Susana Noé

Lo primero que hay que saber sobre la celulitis es que ésta se puede desencadenar por diversos factores, entre los que están los siguientes:

Hormonales y endocrinos

La distención de los tejidos está directamente relacionada con las características anatómicas de la mujer, como sus caderas y sus muslos. Estas particularidades son determinadas por las hormonas que producimos desde los 12 o los 13 años de edad, que en ciertos casos provocan cambios como la acumulación de adipocitos. La celulitis suele agravarse en diferentes etapas de la vida de la mujer en las que las regulaciones hormonales son más complicadas, como en los embarazos o durante la menopausia.

 Genéticos y étnicos

La composición y la forma de nuestros tejidos está predeterminada en nuestro mapa genético. Por eso podemos encontrar familias completas en que las mujeres poseen piernas y caderas anchas con presencia de celulitis. En este fenómeno también influyen las raíces étnicas de las personas, pues existe un índice menor en la concentración morfológica de las mujeres nórdicas, cuyas caderas, glúteos y muslos son más angostos y, por ende, menos celulíticos que los de las mujeres latinas.

 Patológicos

Existen alteraciones patológicas, como las hepáticas, que favorecen la acumulación de desechos y residuos tóxicos en el organismo. Otras, como las varices, las insuficiencias venosas y los problemas circulatorios crean bloqueos que impiden una correcta circulación, que, en consecuencia originan edemas y provocan la celulitis.

Por lo dicho hasta ahora, parecería que combatir la celulitis es una batalla perdida; pero no es así. Nosotras mismas podemos realizar cambios en nuestros hábitos para influir directamente en la desaparición de este problema. Aquí te ofrecemos algunos consejos:

  • Toma dos litros de agua al día y modera tu consumo de alcohol, refresco, café y té.
  • Evita embutidos y enlatados ricos en sodio y procura reducir poco a poco tu consumo de sal.
  • Incluye fibra en tu dieta y come frutas y vegetales (crudos de preferencia).
  • Evita los quesos duros y mejor consume los frescos, como el panela o el Oaxaca.
  • Abstente de consumir papas fritas, pastelillos y golosinas, pues son tus peores enemigos en esta lucha.
  • En la medida de tus posibilidades realiza alguna actividad física.
  • Evita las prendas de vestir muy ajustadas, incluidos los calcetines y la ropa interior.
  • No utilices tacones muy altos, pues no permiten que la sangre fluya correctamente.
  • Cambia continuamente de postura, ya que mantenerte en una misma posición —de pie o sentado— durante largo tiempo, atrofia tu circulación.
  • Duerme de siete a ocho horas al día para que tu cuerpo se recupere de la rutina cotidiana.
  • Complementa tu tratamiento con geles, espumas y cremas especiales.
  • Si es posible, contrata sesiones de masajes reductivos con un profesional. Hoy en día existen muchas clínicas que ofrecen tratamientos alternativos como el drenaje linfático o la mesoterapia. Cerciórate de que quien te atienda en estos lugares sea personal calificado.

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