Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la República mexicana hay 99 casos de delitos sexuales al día. Vergüenza, coraje, miedo y depresión son tan sólo algunas de las imborrables huellas que deja el acoso sexual en las víctimas. Con este artículo te invitamos a tomar conciencia sobre esta problemática y a no ser un testigo mudo de los abusos que sufren principalmente las mujeres.

 

 

Insinuaciones, solicitud de favores sexuales, contactos físicos o verbales de naturaleza sexual, no deseados y en un ambiente hostil, son sólo algunas de las expresiones del acoso sexual. Éste se puede presentar en diversos ambientes: desde la oficina de trabajo, los sitios públicos y los lugares de estudio, hasta en el seno de la familia, y tanto hombres como mujeres pueden ser objetos de este problema.

El acoso puede tomar diferentes formas: iniciar como incitaciones constantes o con flirteo no deseado, pasar por caricias inapropiadas y llegar hasta la violencia física o, peor aún, la violación. Y no importa qué tan leve o grave fue el acoso: en todos los casos, puesto que estos acercamientos no son deseados, la víctima termina sintiéndose avergonzada, amenazada, intimidada, pero, sobre todo, con una huella difícil de borrar.

En México, el abuso sexual ha crecido en los años recientes. Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la República mexicana hay 99 casos de delitos sexuales al día y la violencia de género se ha convertido en foco de alarma pues crece cada año. Para una mujer, el hecho de salir a la calle puede ser un simple motivo de acoso. De hecho, según datos del Banco Mundial, 65 por ciento de las mujeres que utilizan el transporte público en la Ciudad de México han sufrido algún tipo de acoso sexual. Y esto no es diferente en los demás estados de la República. Las entidades con más violencia hacia la mujer en casos de abuso y acoso sexual, hostigamiento, violación y delitos contra la libertad y la seguridad sexual son el Estado de México, Jalisco, Baja California y Nuevo León.

Las leyes en nuestro país prohíben el acoso. Según el Código Penal Federal mexicano, en su artículo 259 bis: “Al que con fines lascivos asedie reiteradamente a una persona de cualquier sexo, valiéndose de su posición jerárquica, derivada de sus relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquiera otra que implique subordinación, se le impondrá sanción hasta de cuarenta días de multa. Si el hostigador fuese servidor público y utilizara los medios o circunstancias que el encargo le proporcione, se le destituirá de su cargo”. Este artículo también especifica que sólo se podrá castigar al acosador si la parte afectada denuncia el acto y cuando se cause un perjuicio. En cuanto a las penas impuestas por el Estado, en caso de que se cometa una violación la ley impone una pena de dos a siete años de prisión. Si la víctima es menor de 12 años de edad, la pena mínima es de 20 años de prisión.

Los datos de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas muestran que, en promedio, de cada 100 casos de agresiones sexuales que se cometen en el país, sólo seis se denuncian, y de éstas sólo la tercera parte son consignadas ante un juez. Otro problema es el conflicto que existe en los distintos estados del país en la forma como se califican y se castigan los casos de violencia sexual, ya que hay diferentes criterios según los códigos penales de cada entidad.

 

Abuso ligado al poder

Muchas veces el acoso sexual está ligado al poder y al control. En estas circunstancias, la persona con poder —sea el jefe en un ambiente laboral, el maestro en un ambiente escolar o el adulto en un ambiente familiar— se aprovecha de la vulnerabilidad de la víctima para abusar de ella. Por ejemplo, cuando se solicitan favores sexuales a cambio de un trabajo, un ascenso, un aumento o una mejor calificación. En casos de adultos que abusan de niños, el miedo es el principal factor mediante el cual la persona con poder logra su objetivo.

Aunque en México es más común el acoso de hombres hacia mujeres, ocurre en todos los géneros, a todas las edades y en todos los niveles sociales. No existe un “prototipo” de acosador, ya que se encuentra en todas partes. Puede ser un familiar, un compañero de trabajo, un colega de la escuela, un extraño, un amigo, un jefe, un maestro e, incluso, un novio. Por eso dar a conocer qué es el acoso es esencial para que la víctima pueda defenderse y evitar cualquier contacto indeseado.

 

No todo es acoso

Hay mucha confusión acerca de lo que es el acoso sexual. El acosador puede usar violencia verbal, no verbal, física y hasta psicológica, así como atentar contra la dignidad de la víctima tratando de intimidarla y humillarla.

 

Acoso físico

  • Tocar el cuerpo de otra persona, abrazarla, besarla o acariciarla sin su consentimiento.
  • Dar masaje corporal a la víctima sin su anuencia.
  • Invadir el espacio de otra persona con comentarios y connotaciones sexuales.
  • Intimidarla para conseguir favores sexuales.
  • Tocarse o mostrar las partes íntimas para que otros lo vean.
  • Acercarse físicamente de manera excesiva, deliberada, sin el asentimiento de la víctima.
  • Agredirla sexualmente.
  • Violar a la víctima.

 

Acoso psicológico

  • Enviar mensajes o hacer llamadas telefónicas con contenido sexual.
  • Hacer invitaciones para realizar conductas sexuales.
  • Inmiscuirse en la vida íntima o sexual de la víctima.
  • Mostrar imágenes o fotos sexualmente explícitas.
  • Hacer comentarios sexuales sobre el cuerpo de la víctima.
  • Seguir a una persona, obstruirle el paso, intimidarla y provocarle miedo.
  • Pedir favores sexuales a cambio de algo.
  • Amenazar o sobornar a la víctima a cambio de un favor sexual.
  • Proferir insultos con connotaciones sexuales, como “perra”, “puta” o “zorra”.
  • Dirigir miradas lascivas a zonas erógenas como los pechos o las nalgas de una mujer o el miembro viril de un hombre.

 

Heridas profundas

Después de sufrir acoso sexual la víctima se siente desprotegida, intimidada y asustada. Esto suele ser un gran golpe a la autoestima que deja a la persona con sentimientos de impotencia, humillación, culpa y vergüenza. Quizás por esto muchas personas deciden quedarse calladas ante el acoso, y también por el miedo a que la gente no les crea o no las comprenda. Si la víctima fue amenazada con ser lastimada, con perder su trabajo o con cualquier otra consecuencia negativa, seguramente también callará. Al hacerlo el acosador acabará teniendo más poder y seguirá actuando con impunidad. Mientras tanto, la víctima se quedará con terribles huellas que sólo se convertirán en mayor ansiedad y depresión.

Para romper con el ciclo del acoso es importante que la víctima procese de manera adecuada el golpe traumático, ya sea platicando con un terapeuta, un psicólogo o una persona de confianza. Después, la denuncia es la principal herramienta para terminar con el acoso. Simultáneamente se puede acudir a grupos de apoyo u organizaciones especializadas. Y, lo más importante, no continuar en contacto con el acosador.

 

Me Too, el movimiento que está abriendo los ojos

El movimiento Me Too (Yo También) es una iniciativa que ha puesto los reflectores en los casos de acoso sexual ocurridos en Hollywood. A partir de la denuncia de las agresiones sexuales infligidas por el productor Harvey Weinstein, muchas mujeres se armaron de valor para hablar de sus casos de abuso sexual. Este movimiento dejó constancia de la magnitud del problema y de lo poco que se había hablado de él. A partir de Me Too han surgido otros movimientos en muchos países, incluido México, gracias a los cuales las víctimas han dejado atrás el miedo y han denunciado a sus agresores.

 


 

* Comunicóloga por la Universidad Iberoamericana. Divide su tiempo entre su pasión de escribir, su familia y su blog: www.tudosisdiaria.com.

 

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