México tiene una esencia única, por sus valles, sus cielos, sus aguas, sus desiertos y sus montañas. Y los seres vivos contribuyen con su misticismo. En este conteo te presentamos 10 de las especies de animales endémicos más sorprendentes que habitan en territorio mexicano. Por desgracia, todas se encuentran gravemente amenazadas de extinción, por la inminente alteración de sus ecosistemas. Informarse sobre la gran variedad de animales que habitan nuestro país nos permite sensibilizarnos y comprender que no sólo debemos proteger a una especie sino a la biodiversidad entera.

 

 

10. Culebrilla ciega de dos patas

Una de las criaturas más extrañas y únicas es, sin duda alguna, la culebrilla ciega de dos patas, también conocida como “lagarto topo” o “lagarto ajolote”. Este largo anfibio parecido a un gusanito vive en el desierto de Baja California Sur, enterrado todo el día; por eso su aspecto albino, pues sólo sale a la superficie por las noches después de lluvias intensas. El “lagarto mole” sólo cuenta con dos patas delanteras que usa para cavar túneles en busca de larvas, huevos de hormiga o termitas. Pertenece a la familia Bipedidae y habita los suelos sueltos con vegetación de arbustos. Debido a que es una especie que no es posible encontrar en ninguna otra parte del mundo y vive en una pequeña porción del territorio mexicano, este animalito es vulnerable a cualquier alteración radical del medio ambiente o a la reducción de su hábitat.

 

9. Tortuga del desierto

Una de las más grandes maestras de la naturaleza es la tortuga del desierto mexicana. También conocida como tortuga del desierto de Mojave, llega a pesar de cuatro a 23 kilogramos; es originaria del sur de Estados Unidos y de entidades como Sonora, Chihuahua y Sinaloa. Puede soportar temperaturas hasta de 60°C en el suelo y pasar 95 por ciento de su tiempo cavando madrigueras. Su metabolismo es muy lento, por lo que puede estar mucho tiempo sin consumir alimentos. Se calcula que puede permanecer hasta un año sin tomar agua directamente, extrayéndola sólo de los alimentos. Los machos pueden presentar comportamiento dominante y agresivo durante la temporada de apareamiento; incluso llegan a combatir entre sí para ganarse el derecho a copular con las hembras. Su apareamiento se puede presentar en cualquier estación del año, después del cual producen aproximadamente de tres a cinco huevos por puesta que traerán a la vida a sus crías siete u ocho semanas después. Esta especie también se encuentra en peligro de extinción por las actividades humanas que han ido reduciendo su ecosistema, así como por su venta ilegal.

 

8. Teporingo

El teporingo, “conejo de los volcanes” o “zacatuche” es una criaturita lagomorfa que pertenece a la familia Leporidae. Vive en la parte central de la zona de los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y Tláloc, en los bosques de pino. Es pequeñito, menor a 30 centímetros de largo y llega a pesar hasta 600 gramos. Su alimentación está basada en semillas, hojas tiernas de pastos o zacatones, lo cual lo hace ser muy importante para su ecosistema pues ayuda a dispersar las semillas. Al mudar su pelaje, éste es utilizado por algunas especies de aves para la construcción de sus nidos. Actualmente se encuentra en peligro de extinción, por lo que es importante hacer un llamado de conciencia a la preservación de su hábitat.

 

7. Sapo de cresta grande

Se creía que esta especie se había extinguido, pero recientemente se redescubrieron renacuajos y metamorfos en Apulco y Barranca de Xocoyolo. Este sapito es una especie endémica de la Sierra Madre Oriental, en el centro-occidente de Veracruz, en Jalapa y en el norte de Puebla. Por desgracia, su croar no se volverá a escuchar en Veracruz pues desde hace décadas no se le ve saltando por sus tierras. Pertenece a la familia Bufonidae y sus tonalidades café oscuro, claro y ligeramente gris las distinguen del resto de su familia. Actualmente se encuentra en alerta crítica de peligro de extinción debido a la desaparición y la perturbación de bosques de pino y encino, así como por la contaminación y la desecación de los arroyos. Su hábitat ha sido destruido casi por completo en las localidades donde esta especie solía vivir.

 

6. Coqueta de Atoyac

Este pequeño colibrí es el más majestuoso de los bosques tropicales de montaña y vive en el sur de México, en el estado de Guerrero. Se calcula que sólo podrían existir de 250 a 999 pajaritos de este tipo y su población continúa disminuyendo por la constante amenaza a su hábitat. Se distingue de los de su especie por portar un colorido penacho con deslumbrantes tonos castaños rojizos, que resulta un deleite a la vista. También conocida como “coqueta de Guerrero” o “coqueta cresta corta”, esta simpática ave habita un área muy reducida, de sólo 25 kilómetros de ancho, la cual está amenazada por el roturado de terreno con fines agrícolas. Sus planes de conservación se dificultan por la violencia desatada por el crimen organizado que opera en su restringido hábitat.

 

5. Cachorrito de Julimes

Este pequeño cachorrito es mucho más pequeño que un canino. Se trata de un lindo pecesito plateado que pertenece a la familia de los ciprinodóntidos. Habita la zona termal de El Pandeño, municipalidad de Julimes, Chihuahua. Resulta una especie sorprendente pues no sólo es una maravilla de la conservación natural, sino que pertenece a una de las especies marinas más resistentes a las altas temperaturas del planeta; se distingue por vivir en aguas que oscilan entre 38° y 47° C, lo cual lo ha hecho acreedor del récord Guinness por ser el vertebrado que habita en las temperaturas más calientes del mundo, así como por ser el vertebrado con el hábitat más reducido del mundo, pues su estanque es menor de 300 metros cuadrados. Su expectativa de vida es de dos a tres años, en promedio, y mide hasta 40 milímetros. Debido a que se encuentra en un ecosistema muy particular, reducido y frágil se considera en riesgo de supervivencia pues está amenazado permanentemente por la incesante extracción de agua del acuífero en el que habita.

 

4. Lobo mexicano

Cada noche podría ser la última que aúlle el lobo mexicano en su territorio. Hasta hace unos años el lobo mexicano corría por las tierras de Arizona, Nuevo México y Texas, y en México abundaba en la Sierra Madre Occidental y en la Sierra Madre Oriental, así como en el área volcánica central. Tuvo el triste destino de haber sido víctima de una campaña de exterminio organizada y financiada por el gobierno de Estados Unidos y en la década de 1960 yo no se encontraba un solo ejemplar en vida silvestre. El lobo mexicano fue exterminado durante la primera mitad del siglo pasado. Los que quedan vivos provienen de la misma familia y fueron rescatados y puestos en cautiverio para su reproducción y posterior reintegración a su hábitat, con la esperanza de que sus crías puedan repoblar sus bosques.

 

3. Águila real

El símbolo más emblemático de México, el águila real que devora una serpiente sobre un nopal en la insignia nacional, también se encuentra en peligro de extinción. Si bien esta especie también se encuentra en Asia Central, Europa y América del Norte, tiene un profundo significado mágicorreligioso para la bandera, el escudo y la moneda de nuestro país. No obstante, los mexicanos estamos destruyendo su hábitat. Actualmente sólo existen cerca de 100 parejas en vida libre y aún es posible avistarla en Durango, Chihuahua, Coahuila, Zacatecas y Nuevo León. Además de su inigualable belleza, el águila real destaca por la gran velocidad que alcanza al volar (hasta 193 kilómetros por hora), así como por su agudeza visual. Se le llama águila real porque cuenta con un collar de plumas que se tornan doradas conforme alcanza la madurez. Habita en los bosques de pino y en lugares donde la vegetación no es muy abundante, aunque también suele vivir en llanuras y en regiones semiáridas.

 

2. Vaquita marina

La más pequeña y tierna de las marsopas, la “vaquita marina” o “cochito”, está destinada a la extinción. Actualmente podrían quedar menos de 30 ejemplares vivos en el Golfo de California. Se caracterizan por ser una especie tímida que rara vez se deja ver. Se sabe que se comunican entre sí mediante ruidos agudos y que son capaces de localizar a su presa por los sonidos que emite. Les gusta habitar aguas turbias por su alto contenido de nutrientes y se calcula que pueden llegar a vivir hasta 20 años. En las últimas décadas su población se redujo notablemente debido a la destrucción de su hábitat por actividades humanas, así como por ser una especie afectada por la pesca, pues muchas de ellas quedan atrapadas en las redes que se colocan para atrapar a otro tipo de especies, lo que resulta en una verdadera pérdida.

 

1. Ajolote

El dios de los lagos es el ajolote o axolotl. Su misticismo le roba el aliento a cualquiera. En tiempos prehispánicos solía ser venerado por considerársele una divinidad. Se creía que tenía virtudes medicinales, por su habilidad para regenerar sus propias extremidades. Se cuenta que en aquellos tiempos abundaban en el lago de Pátzcuaro y en los canales de Xochimilco. El axolotl se cocinaba con jitomate, chile, ceniza y ranas leopardo de Moctezuma, manjar prehispánico conocido como mixmole. También se comía envuelto en hojas de maíz a orillas del lago o como remedio medicinal contra la tos, en forma de jarabe. Y así fue el inicio del fin de los días de esta especie que pone sus esperanzas en el aumento de las siembras con chinampas para poder sobrevivir en Xochimilco. Las crónicas de Bernardino de Sahagún relatan que en la mitología el ajolote es un dios asociado a la dualidad y a la monstruosidad. Huyó del sacrificio que le impusieron otros dioses, con el que harían que se volviera a mover el sol. Durante su escape se transformó primero en un maíz de dos pies (xólotl) y luego en un maguey de dos pencas (mexolotl). Por último, se refugió en el fondo del lago como un monstruo de agua (axolotl), donde sería alcanzado y sacrificado.

 


 

* Periodista por el Instituto Tecnológico de Monterrey, escritora y feminista por vocación. 

 

 

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