Diego Velázquez Betancourt

 

“Olvidar” gasas en el vientre de una persona, amputar por “error” una extremidad o inyectar aceite de cocina en glúteos y pechos son sólo algunas de las muchas historias de terror debidas a la negligencia médica. “Somos médicos, no somos dioses, no somos criminales”, se defienden los galenos. ¿Tú qué opinas?

El días pasados surgió en nuestro país un movimiento en redes sociales de un grupo de médicos que, bajo el nombre #yosoy17, se solidarizaban con algunos compañeros de profesión de Jalisco para recordar a la sociedad que los galenos, antes de ser infalibles, también son humanos y no siempre está a su alcance salvaguardar la vida de sus pacientes, a pesar de todas las capacidades que hayan desarrollado durante su formación profesional.

Este asunto tomó fuerza tras la liberación de 16 órdenes de aprehensión en contra del mismo número de pediatras, a quienes se les acusaba de mala práctica médica en el caso de un niño que falleció tras una intervención de emergencia, aunque el infante ya padecía otras enfermedades. Con la consigna “Somos médicos, no somos dioses, no somos criminales”, dicho movimiento ayudó a generar conciencia entre los mexicanos acerca de las limitaciones que pueden tener los profesionales de la salud para llevar a cabo su tarea.

Aunque el caso sigue a consideración de los tribunales, no deja de ser cierto que en muchas ocasiones la falta de conocimiento, la impericia y el exceso de confianza han producido equivocaciones y pifias que han costado la salud y la tranquilidad y han mermado los recursos económicos de muchos pacientes que ponen sus esperanzas de recuperación en manos de cirujanos que carecen de una preparación sólida. En México no existen datos certeros sobre la cantidad de errores médicos que ocurren al año, pero si tomamos como referencia datos de 2014 en Alemania, donde ocurren alrededor de 19,000 casos, esta cifra, procedente del considerado sexto mejor país en cuanto a servicios de salud, puede dar una idea somera de cuál es el tamaño del problema en México (que, dicho sea de paso, no se halla entre los primeros 10), donde, según cálculos de expertos, sólo se reporta uno de cada 25 sucesos.

 

Errare humanum est

Esta sentencia latina (“equivocarse es de humanos”) no ha dejado ni dejará de ser un mal crónico de nuestra especie y bien puede aplicarse a las ciencia médica a lo largo de su desarrollo; incluso, en ocasiones, algunos errores tuvieron extraordinarias consecuencias, pues derivaron en grandes descubrimientos, como la penicilina o la radiactividad.

Si bien ya desde el año 500 a.C. Alcmeón de Crotona había establecido que se requería una “técnica” para revertir los procesos de desequilibrio corporales, hasta bien entrado el siglo XIX aún se consideraba que a lo que podía aspirar un médico era a “curar pocas veces, aliviar a menudo, y consolar siempre”. Serían los avances tecnológicos del siglo XX, sobre todo en el campo de la química del cuerpo, los que llevarían a la medicina a un grado más efectivo para resolver los estados de salud y no sólo paliarlos. Aún queda mucho por investigar en esta rama del conocimiento, pero es claro que la ciencia médica siempre ha sido ayudada por la voluntad del paciente para recuperarse de su enfermedad.

Muchos problemas de salud de los mexicanos comienzan por su falta de previsión y por su costumbre de acudir al doctor sólo cuando ya se sienten terriblemente mal. Por eso, la participación activa del paciente en el proceso de su curación y su alerta ante posibles malas prácticas es fundamental para contribuir a su restablecimiento.

Algunas recomendaciones básicas son: buscar una segunda opinión en los casos más graves, para tener una perspectiva más amplia del padecimiento o de la eventual cirugía; resolver, siempre y en cualquier circunstancia, las dudas sobre el tratamiento, la duración de éste y los efectos secundarios y riesgos que conlleve; asegurarse, en caso de una intervención quirúrgica, de la experiencia del médico, y, si es posible contactar a un paciente anterior para obtener referencias.

En asuntos de bienestar del cuerpo nunca estará de más pecar de curiosos. Es mejor que condolerse después por no haber detectado la enfermedad con anticipación.

Los principales errores

La medicina ha alcanzado un desarrollo en el que la improvisación de quienes la llevan a cabo ya no debería tener cabida. Por eso, siempre es indignante enterarse de acciones como el “olvido” de gasas en el vientre de un hombre sometido a cirugía intestinal, la desacertada amputación de extremidades debido a que se siguieron los datos registrados para otro enfermo o las criminales operaciones estéticas en que los “doctores” inyectan aceites para automóvil en glúteos y pechos.

Los errores pueden clasificarse en dos tipos: los que se cometen por el incumplimiento de los estándares básicos de la profesión, y que ocurren por omisión (un ejemplo, aunque no el más atroz, han sido los recientes e irritantes casos de mujeres parturientas que han dado a luz en los jardines o las salas de espera de hospitales públicos), y los que se deben a la impericia, en los cuales persiste la falta de conocimientos técnicos (como en los casos de cirugías plásticas o liposucciones malogradas de algunas figuras del espectáculo).

Entre los errores más frecuentes se hallan los siguientes:

1) Diagnóstico equivocado. La excesiva seguridad de algunos galenos al reconocer ciertos síntomas, aunado a la ausencia de estudios pertinentes, puede llevarlos a confundir la enfermedad, por lo que prescriben un tratamiento equivocado que, incluso, podría ser contraproducente.

2) Errores de medicación. No sólo se refiere a la prescripción equivocada de medicina, sino a la cantidad y a los tiempos en que debe ser administrada, así como a la prescripción inútil.

3) Infecciones adquiridas en el hospital. Debido al flujo de personas con muy diversos padecimientos, los hospitales deben mantener una limpieza constante. Es responsabilidad de quienes los dirigen y los usan cerciorarse de que los estándares de desinfección sean los óptimos.

4) Distracción, cansancio y problemas personales. En ocasiones, las intensas horas de trabajo, los contratiempos individuales o la fatiga pueden provocar un rendimiento errático de los médicos.

Los pacientes que sientan vulnerados sus derechos, deben acudir a cualquiera de las delegaciones estatales de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, donde podrán recibir información sobre cuál es el mejor camino para hacer efectiva su demanda.

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