Las vajillas de talavera, en las que se sirve desde un chocolate con churros hasta un chile en nogada, ya son un estandarte de Puebla. Descubre en este artículo cuál es el origen de este tipo de cerámica y por qué es tan apreciada.

 

 

Una expresión de los valores y la cultura de México son las artesanías. Es muy común que los artesanos hayan desempeñado este oficio por generaciones, ya que conservan la esencia de todo un pueblo, además de que preservan la herencia de nuestros antepasados. Pero también es una fuente de trabajo y de supervivencia de muchas familias o de municipios completos que se dedican ya sea a los textiles, al tallado de madera o a la alfarería, entre otros oficios. 

México, un país tan creativo y rico en materiales, posee un sinfín de estandartes artísticos que le dan identidad y color. Todas las artesanías van desde lo más simple hasta lo más complejo. Por ejemplo, el barro cocido, las muñecas queretanas, la talavera, los sombreros de palma, el cobre martillado, los deshilados, las figuras de migajón, los muñecos de alambre, los juguetes de madera y los alebrijes.

En la época colonial y durante el virreinato los españoles se abastecían de obras realizadas por los artesanos mexicanos, lo cual produjo un sincretismo artesanal de figuras y estilos armoniosos aplicados a su trabajo, como en el caso de la talavera poblana.

En 1550 un pequeño grupo de artesanos arribó a la Nueva España proveniente de los talleres de Talavera de la Reina, Sevilla y Génova. Llegaron a Puebla y comenzaron a producir cerámica con estaño (loza estannífera). Los europeos notaron que los indígenas dominaban el arte con arcilla (barro) y decidieron incorporar a sus talleres estos materiales y la mano de obra de estos indígenas y de esclavos negros, lo que años más tarde daría lugar a la producción de la talavera poblana.

Al parecer, en sus inicios la talavera no era costosa, pues fue utilizada en la fabricación de las tuberías que abastecían de agua a la ciudad. Aunque también se utilizaba para elaborar loza fina: vajillas, jarrones y cazuelas. El precio de las piezas se incrementaba de acuerdo con las cantidades de cobalto y de estaño que se le iban agregando.

Una circunstancia que favoreció la producción de la talavera poblana fue que las familias de grandes recursos de la época querían tener vajillas de porcelana o de loza fina europea, pero el viaje a Europa era muy largo, y si una pieza de su vajilla llegaba a romperse, había que conseguir otra para completarla y traerla del Viejo Continente. Así que la gente comenzó a encargar sus vajillas finas de talavera, y a reponer las piezas rotas de cerámica europea por piezas de talavera. De ese modo, de generación en generación se aumentó la calidad y se mejoró el diseño de la talavera poblana, pues ya en 1620 se buscaba la ostentación extrema del barroco mexicano, basado en colores cargados y abultados. La talavera se utilizó en azulejos de cocinas y hospitales y en fachadas de edificios públicos, casas e iglesias.

En 1653 el gobierno virreinal decidió regular la industria y estableció categorías de calidad para el producto, así como normas para sus diseños:

- Uso del color azul cobalto en las piezas más finas.

- Firma del taller donde se fabricó para evitar falsificaciones,

- Niveles de calidad (fina, semifina y uso diario).

- Inspección anual por parte de los alfareros.

Durante un siglo la talavera tuvo auge en países como Guatemala, Cuba y Venezuela, entre otros, hasta que afrontó una etapa difícil, pues las imitaciones baratas y la importación de cerámica inglesa influyeron para que muchos talleres cerraran porque no podían competir en esas condiciones.

No obstante, desde hace 20 años la talavera ha sido modernizada y revitalizada por los talleres poblanos que han invitado a varios artistas mexicanos para mejorar sus diseños sin modificar el proceso que se utiliza en México desde el Virreinato.

 

¿Cómo se hace la talavera?

Básicamente, su producción tiene seis procesos muy meticulosos, que se llevan a cabo aproximadamente en seis meses:

1. Preparación de la mezcla de los barros.

2. Deshidratación y amasado.

3. Moldeo de piezas a mano en tornos de pedal y en moldes.

4. Jahuete o primera horneada de las piezas.

5. Decoración, diseño y pintura a mano.

6. Segunda horneada de piezas (con este proceso adquiere su brillo y su relieve característicos).

El decorado de la talavera poblana es realizado por artesanos de gran creatividad y, sobre todo, de mucha habilidad.

Los colores que se emplean por lo general son el azul cobalto, el amarillo, el negro, el verde, el naranja y el malva (violeta pálido).

Existen dos técnicas para el decorado:

-       Plumeado. Se utiliza únicamente el azul cobalto. Para este tipo de decorado no existe ningún patrón; los dibujos surgen de la creatividad de los decoradores, para lo cual requieren mucha práctica y gran experiencia.

-       “En color”. Se utilizan diseños o dibujos preestablecidos, por medio de patrones elaborados con papel albanene, el cual, con ayuda de polvo de carbón, permite establecer la guía de dichos diseños.

Los municipios donde se puede encontrar talavera son: Puebla de los Ángeles, Cholula, Tecali y Atlixco. Hoy en día, sólo las piezas que provienen de talleres certificados pueden llamarse talavera. La certificación la concede el Consejo Regulador de la Talavera. En Puebla sólo nueve talleres han sido certificados: 1. Talavera Uriarte, 2. Talavera La Reyna, 3. Talavera Armando, 4. Talavera Celia, 5. Talavera Santa Catarina, 6. Talavera de la Nueva España, 7. Talavera de la Luz, 8. Talavera de las Américas y 9. Talavera Virgilio Pérez.

El taller de talavera certificado más antiguo es la Casa Uriarte. Fue fundado en 1824 por Dimas Uriarte y se especializa en diseños de la época virreinal. Algunos talleres en Puebla ofrecen visitas guiadas y explican este interesante proceso.

 


 

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