¿Alguna vez has visto en la televisión un espectáculo donde un hipnotizador, con la capacidad de controlar la voluntad de decenas de personas con un solo chasquido, las exhibe y les pide hacer cosas ridículas que después los hipnotizados reportan no recordar? Conoce más acerca de la hipnosis y descubre si estos espectáculos representan una situación real o se tratan de una simulación.

 

 

Los shows donde se utiliza la hipnosis como espectáculo para hacer que alguien pierda el control de sí mismo gracias al poder de las palabras de un supuesto hipnotizador, y que despierta al escuchar “un, dos, tres”, en realidad son una farsa, un truco que está muy alejado del método aplicado por la psicología y la medicina.

La hipnosis o hipnoterapia es una técnica que cuenta con respaldo científico y no pertenece en lo absoluto al mundo esotérico o a la hechicería. La hipnosis no es una terapia en sí misma, sino una herramienta terapéutica por medio de la cual el psicólogo ayuda a trabajar al paciente situaciones que no puede recordar de manera consciente.

La hipnosis utiliza métodos guiados de relajación y concentración intensa que permiten al paciente centrar su atención en conseguir un estado elevado de conciencia conocido como trance hipnótico. Durante este estado, a diferencia de lo que la mayoría de la gente cree, no estamos inconscientes, ya que en este proceso la activación del cerebro es superior a la que tenemos mientras dormimos y somos conscientes de lo que ocurre; es decir, nos hallamos en un estado similar al que tenemos cuando practicamos yoga, relajación o meditación.

El psicólogo ayuda a la persona a concentrarse en determinada información o en estímulos concretos, como su respiración, la voz del terapeuta o algún tema específico, mientras que todo lo que sucede a su alrededor está temporalmente bloqueado o es ignorado por la persona en trance.

Aunque existen antecedentes del uso de técnicas similares a la hipnosis empleadas por los egipcios en los Templos del Sueño, no fue sino hasta mediados del siglo XVIII cuando se inició el primer estudio sistemático de un estado psico-fisiológico especial que más tarde sería conocido como hipnosis. El médico austriaco Franz Anton Mesmer es considerado el padre de la hipnosis moderna pues ideó una teoría en la que hablaba de la capacidad de las personas para curar a su prójimo usando el magnetismo animal o mesmerismo. La evolución de las ideas y las prácticas de Mesmer hicieron que James Braid desarrollara la hipnosis en 1842. Con el tiempo, se llegó a la conclusión de que las “milagrosas” curaciones en los trances hipnóticos, llamados sueños magnéticos o mesmerismo, se producían por una condición llamada sugestión.

Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, utilizó la hipnosis para trabajar con recuerdos traumáticos olvidados que, para ser curados, necesitaban volver a la conciencia. Freud fue el primero en proponer que la hipnosis permitía el acceso al inconsciente, aunque luego sustituyó la regresión hipnótica por la evocación en estado de vigilia de los recuerdos expresados por medio de la palabra (asociación libre) como un procedimiento para liberar el inconsciente.

Durante un trance hipnótico las personas pueden explorar pensamientos dolorosos o sentimientos y recuerdos de los cuales no sabían su existencia porque se encontraban ocultos en el inconsciente (uno de los sistemas del aparato psíquico donde se encuentran los deseos, los instintos y los recuerdos que el sujeto reprime porque le resultan inaceptables). Una vez que se explora la posible causa o raíz psicológica de un trastorno o síntoma, como un evento traumático, y se revela el trauma, la persona puede ser canalizada a psicoterapia.

La hipnoterapia ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, en los trastornos de ansiedad, en los trastornos gastrointestinales, en las enfermedades de la piel, en el alivio de las náuseas y los vómitos, en el parto y en el tratamiento del dolor crónico.

Amanda Barnier, profesora del Departamento de Ciencias Cognitivas de la Universidad de Macquarie afirma que, si ya en el pasado la hipnosis se utilizaba para realizar cirugías, amputaciones y ayudar a la gente con mucho dolor, también es posible hacer uso de ella en la actualidad.

Gracias a la hipnosis las personas pueden escoger qué parte del cerebro bloquea el dolor, ya sea un centro de toma de decisiones o un centro sensorial. Por ejemplo, la hipnosis puede provocar cambios psicológicos para reducir el dolor en el córtex anterior cingulado (la parte del cerebro que controla la toma de decisiones) o en el córtex somatosensorial (percepción del tacto).

Sin embargo, es importante puntualizar que la hipnosis puede o no ser efectiva, dependiendo de lo hipnotizable o sugestionable que sea cada persona. Es un hecho que la capacidad de las personas para ser hipnotizadas es diferente y por eso este procedimiento no es apto para todos, ni tiene el mismo efecto en todos. Según Barnier, de 10 a 15 por ciento de la población es “muy hipnotizable” y responde casi a cualquier forma de hipnosis, mientras que alrededor del mismo porcentaje de personas son “poco hipnotizables” y raramente responden a la hipnosis, o no lo hacen nunca.

En general, no debe practicarse la hipnosis en personas con esquizofrenia o con graves enfermedades mentales para evitar empeorar síntomas que serían difícilmente inducibles.

Para concluir, es importante recalcar que la hipnosis no es un procedimiento peligroso, ni se trata de un lavado de cerebro, como algunas personas pueden hacer creer, siempre y cuando sea llevada a cabo por un profesional en salud mental, ampliamente calificado y autorizado.

 


 

* Maestra en psicología clínica por la Universidad Iberoamericana.

 

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