Tras la frontera sureste de México se extiende un país rico en cultura, diversidad, historia, tradiciones, gastronomía y belleza: Guatemala, una nación que puede parecer que figura poco en materia de turismo en la región, pero que tiene un potencial enorme como destino. Conoce todo lo que este país centroamericano tiene para sorprenderte y llenarte los ojos de belleza.

 


Cifras oficiales señalan que en 2015 Guatemala recibió a 750,000 turistas extranjeros, cifra muy por debajo de los 32 millones que llegan a México; pero sin duda esa cantidad se elevaría exponencialmente de conocerse los tesoros que guarda esta nación.
Guatemala cuenta con diversas regiones turísticas, todas ellas con una vasta oferta para turistas de todos los gustos.

 

Modernidad y tradición
Empecemos por la capital, la Ciudad de Guatemala, que poco a poco destaca como un centro de negocios en la región centroamericana y que, a la vez, cuenta con destacados recintos que dan cuenta de la historia del país, como el Museo Nacional de Arqueología, donde se pueden admirar invaluables piezas de la cultura maya, y el Museo Ixchel, donde se da cuenta de los momentos históricos de las tradiciones de este país a través de su vestimenta, su gastronomía y sus festividades.
Para quienes visitan la capital hay dos paradas obligatorias: la Plaza de la Constitución y el Mercado de Artesanías, donde no sólo encontrarán más sobre la historia y la cultura del país, sino que podrán llevarse un pedazo de Guatemala, mediante las obras de sus artesanos.
Una de las maravillas de esta capital son los cuatro volcanes que la coronan. El principal, por su cercanía y su actividad, es el Volcán de Pacaya, que de vez en cuando causa estragos al arrojar cenizas. Desde la capital también pueden apreciarse los volcanes de Fuego, de Agua y Acatenango.
Rumbo a la región del altiplano, al poniente de la capital, a una hora y media de camino está la ciudad de Antigua, una joya colonial, donde las calles empedradas, los cascos de los conventos, las fachadas de las viejas haciendas y las casas coloridas, significan un viaje a otro tiempo.
La ciudad atrae a miles de extranjeros cada año, muchos de los cuales se enamoran de ella y se quedan a vivir ahí, lo que ha resultado en una fusión de sabores que ha enriquecido la cocina guatemalteca.
Si bien la ciudad puede recorrerse a pie en un solo día, se requiere mucho tiempo más para conocer con detalle sus rincones y admirar y descubrir las historias que guardan los muros de sus templos y conventos, muchos de ellos destruidos por el paso del tiempo y las explosiones de los volcanes. Por supuesto que una foto en el arco de Santa Catalina es imprescindible.
Antigua es custodiada por los mismos volcanes de la capital, con excepción del Pacaya. Desde esta ciudad a veces se puede ver la fumarola o, incluso, la lava que sale del Volcán de Fuego, una experiencia única. Desde el Mirador de la Cruz, al cual es posible llegar caminado desde el centro, se tiene una vista espectacular de la ciudad.

 

Magia y misticismo
A unas tres horas de camino hacia el poniente está el Lago de Atitlán, un lugar mágico, considerado uno de los cuerpos de agua más bellos y puros de América Latina.
El lago está rodeado de pueblos que llevan los nombres de distintos santos. Entre los más famosos están San Francisco Panajachel, un pequeño poblado con aire hippie, donde hay muchas opciones de hospedaje y restaurantes. Muchos extranjeros llegan aquí para hacer base y recorrer la región.
En San Marcos Atitlán, Santiago Sacatepéquez y San Antonio Palopó se puede admirar la vida tradicional y el sincretismo que cobijan a Guatemala, así como apreciar a los ciudadanos, sobre todo a las mujeres y las niñas, portando sus trajes típicos.
Atitlán y, en general, el altiplano guatemalteco son un claro ejemplo del misticismo de Guatemala, uno de los principales atractivos del país. Una prueba de lo anterior es el pueblo de Chichicastenango, a poco menos de dos horas al norte del lago Atitlán.
El poblado es famoso por ser el sitio donde fue encontrado el Popol Vuh, el más importante de los textos mayas que se conservan en la actualidad, y por ser sede del mercado de artesanías más grande de América Latina.
La iglesia de Santo Tomás Chichicastenango es una parada obligada. Su aire místico es resultado de la mezcla entre la religión cristiana y los ritos mayas. En el templo, que data de 1540, no hay una sola banca, y las figuras de santos ataviados con vestimentas mayas son envueltas por el incienso que sube del suelo hasta las vigas del techo. En las gradas de la fachada hay ceremonias frecuentes con sacerdotes mayas.

 

Historia y aventura
Petén es el departamento más grande del país, con una extensión de poco más de 35,800 metros cuadrados, más grande que Belice y El Salvador. La región es famosa por ofrecer opciones de turismo de aventura, pero sobre todo por albergar la zona arqueológica de Tikal, uno de los centros mayas más visitados.
En Petén existen tres parques nacionales y unas siete zonas arqueológicas, entre los que destaca el de Tikal, que fue declarado Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1979.
La región de Petén también se caracteriza por su riqueza y su belleza naturales. En sus ríos y sus lagunas se pueden practicar deportes con el kayak o el remo.
Al sur de Petén está Alta Verapaz, departamento considerado “el secreto mejor guardado de Guatemala”, la tierra del mejor ecoturismo en el país.
Grutas, ríos, piscinas naturales, montañas, cascadas, caminos totalmente naturales y demás maravillas naturales se pueden encontrar en esta región, que comprende desde Cobán, el centro neurálgico de Las Verapaces, hasta Lanquín, un camino de poco más de dos horas y media ideal para quienes disfrutan los deportes y la recreación al aire libre.

 

Arena, sol y mar
Guatemala también es un lugar de descanso y relajación. El país tiene salidas tanto al Mar Caribe como al Océano Pacífico, por lo que ofrece diversos destinos de sol y playa.
En el oriente se encuentra Izabal, un destino rico en ecosistemas a las orillas del Caribe. Tiene distintos atractivos, como playas y parques ecológicos, y hoteles ideales para relajarse y disfrutar la tranquilidad y la naturaleza.
El lago de Izabal está entre las paradas obligadas. Es el más grande en el país y está rodeado de playas y exuberante vegetación, lo que llena de belleza la mirada de cualquier visitante. También hay que visitar el castillo de San Felipe, una fortaleza creada para defender la región de los ataques piratas en los siglos XVII y XVIII.
Ahora, si lo que el visitante busca es diversión, la costa del Pacífico en Guatemala cuenta con distintos parques, balnearios y centros turísticos, rodeados de un paraíso natural.
Lugares como Escuintla, Puerto Quetzal, Puerto San José e Iztapa, ofrecen a los viajeros actividades como la pesca deportiva del pez vela, así como el avistamiento de ballenas jorobadas, tortugas, mantarrayas, tiburones y delfines.
Además, en la región se pueden encontrar playas de arena negra, formadas durante siglos por las explosiones de los volcanes.
Guatemala es, sin duda, un destino diverso que dejará a sus visitantes con el deseo de volver. ¿Te animas a conocerla?


* Periodista por la UNAM y viajero por convicción. Ha trabajado en las redacciones de El Universal, 24 Horas y El Insurgente.

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