El año pasado, 10 localidades del país se sumaron al Programa Pueblos Mágicos, con lo cual la lista de destinos con esta denominación creció a 121. Los 10 nuevos pueblos mágicos del país destacan por la variedad de oferta y diferencias culturales, pese a que todos son localidades del norte y del Bajío. A continuación enlistamos algunos sitios que no te debes perder durante tu visita a cada uno de estos pueblos mágicos de México.

 

 

El Programa Pueblos Mágicos nació en 2001 impulsado por la Secretaría de Turismo, con la finalidad de diversificar los atractivos turísticos del país y promover localidades que destacaran por sus tradiciones, su historia, su cultura, su arquitectura y su gastronomía.

 

Melchor Múzquiz, Coahuila

A 340 kilómetros de Saltillo, este pueblo mágico guarda una de las colecciones paleontológicas más grandes del mundo, con 390 fósiles de dinosaurios y crustáceos expuestos en el museo municipal.

Aunque impresionantes, los fósiles no son el único atractivo de este destino, ya que además cuenta con una importante escuela de maestros de talavera y escultores de fluorita, un mineral con vetas turquesa y violeta que dejan maravillado a cualquiera.

Por si fuera poco, la gastronomía de la región y la cultura de las tribus que habitan la ribera del río Sabinas —kikapú y mascogos— maravilla los sentidos más exquisitos.

 

Bustamante, Nuevo León

Cuando se habla de este estado lo primero que viene a la mente es Monterrey y su Cerro de la Silla, pero hay un tesoro escondido a poco menos de dos horas de la capital regia: las Grutas de Bustamante, una caverna llena de estalactitas y estalagmitas de formas caprichosas y espectaculares, como el “candelabro”, el “elefante” y la “catrina”, figuras formadas por el escurrimiento del agua durante miles de años.

Esta galería natural está iluminada de diferentes colores, creando un juego de luces y sombras único que hacen más atractivo el recorrido.

Una vez afuera los visitantes podrán recorrer el Cañón de San Lorenzo, otra maravilla natural por donde corre el río Tlaxcala y donde podrán organizar un picnic o quedarse a dormir en una cabaña.

 

Nombre de Dios, Durango

A 20 minutos de la capital duranguense se encuentra esta localidad, cuyo nombre dice mucho: posee cinco espectaculares iglesias virreinales de las que partieron las misiones franciscanas para evangelizar la región norte del país en el siglo XVI.

Pero la arquitectura franciscana no es el único atractivo de este pueblo mágico, ya que los visitantes podrán encontrar un museo con fósiles de mamuts, impresionantes barrancas con cascadas y bosques de antiguos sabinos cuyas gruesas raíces sobresalen de la tierra creando toda clase de figuras que se pueden descubrir con un poco de imaginación.

Además, esta localidad es famosa por la producción artesanal de mezcal y ate de cajeta, dos delicias que el visitante no puede dejar de probar.

 

Guadalupe, Zacatecas

A sólo 10 minutos de la imponente ciudad de Zacatecas se halla este pueblo mágico, cuya joya es el Museo de Guadalupe, una edificación de principios del siglo XVIII que albergó el tercer colegio franciscano de América.

En este recinto se exhibe una de las más grandes colecciones de arte virreinal, con frescos, esculturas, un coro tallado y las capillas que funcionaban como enfermería y biblioteca.

Además, en los alrededores del museo que se ubica en el centro del pueblo hay paseos en tranvía para conocer el Centro Platero de Zacatecas, donde se puede admirar el trabajo de decenas de artesanos que trabajan piezas únicas con este preciado metal.

 

Compostela, Nayarit

Éste es un destino talabartero, lo cual lo convierte en el sueño de los amantes del trabajo en cuero. En la avenida principal hay varios talleres que ofrecen una visita para observar el proceso de elaboración de huaraches, bolsas, sillas de montar, entre muchos artículos más.

Uno de sus atractivos es la Parroquia de Santo Santiago Apóstol, máximo orgullo del pueblo, la cual data del siglo XVI y posee el incensario más grande del mundo.

El templo es famoso por las reliquias que conserva, muchas traídas del Vaticano, como trocitos de piedra del Monte Calvario y de madera de la mesa de la última cena de Jesús con sus apóstoles, así como tela del ropaje que Jesucristo usó tras la flagelación.

 

Tlaquepaque, Jalisco

Inmerso en la zona metropolitana de Guadalajara, este pueblo de calles pintorescas es una visita obligada para las personas que llegan a la capital jalisciense. En sus alrededores se encontrarán cientos de talleres donde se trabaja la alfarería con arcilla, lo que le da nombre a la localidad.

Aquí también existe una gran cantidad de galerías, tiendas, cafeterías, heladerías y, sobre todo, fachadas coloridas. Son atractivos del lugar la parroquia franciscana de San Pedro y las casonas coloniales, muchas de las cuales convertidas en hoteles boutiques y restaurantes.

 

Comonfort, Guanajuato

En este pueblo, localizado a 20 minutos de San Miguel de Allende, se puede visitar una joya del arte sacro en América: la Parroquia de San Francisco, que guarda cuatro retablos bañados en oro que narran algunos pasajes del Evangelio.

Entre las principales tradiciones de este destino está la elaboración de tortillas ceremoniales, un rito proveniente de la cultura otomí. Se trata de un trabajo hecho con madera de mezquite y tintas extraídas de plantas medicinales. Consiste en un sello que se plasma sobre la tortilla de maíz, con símbolos que representan la conquista religiosa.

A las afueras del pueblo se puede visitar el viñedo San Miguel, el más grande de Guanajuato, donde se aprende a maridar vino con puros.

 

Amealco de Bonfil, Querétaro

En este pueblo se honra a la cultura otomí, pues en cada calle es evidente la presencia de la muñeca de trapo María, creación artesanal de esta comunidad. Además, en la Parroquia de Santa María se proyecta un espectáculo de luz y sonido que narra la historia y las costumbres de esta etnia.

Otro de los atractivos de este lugar es el hotel La Muralla, donde los huéspedes vivirán la experiencia de dormir en una habitación ambientada en la Revolución Mexicana, así como de disfrutar cabalgatas y espectáculos nocturnos.

 

Aquismón, San Luis Potosí

La riqueza cultural de la población tének y las maravillas naturales que la rodean —parte de la Huasteca Potosina— le valieron a esta localidad el nombramiento de pueblo mágico.

Aquí se conservan la lengua y las tradiciones tének, como la elaboración de textiles bordados a mano en los que se plasman símbolos sagrados como la flor de los cuatro vientos y el árbol de la vida.

Si bien el pueblo es pequeño y no posee muchos atractivos arquitectónicos, su belleza radica en los alrededores, como la Cascada de Tamul, que cae a 105 metros de altura y puede alcanzar 300 metros de ancho en temporada de lluvias; el Sótano de las Golondrinas, la sexta cavidad más profunda del planeta, así como las Cuevas de Mantetzulel, donde se puede practicar rapel.

 

Zimapán, Hidalgo

Esta entidad alberga algunos de los pueblos mágicos más bellos del país. Zimapán no es la excepción, pues se caracteriza por su pequeño centro histórico custodiado por la Parroquia de San Juan Bautista, labrada en cantera, con esculturas y relieves de estilo barroco.

En las cercanías puede visitarse el cañón El Infiernillo, una imponente formación donde se construyó una de las principales plantas hidroeléctricas de México. Este lugar es famoso por sus paseos en lancha y por la pesca deportiva, además de que cuenta con cabañas para pasar la noche y con actividades de aventura, como tirolesa, rapel y senderismo.

 


 

* Periodista por la UNAM y viajero por convicción. Ha trabajado en las redacciones de El Universal24 Horas El Insurgente. Twitter: @JvanRamos.

 

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