patadas, intentos de asfixia o estrangulamiento e incluso agresiones con armas de fuego y abuso sexual.
  • De 100 mujeres entrevistadas por Amnistía Internacional tras su detención, 33 denunciaron haber sido violadas durante el arresto, principalmente por parte de la Marina, la policía municipal y la policía estatal. El 72 por ciento aseguró que sufrió manoseo.

 

El arte en contra de este tipo de violencia

Las cruces rosas son un símbolo de los feminicidios en México. Son miles las que se encuentran enterradas en Ciudad Juárez. Están marcadas con los nombres de las que alguna vez fueron madres, hermanas, tías, profesionistas, estudiantes, amas de casa, esposas, novias, amigas. Fueron mujeres.

 

Zapatos rojos

Elina Chauvet encontró en su arte una manera de reclamar las muertes de las víctimas de violencia de género. La instalación, que en principio se exhibió en México, consta de decenas de zapatos de mujer teñidos de rojo, esparcidos sobre una explanada. Para crear conciencia y luchar contra el feminicidio, esta muestra se ha llevado a varios países latinoamericanos y europeos.

Durante una entrevista que le hicieron en Argentina, la creadora mexicana explicó que la exposición no es más que un llamado de esperanza, porque el rojo representa la sangre derramada, pero también significa el amor.

“El amor no muere con la persona. El amor continúa. La instalación ‘Zapatos rojos’ invita a que tengamos corazón, a que expresemos que somos capaces de querernos como seres humanos”, dijo Elina.

“Claro y directo, sin ornamentos, como requiere el tema a tratar, el objetivo de un trabajo de esta naturaleza es que cualquier persona que se tope con él, aunque desconozca el proyecto, pueda percibir su esencia. En este caso, sentir el sobrecogedor crujido del alma al estar visualizando la ausencia”, escribe el doctor en historia del arte Marc Montijano Cañellas en su artículo “Zapatos rojos de Elina Chauvet: la acción en Málaga”.

La artista comenzó su obra con 33 pares donados, pero la cantidad aumentó conforme la muestra iba cambiando de sede. Contemplar los zapatos rojos en silencio resultó un acto que invitó a la reflexión, a observar más allá del hecho de la muerte, porque lo cierto es que las mujeres asesinadas dejaban huecos, proyectos, familias. La obra justamente hacía pensar en eso, al observar quietos los zapatos que ya no serían usados por una mujer a la que le arrancaron los sueños y la vida.

 

Actos improvisados

Las actuaciones improvisadas en medio de una plaza, un parque o una explanada también han sido utilizadas para denunciar los feminicidios. Una reflexión activa y espontánea de este tipo tuvo lugar hace un par de años en la explanada del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Las protagonistas fueron la artista española Jil Love y la guatemalteca Julia Klug. Ambas aparecieron en el lugar envueltas en cita adhesiva, amordazadas y simulando estar ensangrentadas. En sus bocas selladas se leía la palabra “Silence”. Además, sobre ellas, que estaban acostadas en el suelo, había una cartulina con la leyenda: “¡Nada que ver aquí, sólo una víctima más de feminicidio en México! ¡Siga andando!” La finalidad del performance era descubrir la empatía del observador a través de la interacción. Esta expresión artística logró romper la barrera con los espectadores, involucrarlos con la problemática, para sacarlos de la indiferencia.

 

Collage fotográfico

Uno de los trabajos de la artista conceptual, fotógrafa y videógrafa Teresa Margolles, que tiene que ver con los feminicidios, se vincula con los carteles que las familias de las desaparecidas cuelgan por la ciudad con sus datos generales por si alguien tiene información que pueda servir para dar con su paradero.

Esas cartulinas con las fotografías de mujeres que no han regresado a casa, fueron capturadas por la cámara de Margolles, quien evidenció el paso del tiempo de esos anuncios, algunos ya amarillentos y agrietados. Luego, como una muestra de denuncia, la artista juntó esos rostros para crear la exhibición “Pesquisas”.

 

Las letras como vía de denuncia

La literatura también ha sido utilizada como vía de expresión y de denuncia. Varios autores se han centrado en la problemática y, en torno de ella, han narrado sucesos reales o ficticios de una o varias mujeres asesinadas bajo este concepto.

Frida Guerrera es una activista que se centra en la investigación de feminicidios en México y autora del libro Ni una más que plantea distintas fases del feminicidio: “El problema no sólo ocurre en las clases más necesitadas del país: el mal trasciende y aparece en todos los estratos de la sociedad. ¿A quién acudir? ¿Qué hace al respecto la autoridad? ¿Qué opinan los organismos de derechos humanos o feministas?”

El arte juega un papel importante en este tema cotidiano de México. Hay manifestaciones artísticas en la mayoría de los estados del país y muchos creadores internacionales toman partido en esta lucha vinculando el feminicidio como centro de su obra, para que, al ser expuesta, denuncie y se oponga a que la violencia contra las mujeres siga impune.

¡Únete a la campaña! Puedes participar a través de las redes sociales con las etiquetas: #DíaNaranja, #OrangeTheWorld y #EscúchameTambién.

 

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