México es un país único en su diversidad cultural, natural y espiritual, por lo cual en esta edición te compartimos una serie de experiencias que trascienden las vivencias mundanas y que desde tiempos ancestrales han sido conservadas y resignificadas para la apertura de la conciencia. También existen prácticas que incitan a la sensibilización. El turismo mágico está presente y atrae a aquellos buscadores de sabiduría y bienestar. En este conteo destacamos algunas prácticas mágicas que trascienden en todo aquel que abra su corazón a la realidad con otra perspectiva.

 

 

10. Ceremonia ritual de los voladores de Papantla

Sus míticos orígenes señalan una fuerte sequía en la zona de Totonacapan (que comprende los actuales límites de Veracruz y Puebla) que causó hambrunas en los pueblos de la región. Un grupo de sabios abuelos encomendó a los jóvenes castos localizar el árbol más alto, recio y recto, y pedir permiso a la montaña para cortarlo, ofrendándole danzas y reverencias con un son conocido como “del perdón” y señalando a los cuatro puntos cardinales con bocanadas de aguardiente. Así comienza el ritual, guiado por el caporal en la búsqueda del palo sagrado, el cual, después de cortar sus ramas, es trasladado con rodillos hasta el lugar ceremonial donde se realiza la “siembra” del poste en el pozo en el cual se sacrifica un gallo o siete pollitos vivos, junto con tamales, aguardiente y tabaco para que el poste no reclame la vida de los danzantes. El “palo volador” se compone de un mástil que puede medir de 18 a 40 metros de altura, un tecomate (aparato giratorio) y el cuadro o bastidor donde se apoyan los voladores. El caporal toca, con una flauta de carrizo y un tambor, melodías al sol y a los cuatro puntos cardinales, mientras los voladores que treparon con humildad hasta la cima —los hombres-pájaro— se lanzan ligeros al vuelo en ovación a la cosmogonía de la creación. Cada volador gira 13 veces, cifra que, al multiplicarse por los cuatro volares, da 52. Lo anterior, pues según los calendarios prehispánicos cada 52 años se completa un ciclo solar, después del cual nace un nuevo sol que permite que la vida siga su curso. Desde 2009 esta ceremonia ritual forma parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

 

9. Limpia en Catemaco

En Catemaco, Veracruz, se concentra una gran tradición de brujos y hechiceros que realizan todo tipo de trabajos místico-adivinatorios. Los servicios más solicitados son las “limpias” que, mediante hierbas, huevos y otros elementos mágicos de la naturaleza, ayudan a liberar emociones y bloqueos que cargan las personas a nivel físico, energético y espiritual. Se cree que el primer viernes de marzo es el día más acertado para realizar este tipo de rituales, por lo que cientos de turistas acuden en esa fecha para recibir sus sanaciones. Es común ver en esta temporada a una gran cantidad de vendedores ambulantes ofreciendo velas, lociones preparadas y otros amuletos que pueden tener la potencia de abrir los caminos, alejar las envidias y alcanzar fama, prosperidad y pasión con el ser amado.

 

8. Ceremonia del cacao

Cuenta la leyenda que el cacao fue un regalo de Quetzalcóatl, el dios bueno, a los hombres toltecas. El grano que al ser adorado crea un elíxir de amor que facilita la apertura del corazón y del entendimiento era un tesoro reservado para las deidades del mundo prehispánico. La serpiente emplumada robó el árbol del cacao y lo sembró en Tula. Posteriormente le pidió a Tláloc, dios del agua, que mediante su lluvia alimentara e hiciera crecer al arbusto; asimismo, pidió a Xochiquétzal, la diosa del amor y la belleza, que lo impregnara de su esencia, y al poco tiempo la planta floreció y dio frutos de cacao. Se sabe que desde la Antigüedad el cacao desempeñaba un papel muy importante en la vida de los ancestros, pues era moneda de trueque y bebida ceremonial. Del mismo modo, siempre que alguien llegaba a un hogar maya se le ofrecía una taza de cacao, en señal del deseo de entablar una relación sincera. Actualmente es posible asistir a distintas ceremonias en honor del cacao, no obstante que existe poco conocimiento sobre cómo se le rezaba a este fruto.

 

7. Velación con hikuri

Los huicholes son uno de los pueblos más antiguos de México, quienes, a pesar de la conquista de los españoles y del acoso de la sociedad moderna, permanecieron firmes y han conservado su patrimonio cultural y espiritual.

La planta sagrada del pueblo wixrika es el peyote, o hikuri, un cactus medicinal que la gente consume ritualmente, pues representa el lazo espiritual que se establece con la tierra y el universo. Esta planta contiene un concentrado de mezcalina, un poderoso alucinógeno que puede despertar un colorido trance y una inspiración divina. Los huicholes rezan mientras caminan a lo largo del desierto en una peregrinación hacia Wirikuta, “el Corazón del Mundo”, en busca de los preciados bulbos del peyote. Posteriormente se reúnen alrededor del “abuelo fuego” y saludan a los cuatro rumbos.

Wirikuta es el lugar donde el Venado Azul terminó su camino. La leyenda más famosa de este pueblo cuenta que cuando se hizo el mundo, un venado surgió del mar, de donde actualmente sería San Blas Nayarit, lugar al que llamaron Tatéi Haramara. El venado siguió el camino del sol hacia el oriente y cinco cazadores huicholes fueron detrás de él. Al lanzarle una flecha el corazón del animal se convirtió en peyote; así, cada uno de estos cactus representa una de las pisadas del venado por la ruta sagrada.

 

6. Temazcal

El retorno al vientre materno se puede experimentar durante un ritual de temazcal. No se trata de un sauna ni un baño de vapor, sino de un ritual espiritual que busca regresar a la persona a su origen, mediante cantos, rituales de honor y celebración de la vida en el vientre de la madre tierra, para surgir en una versión renacida de uno mismo. La palabra temazcal proviene del náhuatl temazcalli que significa “casa de vapor” y desde tiempos prehispánicos ha sido un ritual practicado por diversos pueblos de Mesoamérica. Entre sus beneficios se encuentra la eliminación de toxinas a través del sudor, la estimulación sanguínea y el reequilibrio del metabolismo. El ritual puede incluir adoración a los cuatro rumbos, así como un rezo guiado por cantos tradicionales acompañados de tambores o panhuehuetl y hierbas medicinales aromáticas, así como copal.

El temazcal alcanza temperaturas superiores a los 40 grados, por lo que estimula el sistema linfático, descongestiona el aparato respiratorio, relaja el sistema nervioso y acelera la circulación sanguínea. Es una excelente opción para la salud reproductiva de la mujer. Incluso muchas parteras tradicionales lo recomiendan como una terapia previa al parto. Es una experiencia que no te puedes perder.

 

5. Danza prehispánica

La danza ceremonial es una manifestación artística que ha sido celebrada desde antes de la Conquista. Incluye bailes populares y ofrendas para venerar, alabar o dar tributo a las deidades de antiguas religiones.

Existen muchos tipos de danzas, según la región y la tradición de cada lugar; algunas incorporan la figura de los animales autóctonos de cada lugar como nahuales protectores. Entre los ritos más destacados que perduran en la actualidad es posible disfrutar danzas como las practicadas por los tepehuanos y otras tribus de la zona oriental de la Sierra Madre, o el baile del peyote que se realiza en noviembre según las tradiciones wixárikas y que combina la danza con música tradicional, generalmente acompaña por el violín; también destaca el baile del rutuburi, una danza tradicional para festivales de agricultura, así como la danza de los quetzales que se celebra en el seno de las tribus de la Sierra Madre y que incluye acrobacias e invocaciones realizadas por un chamán. La danza emplea el cuerpo como un instrumento en sintonía con la música, y en un contexto de ritual guiado por un chamán o un danzante es un espectáculo que despierta energía armoniosa en los espectadores.

 

4. Otac

En las profundidades del desierto de Sonora habita el sapito más asombroso de todo México. El Bufo alvarius (conocido como “otac”, nombre seri que recibía el sapo en la antigüedad) produce una toxina que contiene la sustancia activa 5-MeO-DMT (5-metoxi-N,N-dimetiltriptamina), la cual es un neurotransmisor que se encuentra en el cerebro humano de manera natural y es producido por la glándula pineal en pequeñas cantidades durante los estados de ánimo positivos, como la alegría y la euforia, durante el sueño profundo, así como al dar a luz las mujeres. Al consumir 5-MeO-DMT el cuerpo multiplica su producción de neurotransmisores como serotonina, melatonina, triptamina y enzimas que favorecen la sanación y la regeneración del cuerpo, provocando la liberación de una cantidad considerable de estrés acumulado inconscientemente. Destaca por desbloquear el sistema inmunológico y por propiciar que los padecimientos físicos, mentales y emocionales puedan autocorregirse y sanar de manera gradual.

La toxina es extraída del sudor de este sapito tan especial sin que sufra daño alguno. Luego de ser recolectada, se fuma. Durante la fase activa del efecto de esta medicina el paciente puede sentir una desconexión parcial o total de la realidad física y/o visual, así como una profunda conexión con la conciencia universal, y desconocer el ego como motor principal. Es una medicina muy poderosa para establecer contacto con lo divino, por lo que se recomienda recibirla de un chamán autorizado por la comunidad seri. Si quieres tener más informes sobre estas terapias en la Ciudad de México, acude al centro ceremonial Kalmekayotl en Xochimilco.

 

3. Niños santos

En México se concentra una gran variedad de hongos enteógenos: “pajaritos”, derrumbes o maestros. En las tierras mexicanas crecen estos pequeños especímenes medicinales, también conocidos como “niños santos”, los cuales proliferan durante los meses de lluvia. Desde tiempos ancestrales se les llamaba teonanácatl en náhuatl, que significa “alimento de Dios”. En Oaxaca se respira magia en cada centímetro de su territorio, pues es uno de los estados más representativos y frecuentados por los turistas que acuden a la sierra mazateca en busca de estos manjares de la tierra que crecen en los valles a la altura del cielo, donde las nubes se confunden con la neblina y abundan las historias de duendes, gigantes y criaturas que cuidan la montaña.

Huautla de Jiménez fue la meca de la sanación con hongos psicodélicos a cargo de su sacerdotisa y curandera María Sabina. En el Cerro de la Adoración o del Fortín se siguen celebrando ceremonias en las cuales se honra la divinidad de esta medicina natural que puede combatir el estrés y depresión y optimizar el sistema inmunológico de quien los consume.

 

2. Pulques del Valle del Mezquital

Desde tiempos inmemoriales se sabe que los magueyales de los Llanos de Apan y del Valle del Mezquital, en Hidalgo, han producido los mejores pulques de la historia. En el Imperio mexica se valoraba el pulque como una bebida ceremonial, néctar de los dioses. Esta bebida se obtiene de las pencas maduras del maguey, arrancando la yema o corazón y raspando sus paredes hasta lograr una cavidad de la que días después emana el aguamiel, durante tres a seis meses. El tlachiquero es el guardián del elíxir y se encarga de extraer el líquido succionándolo con un acocote, dos o tres veces al día, para vaciarlo en una botija o pellejo (cuero de pulque) o en una castaña hecha de madera para después depositarlo en el tinacal donde se fermentará.

El aguamiel sin fermentar es un refresco delicioso dulce y transparente. Una vez fermentado se convierte en octli o pulque, bebida embriagante que se consume en muchos pueblos. En tiempos prehispánicos sólo se les permitía tomar a los señores principales y a los ancianos (hombres y mujeres mayores de 52 años de edad). Sólo ellos, y las personas que iban a ser sacrificadas en el templo de Huitzilopochtli, podían embriagarse con esta bebida, que también tenía usos medicinales: al ser combinada con diversas yerbas se ofrecía como remedio a los enfermos y a las parturientas, pues se le consideraba una medicina eficaz para aliviar diversos males

 

1. Rituales de equinoccio en sitios arqueológicos

Los antiguos pobladores de México destacaron por su pericia en la astronomía y en la cuenta del tiempo. Prácticamente todas las etnias mesoamericanas reverenciaron el equinoccio de primavera, es decir, la llegada de esta estación, que en nuestro calendario se celebra el 21 de marzo. En diversos sitios arqueológicos se pueden observar increíbles juegos de luces y sombras provocados por la arquitectura que aluden a la presencia de Quetzalcóatl, el dios bueno, que desciende al mundo terrenal para anunciar el florecimiento de la vida. Cada año, miles de turistas espirituales acuden a zonas arqueológicas como Chichén Itzá, Teotihuacán, Dzibilchaltún, el Templo Mayor y El Tajín para recibir la energía de la confluencia astrológica, así como para honrar la vida ritual y la sabiduría de los antepasados. En Chichén Itzá es posible observar la serpiente que desfila por la escalera norte del templo de Kukulkán o El Castillo, hasta fusionarse con su personificación en la gran estatua que lo representa al pie de las escalinatas. Por su parte, en Dzibilchaltún, Yucatán, en el templo de las Siete Muñecas, es necesario madrugar para disfrutar la danza que tiene al Sol como protagonista: a las cinco de la mañana el astro rey aparece por el oriente de la pirámide y atraviesa sus ventanas y sus puertas en un exquisito vaivén luminoso.

 


  

* Periodista por el Instituto Tecnológico de Monterrey, escritora y feminista por vocación.

 

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